Surge la propiedad privada en Rusia
Publicado 2002/07/26 23:00:00
Demostrando con hechos contundentes su decisión de transformar a fondo el sistema de propiedad colectivista del comunismo, el Presidente Vladimir Putin promulgó una ley que autoriza la propiedad privada de la tierra. Formalizando la medida, Putin puso en vigencia la ley sobre la compraventa de propiedades agrícolas, aprobada en junio por los diputados de la Duma (Cámara baja) y el 10 de julio por el Consejo de la Federación (Cámara alta).
La nueva ley autoriza la privatización de 406 millones de hectáreas, es decir, un 24% del territorio ruso. Cuando la revolución bolchevique de 1917 derrocó al gobierno menchevique, Vladimir Illitch Lenín y sus radicales asesores emprendieron una violenta colectivización que llegó al clímax bajo el régimen de Stalin a principios de los años 30, ordenó el encarcelamiento y el fusilamiento de los kulaks que se oponían a la eliminación del régimen de propiedad agraria. Uno de los objetivos fundamentales del comunismo soviético fue la abolición del sistema feudal que concentró en manos de los terratenientes el dominio de la propiedad agrícola.
Sin embargo, a pesar de las intenciones de los bolcheviques, muy pronto cayó la producción agrícola, provocando brechas en el abastecimiento alimenticio, sobre todo de trigo, en regiones como Ucrania, que fue el granero de Rusia. Después de la muerte de Stalin, la URSS se vio obligada a comprar trigo en Estados Unidos para afrontar grandes déficits de alimentos de origen agrícola, que desembocaron en hambrunas en varias regiones.
El mensaje de Mijail Gorbachov sobre el estado de la economía soviética, considerado el preámbulo a la caída del comunismo, subrayó las deficiencias de la agricultura colectivizada para atender las necesidades de la población. Sin embargo, Gorbachov no modificó la propiedad agrícola colectiva. Inclusive, el ex presidente ruso Boris Yeltsin tropezó en sus propósitos modernizadores con la oposición radical de los comunistas, agricultores y un gran número de responsables regionales, que calificaron el paso de la propiedad colectiva a la propiedad privada como una " venta de la patria". Yeltsin alcanzó a principios de los años 90 a distribuir formalmente la tierra a los empleados de los koljós y los sovjós y merced a ello, alrededor de 13 millones de personas pudieron adquirir una parcela de tierra.
La carencia de una ley federal determinó que varias regiones autorizaran la venta de tierras durante los últimos años, pero predominó la confusión y aún el caso debido a la falta de catastro ni de referencia de precio. Ante un panorama que iba a prolongar la debilidad de la producción, Putin tomó el reno por las astas y se propuso rescatar a un sector fundamental por sus implicancias sociales, pero que se pasea al borde del abismo desde la desaparición de la URSS. Cuando el equipo ministerial de Putin presentó las cifras desastrosas de la agricultura ganó terreno para las reformas.
El año pasado la cosecha de cereales logró aproximarse a los 85 millones de toneladas, pero aunque se registraron avances, la producción no revirtió la debilidad fundamental del sector. De hecho la competitividad no existe y como el Estado mide ahora sus recursos presupuestales, no se dispone de los capitales necesarios para renovar equipos, elevar la investigación, mejorar la calidad de las semillas, y así emprender la modernización del sector.
El Gabinete tiene que decidir, pero para hacerlo responsablemente debe disponer de los estudios efectuados por panameños del costo real de las diferentes alternativas por otras vías y se determine para las diferentes rutas sus costos reales para entonces bien documentados poder ponerle nosotros, nuestro peaje.
Este estudio debe tenerlo y recopilarlo la ACP y sus excelentes técnicos. Igualmente debe pronunciarse la SPIA, la Universidad de Panamá y sobre todo el pueblo panameño que es el dueño del Canal. Estamos en un momento histórico trascendental para superar nuestra economía.
La nueva ley autoriza la privatización de 406 millones de hectáreas, es decir, un 24% del territorio ruso. Cuando la revolución bolchevique de 1917 derrocó al gobierno menchevique, Vladimir Illitch Lenín y sus radicales asesores emprendieron una violenta colectivización que llegó al clímax bajo el régimen de Stalin a principios de los años 30, ordenó el encarcelamiento y el fusilamiento de los kulaks que se oponían a la eliminación del régimen de propiedad agraria. Uno de los objetivos fundamentales del comunismo soviético fue la abolición del sistema feudal que concentró en manos de los terratenientes el dominio de la propiedad agrícola.
Sin embargo, a pesar de las intenciones de los bolcheviques, muy pronto cayó la producción agrícola, provocando brechas en el abastecimiento alimenticio, sobre todo de trigo, en regiones como Ucrania, que fue el granero de Rusia. Después de la muerte de Stalin, la URSS se vio obligada a comprar trigo en Estados Unidos para afrontar grandes déficits de alimentos de origen agrícola, que desembocaron en hambrunas en varias regiones.
El mensaje de Mijail Gorbachov sobre el estado de la economía soviética, considerado el preámbulo a la caída del comunismo, subrayó las deficiencias de la agricultura colectivizada para atender las necesidades de la población. Sin embargo, Gorbachov no modificó la propiedad agrícola colectiva. Inclusive, el ex presidente ruso Boris Yeltsin tropezó en sus propósitos modernizadores con la oposición radical de los comunistas, agricultores y un gran número de responsables regionales, que calificaron el paso de la propiedad colectiva a la propiedad privada como una " venta de la patria". Yeltsin alcanzó a principios de los años 90 a distribuir formalmente la tierra a los empleados de los koljós y los sovjós y merced a ello, alrededor de 13 millones de personas pudieron adquirir una parcela de tierra.
La carencia de una ley federal determinó que varias regiones autorizaran la venta de tierras durante los últimos años, pero predominó la confusión y aún el caso debido a la falta de catastro ni de referencia de precio. Ante un panorama que iba a prolongar la debilidad de la producción, Putin tomó el reno por las astas y se propuso rescatar a un sector fundamental por sus implicancias sociales, pero que se pasea al borde del abismo desde la desaparición de la URSS. Cuando el equipo ministerial de Putin presentó las cifras desastrosas de la agricultura ganó terreno para las reformas.
El año pasado la cosecha de cereales logró aproximarse a los 85 millones de toneladas, pero aunque se registraron avances, la producción no revirtió la debilidad fundamental del sector. De hecho la competitividad no existe y como el Estado mide ahora sus recursos presupuestales, no se dispone de los capitales necesarios para renovar equipos, elevar la investigación, mejorar la calidad de las semillas, y así emprender la modernización del sector.
El Gabinete tiene que decidir, pero para hacerlo responsablemente debe disponer de los estudios efectuados por panameños del costo real de las diferentes alternativas por otras vías y se determine para las diferentes rutas sus costos reales para entonces bien documentados poder ponerle nosotros, nuestro peaje.
Este estudio debe tenerlo y recopilarlo la ACP y sus excelentes técnicos. Igualmente debe pronunciarse la SPIA, la Universidad de Panamá y sobre todo el pueblo panameño que es el dueño del Canal. Estamos en un momento histórico trascendental para superar nuestra economía.

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