Hallazgos revelan más sobre la cultura azteca
Publicado 2005/08/27 23:00:00
- José Miguel DomÃnguez F.
El monolito es considerado un ejemplar representativo de la Fase Imperial de esa civilización debido a su iconografía.
RECIENTES hallazgos arqueológicos revelan el modo de vida de la civilización mexica, que floreció hace más de 600 años en Tenochtitlán, la antecesora prehispánica de Ciudad de México.
Expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) han descubierto en los últimos meses un monolito y enterramientos que reflejan la condición conquistadora del pueblo mexica, también conocido como azteca, donde los menores eran enviados a la línea de guerra.
Los hallazgos se han registrado principalmente en el Templo Mayor, en el centro histórico de Ciudad de México, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad, y en el legendario Bosque de Chapultepec, en el sur capitalino.
El monolito, que data de 500 años, fue descubierto por arqueólogos del INAH en pleno centro de la urbe, donde los líderes indígenas establecieron hace siglos sus sedes de gobierno y organizaron alianzas o irradiaron su influencia hacia los pueblos cercanos de Azcapotzalco y Texcoco.
La gran Tenochtitlán, con su índole expansiva y sus guerreros siempre listos a extraerle el corazón a sus enemigos, estaba separada de Azcapotzalco, Texcoco y otras localidades a través de un sistema lacustre, que se convirtió con el tiempo en activo ecológico y encanto turístico de la populosa Ciudad de México.
El monolito, de 600 kilos, que habría sido trabajado por escultores mexicas entre 1480 y 1520, fue descrito por los arqueólogos del INAH como una pieza de basalto que representa una biznaga, es decir, un cactus relacionado con los orígenes de la cultura mexica.
Esa pieza posiblemente sirvió como piedra de sacrificios humanos y al momento de su hallazgo estaba rodeada de toda clase de símbolos del urbanismo moderno: redes de telefonía, fibra óptica, cables subterráneos de energía eléctrica y comercios callejeros.
Los arqueólogos hallaron en julio pasado en los cimientos del Templo Mayor, construido en el siglo XIV y destruido en el XVI, la evidencia de que los indígenas ofrecían a sus dioses niños sacrificados y que los menores combatían en la línea de fuego de las guerras más feroces.
En la época de esplendor de la civilización mexicana, el sacrificio de niños se asociaba a las peticiones al dios Tláloc para que enviara la lluvia, aunque el hallazgo de julio contrasta con el resto de los depósitos rituales.
Una vez estén desenredadas cortaremos un tercio de estas empezando par las más gruesas, que sirven de soporte y a continuación las más finas que son las encargadas de aportar los nutrientes.
Después lo volveremos a ubicar en el tiesto al que antes le habremos colocado la rejilla de drenaje y pondremos un poco de tierra.
Con la ayuda de un palito intentaremos que no queden espacios vacíos.
Y por último lo regaremos e intentaremos espaciar los riegos pero sin dejar secar la tierra.
Además, la Asociación Bonsái de Panamá mostró algunos estilos de estos árboles, que llamaron la atención de todas las personas que visitaron la exposición de horticultura.
El arte del bonsái tiene varios años en nuestro país, por lo que diversas asociaciones se dedican a cultivar y trabajar sobre el bonsái.
Berta Herrera, una de las organizadoras del evento, explicó que los bonsái no son árboles pequeños, sino que los especialistas los amoldan para a estos diminutos tamaños.
En Panamá aunque no contamos con estos tipos de árboles, se está trabajando en el macano (árbol tropical) para adaptarlo al arte del bonsái.
Expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) han descubierto en los últimos meses un monolito y enterramientos que reflejan la condición conquistadora del pueblo mexica, también conocido como azteca, donde los menores eran enviados a la línea de guerra.
Los hallazgos se han registrado principalmente en el Templo Mayor, en el centro histórico de Ciudad de México, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad, y en el legendario Bosque de Chapultepec, en el sur capitalino.
El monolito, que data de 500 años, fue descubierto por arqueólogos del INAH en pleno centro de la urbe, donde los líderes indígenas establecieron hace siglos sus sedes de gobierno y organizaron alianzas o irradiaron su influencia hacia los pueblos cercanos de Azcapotzalco y Texcoco.
La gran Tenochtitlán, con su índole expansiva y sus guerreros siempre listos a extraerle el corazón a sus enemigos, estaba separada de Azcapotzalco, Texcoco y otras localidades a través de un sistema lacustre, que se convirtió con el tiempo en activo ecológico y encanto turístico de la populosa Ciudad de México.
El monolito, de 600 kilos, que habría sido trabajado por escultores mexicas entre 1480 y 1520, fue descrito por los arqueólogos del INAH como una pieza de basalto que representa una biznaga, es decir, un cactus relacionado con los orígenes de la cultura mexica.
Esa pieza posiblemente sirvió como piedra de sacrificios humanos y al momento de su hallazgo estaba rodeada de toda clase de símbolos del urbanismo moderno: redes de telefonía, fibra óptica, cables subterráneos de energía eléctrica y comercios callejeros.
Los arqueólogos hallaron en julio pasado en los cimientos del Templo Mayor, construido en el siglo XIV y destruido en el XVI, la evidencia de que los indígenas ofrecían a sus dioses niños sacrificados y que los menores combatían en la línea de fuego de las guerras más feroces.
En la época de esplendor de la civilización mexicana, el sacrificio de niños se asociaba a las peticiones al dios Tláloc para que enviara la lluvia, aunque el hallazgo de julio contrasta con el resto de los depósitos rituales.
Una vez estén desenredadas cortaremos un tercio de estas empezando par las más gruesas, que sirven de soporte y a continuación las más finas que son las encargadas de aportar los nutrientes.
Después lo volveremos a ubicar en el tiesto al que antes le habremos colocado la rejilla de drenaje y pondremos un poco de tierra.
Con la ayuda de un palito intentaremos que no queden espacios vacíos.
Y por último lo regaremos e intentaremos espaciar los riegos pero sin dejar secar la tierra.
Además, la Asociación Bonsái de Panamá mostró algunos estilos de estos árboles, que llamaron la atención de todas las personas que visitaron la exposición de horticultura.
El arte del bonsái tiene varios años en nuestro país, por lo que diversas asociaciones se dedican a cultivar y trabajar sobre el bonsái.
Berta Herrera, una de las organizadoras del evento, explicó que los bonsái no son árboles pequeños, sino que los especialistas los amoldan para a estos diminutos tamaños.
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