"Había que estar loco para hacer eso", dicen entendidos
Publicado 2002/07/24 23:00:00
- VÃctor Santos
Se llama Jesús. Tiene una hija a la que bautizó Milagros. Y anteayer, en Palermo, fue el protagonista de un hecho fuera de lo común, en el que pasó de lo más dramático a lo más sublime que tiene la profesión de jockey en poco más de un minuto y medio. Seguramente después de encomendarse a Dios y a la Virgen a la que es devoto.
Jesús Medina , de 26 años, fue el jinete de Robellón en la cuarta carrera de esa jornada. Una carrera que ganó sin tener el control completo de su monta, pues perdió la rienda izquierda (se soltó) y el caballo no dobló en el codo. Tras llegar a menos de un metro de la verja que bordea las tribunas, el zaino del stud La Pomme enderezó hacia la recta, alcanzó a sus rivales y se impuso por dos cuerpos y medio. Lo que pudo ser un accidente de consecuencias incalculables se convirtió en hazaña.
"Mirándolo fríamente, había que estar loco para hacer eso. Si pensaba en Milagros me tiraba de la silla... y si se vuelve a producir no dudaría en tirarme del caballo", explicó Medina a la Nación.
"Ya en el pique se desprendió la rienda izquierda y ahí nomás lo agarré de la cabezada. Hasta mitad del codo medianamente vine con la situación dominada, pero en cuanto cambió de mano, perdí prácticamente todo el dominio. Allí desestribé para desmontar y cuando enfiló para la verja lo único que pensé fue corregirle la línea con el látigo".
La tensión del recuerdo no le impide expresarse con palabras atinadas, sin arrebatarse. "Si me largaba pasaba del otro lado de la reja y si el caballo seguía como iba, también. Felizmente, Robellón respondió a su instinto y, para que yo pudiera respirar, dobló solo. Ese fue el peor momento."
Ya se había salvado, pero quedaba lo increíble: "En los 300 metros, pensé que podía ganar. Lo puse a correr y después de tanto susto lo hizo. Al cruzar el disco, disfruté la victoria. El miedo y la conciencia de la locura que cometí vino cuando observé la repetición por televisión y hasta ahora no encuentro explicación de por qué lo hice, si por el público o para defender la chance del caballo, pero sé que arriesgué mucho más de lo que debía".
Jesús Medina , de 26 años, fue el jinete de Robellón en la cuarta carrera de esa jornada. Una carrera que ganó sin tener el control completo de su monta, pues perdió la rienda izquierda (se soltó) y el caballo no dobló en el codo. Tras llegar a menos de un metro de la verja que bordea las tribunas, el zaino del stud La Pomme enderezó hacia la recta, alcanzó a sus rivales y se impuso por dos cuerpos y medio. Lo que pudo ser un accidente de consecuencias incalculables se convirtió en hazaña.
"Mirándolo fríamente, había que estar loco para hacer eso. Si pensaba en Milagros me tiraba de la silla... y si se vuelve a producir no dudaría en tirarme del caballo", explicó Medina a la Nación.
"Ya en el pique se desprendió la rienda izquierda y ahí nomás lo agarré de la cabezada. Hasta mitad del codo medianamente vine con la situación dominada, pero en cuanto cambió de mano, perdí prácticamente todo el dominio. Allí desestribé para desmontar y cuando enfiló para la verja lo único que pensé fue corregirle la línea con el látigo".
La tensión del recuerdo no le impide expresarse con palabras atinadas, sin arrebatarse. "Si me largaba pasaba del otro lado de la reja y si el caballo seguía como iba, también. Felizmente, Robellón respondió a su instinto y, para que yo pudiera respirar, dobló solo. Ese fue el peor momento."
Ya se había salvado, pero quedaba lo increíble: "En los 300 metros, pensé que podía ganar. Lo puse a correr y después de tanto susto lo hizo. Al cruzar el disco, disfruté la victoria. El miedo y la conciencia de la locura que cometí vino cuando observé la repetición por televisión y hasta ahora no encuentro explicación de por qué lo hice, si por el público o para defender la chance del caballo, pero sé que arriesgué mucho más de lo que debía".

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