Hilario Zapata, rumbo al Salón de la Fama
Publicado 2002/11/29 00:00:00
- Mayra Madrid/
Panamá podría colocar dentro de poco una estrella más en el firmamento del Salón de la Fama del Boxeo Internacional. Hilario Zapata Pérez es mencionado como uno de los púgiles para formar parte de esa institución que rinde tributo imperecedero a los inmortales del ring.
En ese memorable recinto ya se encuentran tres ilustres boxeadores nacionales como lo son Alfonso "Panamá" Brown, Eusebio Pedro e Ismael Laguna. "Yayo" Zapata cuenta con sobrados méritos para formar parte del ilustre Salón, localizado en Canastota de la ciudad de Nueva York
Según una reseña de los grandes campeones que ha tenido Panamá en el boxeo, redactada por nuestro compañero Joel González, este extraordinario boxeador nació el 19 de agosto de 1958. Sus 24 peleas de título mundial es una marca que ha entrado en el Guinnes de los récords deportivos. Su primer título fue el minimosca del CMB, lográndolo por decisión unánime el 24 de marzo de 1980 ante Shigeo Nakajima en Tokyo, Japón.
Zapata también fue otro de los campeones duraderos que tuvo Panamá, defendiendo en 8 ocasiones el campeonato de las 108 libras. El 6 de febrero de 1982, en Panamá, pierde el cetro frente a Amado Ursúa, quedando noqueado en el segundo round.
Zapata recupera el cetro perdido el 20 de julio de 1982 en Kanasawa, Japón, al vencer por decisión dividida a Tadashi Tomori. Hizo dos defensas y lo pierde el 25 de marzo de 1983 por nocaut en el tercer round en Corea, ante Jung Koo Chang.
El 5 de octubre de 1985 Zapata añade otro título a a su carrera: el mosca de la AMB, ante Alonso González por decisión unánime.
Efectuó cinco defensas y el 13 de febrero lo pierde por decisión en Barranquilla, Colombia, ante Fidel Bassa. Zapata intenta el 27 de febrero de 1993 capturar el título mundial supermosca del CMB, pero pierde por nocaut en el primer asalto ante Sunkil Moon. El boxeador panameño realizó en su exitosa carrera 54 pleitos, de los cuales ganó 43, perdió 10 y empató 1.
Su padre Hilario Zapata Rivas era ebanistero y en cierta ocasión fue contratado por el campeón Roberto Durán para que hiciera unos trabajos en su residencia. En una de las paredes de la casa de la "Leyenda del Boxeo" colgaban unos guantes amarillos.
Don Hilario le pidió al "Manos de Piedra" que le obsequiara los guantes para que "Yayo" los utilizara, pues a sus doce años ya tenía fama de peleón. Durán accedió a la petición de don Hilario y le regaló los guantes.
Con esos guantes inició su carrera para llegar a comvertirse en uno de los grandes del pugilato de Panamá y el mundo. Aunque Hilario no iba a practicar a los gimnasios, llegó a calzarse los guantes con varios de los boxeadores que por aquellos tiempos ya eran auténticos profesionales, entre ellos Negritillo Lozano.
Muchos recuerdan a un famoso personaje que en las funciones de boxeo voceaba: "maní, maní campeón". Ese señor le propuso al jovencito Zapata que le pagaba 25 centavos si peleaba con otro muchacho, lo que aceptó con agrado.
Al rato de concluir su encuentro, se acercó a ellos por el área de Calidonia, bajando hacia el Edificio Chesterfield, el boxeador Ulices Morales, ya curtido en las lides del boxeo. El vendedor de maní le propuso a Hilario que lo enfrentara por 50 centavos. En principio Zapata rechazó la oferta porque le temía a Morales, pero aceptó cuando la oferta subió a 1.00 un balboa. A pesar de las claras ventajas de Morales, Hilario le propinó una soberana paliza, por lo que éste le recomendó que se metiera a boxeador.
