PANAMÁ
Evaluación clínica y apoyo escolar, claves en el manejo del TDAH
- Belys Toribio
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Sin tratamiento oportuno, aumenta el riesgo de ansiedad, depresión y fracaso escolar.
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Sin tratamiento oportuno, aumenta el riesgo de ansiedad, depresión y fracaso escolar.
Requieren adaptaciones en su entorno para favorecer su funcionamiento. Foto: Ilustrativa / Freepik
El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) se diagnostica con mayor frecuencia en los niños, se estima que aproximadamente dos o tres veces más que en las niñas e incluso no se manifiesta de la misma forma.
En el entorno escolar es común ver a niños activos, curiosos y distraídos ocasionalmente, lo cual forma parte de su desarrollo normal, sin embargo, cuando se trata del TDAH se observan patrones de inatención, hiperactividad e impulsividad, que son más intensos y frecuentes que en niños de las mismas edad y nivel de desarrollo.
Dificultad constante para mantener la atención, interrumpir o actuar sin pensar, levantarse continuamente del asiento y presentar problemas para organizar tareas o seguir instrucciones, son algunos de los comportamientos que pueden presentar los niños, aunque la clave está en si se mantienen en el tiempo (al menos seis meses), se manifiestan en más de un entorno (escuela y hogar) y afectan su rendimiento académico, social y emocional, explicó Anna Patricia Alessandría, gerente médico de psiquiatría de Adium Centroamérica & Caribe.
En los niños suele predominar la hiperactividad e impulsividad (lo que lo hace más evidente), mientras que en las niñas es más frecuente la inatención, la distracción o dificultades organizativas, lo que puede llevar a un subdiagnóstico.
"(…) No se trata de un niño 'inquieto' o 'malcriado', sino de un trastorno del neurodesarrollo que requiere comprensión y abordaje adecuado", dijo Alessandría, que añadió que, a largo plazo, si no se identifica y trata oportunamente puede tener un impacto significativo.
En la etapa escolar, la falta de atención puede provocar bajo rendimiento académico, dificultades en las relaciones sociales y problemas de autoestima. Durante el crecimiento, estos "desafíos" podrían evolucionar hacia un "mayor riesgo de comorbilidades" (como ansiedad, depresión, conductas de riesgo o dificultades en la regulación emocional), asimismo, también puede afectar el desarrollo de habilidades para la vida adulta (organización, la toma de decisiones y la estabilidad laboral).
Con una detección e intervención temprana se puede cambiar el curso de la vida del niño porque más que limitar, un diagnóstico abre las puertas para que desarrolle su máximo potencial, tanto en la infancia como en la vida adulta.'
Se trata de un trastorno del neurodesarrollo, no de un niño "malcriado" o simplemente inquieto. Requiere comprensión y abordaje adecuado.
El colegio es clave para observar al niño en un entorno estructurado y compararlo con sus pares.
Alessandría hace hincapié en que no todo comportamiento inquieto es TDAH. Se requiere una evaluación cuidadosa y el diagnóstico de este trastorno del neurodesarrollo es clínico, debe ser realizado por un profesional de la salud como un psiquiatra infantil o neuropediatra.
Para el diagnóstico se toma en consideración criterios clínicos establecidos (como los del DSM-5), incluyendo la presencia de al menos seis síntomas de inatención o hiperactividad impulsivas; duración de al menos seis meses, inicio antes de los 12 años e impacto funcional significativo.
La evaluación también incluye entrevistas con los padres o cuidadores, informes escolares, que son fundamentales para entender cómo se comporta el niño o la niña en el aula, escalas de evaluación conductual y estudiar otras condiciones que puedan explicar los síntomas.
"El colegio juega un rol clave, ya que permite observar al niño en un entorno estructurado y compararlo con sus pares", mencionó Alessandría.
Respecto al tratamiento, el manejo es integral y personalizado. La evidencia respalda que la combinación de intervenciones suelen ser más efectiva, por ejemplo, en niños en edad escolar, se recomienda la terapia conductual (incluyendo entrenamiento a padres), intervenciones en el entorno escolar (adaptaciones en el aula y apoyo pedagógico) y tratamiento farmacológico (se considera en mayores de seis años cuando los síntomas generan un impacto significativo y las intervenciones no farmacológicas no son suficientes por sí solas).
Es clave entender que un niño con TDAH no carece de capacidad, sino que necesita estrategias diferentes para aprender y desarrollarse. Más que "corregir", se trata de adaptar el entorno para favorecer su funcionamiento.
Ubicar al niño en un lugar con menos distractores, usar instrucciones claras y breves (apoyadas con ayudas visuales), dar retroalimentación positiva frecuente, establecer rutinas estructurales (horarios fijos para tareas, sueño y actividades) y mantener una comunicación constante con la escuela, son algunas estrategias que podrían impulsar el desarrollo de los niños con un diagnóstico con TDAH.
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