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Variedades / Rogelio Sinán, artesano dentro y fuera de las letras

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Rogelio Sinán, artesano dentro y fuera de las letras

Publicado 2007/04/22 23:00:00
  • Carlos Atencio-Atencio

El miércoles 25 de abril se cumplen 105 años del natalicio de Rogelio Sinán, por ese hecho se celebra el Día del Escritor Panameño.

LA habitación donde escribía Rogelio Sinán aún está como antes. Sus paredes están forradas de un material grueso que funciona como aislante para el ruido de los motores que cruzan por delante y por detrás de la casa.
También está una mesita de dimensiones pequeñísimas, si la comparamos con la figura que mostraba el escritor en las fotografías; sobre la mesita está su máquina de escribir, forrada con un cubre polvos y en las tres gavetas, que tiene a su derecha, hay objetos que usó a diario, una lupa para leer las letras pequeñas. En lo alto, unas efigies, una de éstas es de su primera esposa, quien era procedente de Italia.
Sinán se hizo lector desde muy pequeño porque sufría de un asma que no le permitía jugar con los otros niños. En esas estadías en casa se lió con la lectura, hábito que no dejó siquiera cuando perdió la vista, pasados los ochenta años, a causa de una operación en Cuba.
Más que nadie supo que su única forma de salir adelante con las letras era invirtiendo parte de ese salario en la compra de libros, que almacenaba en todos los rincones de la casa y que trataba con el cuidado como si tuviesen vida humana.
Luego de su bachillerato se fue a estudiar a Chile, porque su padre le había pedido que se licenciara en medicina, estudios que sólo cumplió los primeros años. Allí conoció a escritores como Gabriela Mistral, quienes le dieron luces de cómo se enrumbaba una carrera de estas.
Permaneció otro tiempo en las tierras sureñas, pero sin la ayuda monetaria de su padre, un cajero del Banco Nacional, que intentaba hacer de su hijo un médico.
De Chile saltó a Europa, a Italia, específicamente, tal cual lo harían en otros tiempos escritores del siglo XX como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar, por mencionar algunos. "No sé cómo se las arregló en Italia", se pregunta el hijo del escritor, tantos años después.
Escribiendo traducciones y textos varios, concluye Rogelio Sinán Domínguez, pudo ser cómo se mantuvo durante ese tiempo. El sabía que Europa le entregaba esa visión global que necesitaban los escritores para salir del regionalismo opaco.
Luego de esa experiencia, regresa a Panamá desde donde parte a México, ya con familia. Era padre de dos jóvenes que aún no habían terminado el bachillerato.
En México siguió trabajando y escribiendo. Sus hijos tuvieron que iniciar nuevamente los años cursados en Panamá porque no se reconocieron. Ya Sinán estaba sentado en las letras. Atrás quedaban esos momentos de sobresaltos económicos, como esos dos meses que decidió no hacer nada más que escribir para concursar en el premio Ricardo Miró.
Durante esos dos meses se hicieron malabares para cumplir con los pagos necesarios, hubo un espacio para las preces, y todas pidiendo el milagro: que el papá ganará el premio, necesitaban el dinero.
La suerte estuvo de su lado y ganó. Se acabaron las penas por unos meses. Cuando se terminó su trabajo en México regresó a trabajar como profesor. Sus hijos se quedaron estudiando allá, él les había encomendado, igual que hizo su padre, que estudiaran una carrera de peso, que nunca tomaran su camino, que aunque le gustaba más que todo en la vida no daba dinero suficiente para vivir.
Durante esos años enviaba una suma de cien dólares para los estudios de sus hijos.
Nunca se curó el asma. Para que el polvo y el papel de los libros no lo afectaran, utilizaba un trozo de trapo mojado con alcohol sobre la nariz.
