Panamá
Manos indígenas impulsan el café panameño en medio de falta de mano de obra para la zafra
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La industria cafetalera en Panamá es una de las labores agrícolas que en cada zafra emplea a varios miles de personas.
Cerca de 10.000 personas migran cada año al distrito de Renacimiento para cosechar el café. Foto: EFE
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En las montañas del occidente panameño, donde nace uno de los cafés más cotizados del mundo, el trabajo de recolección del grano depende en su mayoría de manos indígenas Ngäbe Buglé, uno de los siete pueblos originarios de Panamá. Su labor combina tradición y cultura en un contexto marcado por la escasez de mano de obra.
Uno de los rostros de esta historia es Moisés Montezuma, considerado uno de los mejores tostadores de Panamá y el único juez nacional de café de origen Ngäbe Buglé, quien participa en la selección de los mejores lotes que entran a la competencia anual Best of Panama (BOP), evento internacional organizado por la Asociación de Cafés Especiales de Panamá (SCAP, por sus siglas en inglés).
Su trayectoria comenzó como recolector en la década de 1970, en fincas cafetaleras donde aprendió a reconocer el grano desde su origen. Hoy, con 50 años de experiencia, asegura que ama lo que hace y que el café transformó su vida.
"Empecé recolectando café en 1975. Tenía pasión por las cosas que hacía y una de ellas fue aprender a procesar el café, posteriormente a catarlo. Poco a poco me convertí en catador sin darme cuenta”, dijo a EFE Montezuma, quien asegura que primero fue prejuez y que en 2006 se convirtió en juez nacional de Panamá, como parte del equipo de especialistas en café de especialidad que tiene el país.
La industria cafetalera en Panamá es una de las labores agrícolas que en cada zafra emplea a varios miles de personas, la mayoría de la etnia Ngäbe Buglé. Llegan familias motivadas por la recolección del grano.
La zafra permite tener metas
Para Yamileth Pinto, una estudiante universitaria de Educación Física de 21 años, cada cosecha representa una oportunidad para continuar con su formación académica. Aprendió de su padre el oficio de recolectar café, pues cada año llegaba con su familia a la Hacienda La Esmeralda, la cuna del café más cotizado del mundo, para la zafra.
"Al culminar las clases, migro enseguida para la cosecha. Con esa cosecha me ayudo con el dinero que saco al final, me ayuda para estudiar. Hago un presupuesto para cada cosa. Cuando salí de sexto año, mi papá me dio esa idea y de allí saco el sustento para ayudarme en mis estudios", dijo a EFE.
La experiencia de Leopoldo Pinto Rodríguez refleja otra oportunidad del cafetal. Hace 35 años se inició como recolector y en las fincas aprendió un oficio que le dio estabilidad a lo largo de su vida. Fue uno de los trabajadores protagonistas de aquel primer lote que cambió la caficultura mundial, cuando el Geisha es llevado por primera vez a una mesa de cata internacional.
Hoy reconoce la diferencia entre las variedades de café, con solo probar la miel del grano, entre ellas, el Geisha, aquel grano que colocó a Panamá en la élite mundial por su innovador sabor y fragancia.
Para Leopoldo, el mayor logro no es haber sido parte de ese hito agrícola en la historia del café panameño en 2004, sino que sus hijos sean profesionales universitarios, algo que atribuye directamente al trabajo constante en este sector, como explica a EFE.
La movilidad también marca la vida de muchos trabajadores Ngäbe Buglé. Lucas Hernández comenzó a recolectar café a los 18 años junto a su madre. Recorrieron varias fincas panameñas y luego se desplazaron hasta Costa Rica siguiendo las cosechas.
“No es una tarea fácil, pero es gratificante”, afirma. Para él, este trabajo forma parte de la cultura de su pueblo, enclavado en el corazón de Panamá.
La falta de mano de obra para la zafra
Este trabajo se desarrolla en un contexto de creciente preocupación para el sector. Tanto el presidente de la SCAP, Ricardo Koyner, como el alcalde del distrito de Renacimiento, Quintín Pitti, coinciden en que Panamá enfrenta una escasez de mano de obra para la recolección del café.
Pitti aseguró a EFE que cerca de 10.000 personas migran cada año al distrito de Renacimiento para cosechar el café y muchos de ellos cruzan la frontera para Costa Rica, lo que pone en peligro la recolección que se inicia en septiembre en las zonas de menor altitud.
Mientras los productores buscan soluciones a la falta de recolectores, en los cafetales continúan las jornadas de trabajo de quienes, como Yamileth, Lucas, Leopoldo y Moisés, mantienen viva una tradición que combina esfuerzo, conocimiento y esperanza, grano a grano.

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