A inicios de los 70s Hilario Zapata empezó a ir a practicar a los gimnasios, aunque sin poco entusiasmo. Primero lo hizo en el antiguo Pascual Ciela González de El Marañón. Pero luego se mudó a Mateo Iturralde en San Miguelito a vivir con su abuela. Asistía a entrenar en el gimnasio Orlando Winter. En una ocasión se calzó los guantes y empezó a guantear con otro pupilo, pero de forma tan alocada y sin fundamento, que cuando concluyó la práctica el entrenador, de apellido Ardines le quitó los guantes y le dijo que se dedicara a otra cosa porque no servía para boxear. Volvió a Calidonia para prepararse en la cuadra del entrenador Quico Mosquera del Club Cincuentenario. Sin embargo, el entrenador no le prestaba mucha atención. Así es que pasó a practicar con un entrenador de nombre "Comején".
Su carrera como aficionado inició tan pronto se metió al gimnasio. Entre sus primeras peleas recuerda la que tuvo con un sobrino de Rigoberto Riasco al que reventó la nariz en la refriega. Fue seleccionado seis días después para representar la provincia de Panamá en los Guantes de Oro. Logró despachar a sus rivales sin mayores problemas. Durante su carrera como aficionado, Hilario Zapata llegó a disputar unas 125 peleas, enfrentando a boxeadores de gran calidad y arrojo. Uno de estos boxeadores fue Héctor Carrasquilla con quien establecería lazos de una entrañable amistad y quien después se convertiría para él en un gran soporte moral.
Hilario Zapata perdió por estrecho margen ante Héctor Carrasquilla, considerado como uno de los mejores de su tiempo. Por ello, los rumores sobre la gran pelea que Zapata había hecho con él llegó a oídos del promotor Luis Spada, quien había escuchado de sus buenas cualidades como peleador.
Don Luis bajó la loma que conduce al Orlando Winter para entrevistarse con el novel peleador que ya había realizado encomiables peleas. Desde ese momento, Hilario Zapata quedó bajo la égida del conocido promotor que después lo conduciría a conquistar tres coronas mundiales. De su relación como pupilo con Spada, Hilario Zapata siempre recuerda un pasaje en especial. Viajo a Costa Rica en 1977 acompañado por Ismael Laguna, sin permiso de su protector. En ese país intentaba debutar en el profesionalismo.
La pelea estaba pactada en las 108 libras, pero sólo pesaba 100. Como en aquel tiempo no había mayores exigencias para subir a la báscula, subió a la misma con un buzo en cuyos bolsillos había metido un par de piedras. "Como la pelea fue aceptaba, estaba listo para subir al ring, untado de vaselina y todo. Pero cuando subía la escalerilla me dijeron que bajara que la pela no iba", reseña el ex campeón.
El General Omar Torrijos había llamado a los organizadores de la función para que pararan el encuentro. Su anhelado estreno en el cuadrilátero llegó un 26 de noviembre ante César Becerra en la provincia de Colón, ante quien se impuso por nocaut en el tercer asalto. La pelea que se pacto a cuatro asaltos se pacto en las 112 libras. Zapata registró 113 libras.
Zapata considera su pleito más duro dentro del cuadrilátero el que sostuvo con Alberto Castro el 13 de septiembre de 1986 en el gimnasio Roberto Durán en la cuarta defensa de su cetro mosca de la AMB. Se impuso tras 15 agotadores asaltos por decisión dividida. Pero, para el gran campeón la pelea más dura de su vida fue la que libró para liberarse de la adicción a las drogas durante 21 años.
"Ahora soy un verdadero campeón, más que cuando me gané todos los títulos en el boxeo. He podido ganar porque prevaleció la ayuda de Dios. Y de verdaderos amigos como Héctor Carrasquilla que siempre ha creído en mi recuperación", sentencia Zapata.