Una lámpara que cuelga en el medio de la sala fue fabricada por sus manos, con una pieza de una lavadora en desuso y unas botellas de vino. Un recubrimiento de las paredes de la sala también fue trabajado por sus manos, que aparte de teclear, también unían cables y maderas y tapizaban muebles.
Sinán estuvo consciente de que Panamá era un territorio muy pequeño para poder vivir de los libros. En ocasiones buscó contactos para que sus obras salieran del país y que las leyeran en otras lenguas. No logró mucho terreno en este cometido. Pero este tropiezo nunca le quitó el impulso para escribir.
En sus obras, y con las herramientas de esos años, a principio de siglo XX, fue muy prolijo. Las correcciones las hacía cortando las palabras del papel con una hoja de una navaja y luego las unía.
Para la recreación de algunos de sus personajes se adelantó muchos años al personaje de Pedro Camacho de Vargas Llosa, en la novela "La tía Julia y el escribidor", quien para escribir sus radionovelas se disfrazaba según el personaje. Sinán, recreaba la locación en su casa y los objetos a describir.
En 1937, y durante dos años, fue nombrado cónsul general de Panamá en Calcuta. Fue director del Departamento de Bellas Artes de Panamá, de una compañía de teatro popular y de una Biblioteca Selecta, de la que se publicaron veinte números de cuentos.
Si prestaba un libro lo apuntaba en un cuaderno. Aprendió a empastar los libros más derrotados por el tiempo y las polillas.
A los noventa años y con problemas en la vista asistió al Festival de la Poesía en Cali, Colombia, acompañado de la escritora y amiga Moravia Ochoa.
"El maestro" tenía 90 años años, pero nunca pensaba en los años, comparte Ochoa, quien era una de las escritoras que él había adoptado para que le leyeran los diarios, revistas y libros porque ya no podía hacerlo por sí solo. "Le gustaba mucho que le leyera la novela Cien años de Soledad, de Gabriel García Márquez".
Sobre la obra de Sinán, Ochoa comenta que "La boina roja" es la novela corta más conocida, pero él cultivó varios géneros, destacándose más el cuento.
El siempre tenía una palabra afable para los que visitábamos, a los que se iniciaban en las letras les aconsejaba que tomaran la lectura como único medio para lograr mejores obras, agrega Ochoa.
Este año se publicarán dos obras de teatro inéditas que el escriba regaló a la Academia Panameña de la Lengua.
Por su vínculo con la lucha por la soberanía, la escritora cree injusto la difamación de que fue objeto el escritor luego del cambio de Gobierno, ello, por el sólo hecho de defender la soberanía.
En su honor, la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP) anuncia hoy lunes , a las 2:30 de la tarde el ganador del Premio de Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán 2006 -2007, que entrega al ganador un premio en efectivo de 4 mil balboas, además de la impresión de la obra.
Bernardo Domínguez Alba es considerado un exponente del realismo mágico. Él mostró su mejor cara a la vida hasta el último día de su muerte. Un día antes de esa partida, a los 92 años, se afeitó. Antes de su partida dejó algunas directrices. A su hijo le pidió le cremara. Donó parte de su biblioteca a dos instituciones públicas, el resto se conserva en su lugar de trabajo.
A sus ochenta años visitó Italia, pero no quiso ver a su primera esposa, porque no quería perder esa imagen que tuvo cuando jóvenes.
Dos años antes de morir, es decir, a sus noventa años, viajó a Colombia, esto demostraba otra pasión más que tuvo por las alturas y los paisajes extranjeros.
Es un adelantado a su época. Cuando describía un personaje, se apoderaba físicamente de éste. Si era un médico, se vestía como tal, igual de mendigo, u otro.
Fue arriesgado con su futuro, pero previsor con el de sus hijos. No quiso que experimentaran la difícil vida de un escritor. La edad nunca fue un obstáculo para crear, vivir y hacer.
Su primer carro lo compró por cien dólares, al tiempo vendió sólo las llantas en ese precio.
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