Panamá
Sobre las herramientas y la evolución
- Arnulfo Arias Olivares
- /
- /
Creo que el hombre primero forjó las herramientas; pero que después las herramientas lo forjaron a él. En una parodia, parece como si el escultor hiciera una escultura y luego la escultura solo reconociera el cincel como su único padre y su dios. La modernidad no se avecina, sino que está aquí para quedarse. La vivimos diariamente, aunque de maneras muy distintas. Hay sociedades enteras que ya son casi codependientes de todo artefacto y tecnología eléctrica inimaginable. Sus celulares no abandonan la cuenca de la mano, sino que se han hecho una extensión de la misma; no piensan por sí mismos, sino que prefieren la comodidad plácida de pensar por medio de sus móviles; no se mueven de sus casas para adquirir algún producto, sino que lo piden a través de plataformas y lo reciben por medio de los drones. En ese proceso, solo intervienen a menudo quien ordena y quien empaca.
Los artefactos modernos van formando al hombre moderno. No es que la inteligencia artificial cobrará vida para dominar al hombre, sino que éste se hará tan dependiente de la misma que su vida quedaría sujeta involuntariamente a sus designios, a algoritmos, a los mensajes subliminales del consumismo. Conozco personas que aseguran que no pueden conducir sin Waze; que no pueden elegir un restaurante sin primero consultar las redes; que no pueden escribir algún correo sin someterlo al escrutinio del Chat GPT.
Elígenos como fuente preferida y accede más fácilmente a nuestras noticias cuando busques información en Google.
La roca y el garrote hicieron la primera transición del antepasado recolector hacia el cazador; el azadón hizo que el cazador dejara atrás el arco y flecha para convertirse luego en el agricultor; y, hoy en día, el celular podría hacer que el hombre pensador se convirtiera progresivamente en no pensante. Las herramientas, más que las experiencias, han formado en general lo que conocemos hoy como nuestra humanidad.
Se dice que la era moderna inició en el Siglo XVI, pero los cambios fundamentales en la conducta del hombre sobrevinieron en realidad con la era industrial, con el advenimiento del reloj de bolsillo, con la producción en serie, con el horario de trabajo, la máquina de vapor y los productos enlatados y, finalmente, con la bombilla incandescente y la electrificación urbana. Antes de ese tiempo, solo se comía cuando se tenía hambre, se dormía cuando era noche y se comprendían las estaciones como cambios naturales de la vida. Las aves han seguido su patrón de migración como lo hacían hace milenios; y nuestros ancestros cazadores y recolectores hicieron algo similar por miles de años también, hasta que sobrevino la reciente era agrícola.
Con ella nació también sin duda la familia, donde antes existía solo la tribu; y dios, donde antes existía solo el temor. Con la fertilidad del suelo y la cosecha, el hombre pasó del temor instintivo hacia la fe, creación reciente de la condición humana, si se toma en cuenta que la era agrícola se remonta solamente a unos 10,000 años y que la antiguedad del homo sapiens supera los 300,000 años. Es decir que la transformación de lo que fuimos a lo que somos hoy constituye una porción pequeña y muy reciente de la historia humana. No considero que la ausencia de escritura sea también usencia de la historia humana. El hombre existía ya antes de esos tiempos de alfabeto.
Lo que nuestros antepasados rupestres nos dejaron en los muros de cavernas, es tan nuestra como el alfabeto. Sin embargo, como he dicho antes, fueron esas herramientas forjadas por la imaginación las que marcaron ese hito entre la evolución de nuestra mente dentro de un cuerpo que hoy es igual al de nuestros antepasados. Por tanto, la llama de la idea flamea encendida en la vela de un homínido. Lo único que nos distancia de un orangután es la capacidad de imaginar aquello que no existe y concretarlo luego, para bien o para mal.

Para comentar debes registrarte y completar los datos generales.