Según el boxeador, el haber superado este problema quizás sea el mayor fundamento para ser incluido en el Salón de la Fama, pues puede servir como espejo para todos los que practican deportes o cualquiera persona que atraviese por el drama del consumo de drogas.
En ese memorable recinto ya se encuentran tres ilustres boxeadores nacionales como lo son Alfonso "Panamá" Brown, Eusebio Pedro e Ismael Laguna. "Yayo" Zapata cuenta con sobrados méritos para formar parte del ilustre Salón, localizado en Canastota de la ciudad de Nueva York
Según una reseña de los grandes campeones que ha tenido Panamá en el boxeo, redactada por nuestro compañero Joel González, este extraordinario boxeador nació el 19 de agosto de 1958. Sus 24 peleas de título mundial es una marca que ha entrado en el Guinnes de los récords deportivos. Su primer título fue el minimosca del CMB, lográndolo por decisión unánime el 24 de marzo de 1980 ante Shigeo Nakajima en Tokyo, Japón.
Zapata también fue otro de los campeones duraderos que tuvo Panamá, defendiendo en 8 ocasiones el campeonato de las 108 libras. El 6 de febrero de 1982, en Panamá, pierde el cetro frente a Amado Ursúa, quedando noqueado en el segundo round.
Zapata recupera el cetro perdido el 20 de julio de 1982 en Kanasawa, Japón, al vencer por decisión dividida a Tadashi Tomori. Hizo dos defensas y lo pierde el 25 de marzo de 1983 por nocaut en el tercer round en Corea, ante Jung Koo Chang.
El 5 de octubre de 1985 Zapata añade otro título a a su carrera: el mosca de la AMB, ante Alonso González por decisión unánime.
Efectuó cinco defensas y el 13 de febrero lo pierde por decisión en Barranquilla, Colombia, ante Fidel Bassa. Zapata intenta el 27 de febrero de 1993 capturar el título mundial supermosca del CMB, pero pierde por nocaut en el primer asalto ante Sunkil Moon. El boxeador panameño realizó en su exitosa carrera 54 pleitos, de los cuales ganó 43, perdió 10 y empató 1.
Su padre Hilario Zapata Rivas era ebanistero y en cierta ocasión fue contratado por el campeón Roberto Durán para que hiciera unos trabajos en su residencia. En una de las paredes de la casa de la "Leyenda del Boxeo" colgaban unos guantes amarillos.
Don Hilario le pidió al "Manos de Piedra" que le obsequiara los guantes para que "Yayo" los utilizara, pues a sus doce años ya tenía fama de peleón. Durán accedió a la petición de don Hilario y le regaló los guantes.
Con esos guantes inició su carrera para llegar a comvertirse en uno de los grandes del pugilato de Panamá y el mundo. Aunque Hilario no iba a practicar a los gimnasios, llegó a calzarse los guantes con varios de los boxeadores que por aquellos tiempos ya eran auténticos profesionales, entre ellos Negritillo Lozano.
Muchos recuerdan a un famoso personaje que en las funciones de boxeo voceaba: "maní, maní campeón". Ese señor le propuso al jovencito Zapata que le pagaba 25 centavos si peleaba con otro muchacho, lo que aceptó con agrado.
Al rato de concluir su encuentro, se acercó a ellos por el área de Calidonia, bajando hacia el Edificio Chesterfield, el boxeador Ulices Morales, ya curtido en las lides del boxeo. El vendedor de maní le propuso a Hilario que lo enfrentara por 50 centavos. En principio Zapata rechazó la oferta porque le temía a Morales, pero aceptó cuando la oferta subió a 1.00 un balboa. A pesar de las claras ventajas de Morales, Hilario le propinó una soberana paliza, por lo que éste le recomendó que se metiera a boxeador.
