A la espera del dulce Redentor
La pedagogía de este signo representa la presencia del Señor en nuestro hogar.
La forma circular: Es para recordarnos que, Dios no tiene principio ni fin, reflejando su unidad y eternida. Recuerda nuestro amor a Dios y al prójimo el cual nunca debe de terminar.
Las ramas verdes: Verde es el color de esperanza y vida. Su verde color nos recuerda la vida de gracia, el crecimiento espiritual y la esperanza que debemos cultivar durante el Adviento.
Las cuatro velas: Representan los cuatro domingos de Adviento. Las tres primeras que se encienden son de color morado para recordarnos el espíritu de vigilia, penitencia y sacrificio que debemos preveer a la llegada de Cristo. La última es de color rosa o blanco y manifiesta la alegría del nacimiento del Señor. En algunos lugares las velas moradas son substituidas por rojas, que simbolizan el espíritu festivo de la reunión familiar. En otros, todas las velas se substituyen por velas rojas y en el centro se coloca una vela blanca o cirio que se enciende durante la Noche Buena, recordándonos que Cristo es la Luz del mundo. El brillo de la luz de esa vela blanca en Navidad recuerda la plenitud de los tiempos que se cumpla el advenimiento del señor, simbolizando a Cristo como centro de todo cuanto existe.
La Corona de Adviento se puede comprar en algún almacén o elaborar en familia con semillas de pinos, musgos, etc.
Se debe poner en un sitio especial en la casa.
Es conveniente fijar con anticipación el horario en el que se prenderán las velas. Así, con anticipación preparamos la visita de un invitado especial.
Es conveniente también distribuir las funciones entre los miembros de la familia de modo que todos participen.
Tener en cuenta que el lugar donde se coloque la corona esté limpio y arreglado
Esta tradición se puede llevar a cabo en familia o con otras familias y ofrecer una merienda sencilla después de encender las velas.
Corona de Adviento se remontan al siglo XVI, donde las costumbres pre-cristianas y protestantes de los alemanes, colectaban coronas de ramas verdes durante el frío y la oscuridad de diciembre y encendían fuegos como señal de esperanza en la venida de la primavera.
Ésta no representa una concesión al paganismo sino, un ejemplo de la cristianización de la cultura.

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