A inicios de los 70s Hilario Zapata empezó a ir a practicar a los gimnasios, aunque sin poco entusiasmo. Primero lo hizo en el antiguo Pascual Ciela González de El Marañón. Pero luego se mudó a Mateo Iturralde en San Miguelito a vivir con su abuela. Asistía a entrenar en el gimnasio Orlando Winter. En una ocasión se calzó los guantes y empezó a guantear con otro pupilo, pero de forma tan alocada y sin fundamento, que cuando concluyó la práctica el entrenador, de apellido Ardines le quitó los guantes y le dijo que se dedicara a otra cosa porque no servía para boxear. Volvió a Calidonia para prepararse en la cuadra del entrenador Quico Mosquera del Club Cincuentenario. Sin embargo, el entrenador no le prestaba mucha atención. Así es que pasó a practicar con un entrenador de nombre "Comején".
Su carrera como aficionado inició tan pronto se metió al gimnasio. Entre sus primeras peleas recuerda la que tuvo con un sobrino de Rigoberto Riasco al que reventó la nariz en la refriega. Fue seleccionado seis días después para representar la provincia de Panamá en los Guantes de Oro. Logró despachar a sus rivales sin mayores problemas. Durante su carrera como aficionado, Hilario Zapata llegó a disputar unas 125 peleas, enfrentando a boxeadores de gran calidad y arrojo. Uno de estos boxeadores fue Héctor Carrasquilla con quien establecería lazos de una entrañable amistad y quien después se convertiría para él en un gran soporte moral.
Hilario Zapata perdió por estrecho margen ante Héctor Carrasquilla, considerado como uno de los mejores de su tiempo. Por ello, los rumores sobre la gran pelea que Zapata había hecho con él llegó a oídos del promotor Luis Spada, quien había escuchado de sus buenas cualidades como peleador.
Don Luis bajó la loma que conduce al Orlando Winter para entrevistarse con el novel peleador que ya había realizado encomiables peleas. Desde ese momento, Hilario Zapata quedó bajo la égida del conocido promotor que después lo conduciría a conquistar tres coronas mundiales. De su relación como pupilo con Spada, Hilario Zapata siempre recuerda un pasaje en especial. Viajo a Costa Rica en 1977 acompañado por Ismael Laguna, sin permiso de su protector. En ese país intentaba debutar en el profesionalismo.
La pelea estaba pactada en las 108 libras, pero sólo pesaba 100. Como en aquel tiempo no había mayores exigencias para subir a la báscula, subió a la misma con un buzo en cuyos bolsillos había metido un par de piedras. "Como la pelea fue aceptaba, estaba listo para subir al ring, untado de vaselina y todo. Pero cuando subía la escalerilla me dijeron que bajara que la pela no iba", reseña el ex campeón.
El General Omar Torrijos había llamado a los organizadores de la función para que pararan el encuentro. Su anhelado estreno en el cuadrilátero llegó un 26 de noviembre ante César Becerra en la provincia de Colón, ante quien se impuso por nocaut en el tercer asalto. La pelea que se pacto a cuatro asaltos se pacto en las 112 libras. Zapata registró 113 libras.
Zapata considera su pleito más duro dentro del cuadrilátero el que sostuvo con Alberto Castro el 13 de septiembre de 1986 en el gimnasio Roberto Durán en la cuarta defensa de su cetro mosca de la AMB. Se impuso tras 15 agotadores asaltos por decisión dividida. Pero, para el gran campeón la pelea más dura de su vida fue la que libró para liberarse de la adicción a las drogas durante 21 años.
"Ahora soy un verdadero campeón, más que cuando me gané todos los títulos en el boxeo. He podido ganar porque prevaleció la ayuda de Dios. Y de verdaderos amigos como Héctor Carrasquilla que siempre ha creído en mi recuperación", sentencia Zapata.
Según el boxeador, el haber superado este problema quizás sea el mayor fundamento para ser incluido en el Salón de la Fama, pues puede servir como espejo para todos los que practican deportes o cualquiera persona que atraviese por el drama del consumo de drogas.

Para comentar debes registrarte y completar los datos generales.