Opinión
Panamá ante India: dos tiempos, dos realidades y un empate
- Juan Carlos Mas
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- jcamas@gmail.com/@monimas11
El reciente empate de Panamá 1-1 ante su similar de India dejó en el ambiente una sensación agridulce que va mucho más allá del simple resultado numérico. Si bien los partidos de preparación y las fechas FIFA son los escenarios idóneos para experimentar, probar nuevas piezas y oxigenar el plantel, el trámite del encuentro evidenció un sufrimiento innecesario y expuso costuras tácticas que no se pueden ignorar de cara al futuro competitivo.
La primera mitad del compromiso fue, sin paliativos, alarmantemente floja. El conjunto nacional saltó al terreno de juego con una apatía preocupante, careciendo por completo de ideas claras, intensidad en la marca y peso ofensivo. Claro está que el once inicial era inédito y, por consiguiente, al ser la primera vez que jugaban juntos, se puede apelar al justificativo del desconocimiento mutuo, el pánico escénico o el nerviosismo natural del debut en varios jugadores.
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De igual forma, lejos de imponer condiciones o asumir el protagonismo que su jerarquía exigía por ser una selección mundialista, Panamá permitió que el rival creciera, tomara las riendas del partido y se pusiera en ventaja con total justicia antes del descanso.
El primer tiempo fue un periodo para el olvido, donde el equipo inicial —conformado por Marcos de León, César Blackman (capitán), Jair Modelo, Eduardo Anderson, Joseph Jones, Víctor Griffith, Daivis Murillo, Giovany Herbert, Rafael Mosquera, Mijahir Jiménez y Tomás Rodríguez— lució inconexo, falto de ritmo, desconcertado tácticamente y carente de la ambición mínima necesaria para competir a nivel internacional.
Afortunadamente, el rostro del onceno cambió de forma radical en el complemento. Thomas Christiansen, visiblemente preocupado, movió el banco y la clave del repunte estuvo indiscutiblemente en la jerarquía, el temple y el peso específico que aportó el ingreso de los mundialistas. Con la frescura, el liderazgo y la experiencia de Londoño, Murillo y el desequilibrio de Carrasquilla, la Roja recuperó la brújula en la medular, se adueñó de la posesión, intensificó la presión y arrinconó al rival en su propio campo.
Esa notable mejoría y el asedio constante encontraron su merecido premio gracias a la oportuna anotación de Omar “Trucho” Valencia, quien coronó una gran segunda mitad donde el equipo al fin se pareció a sí mismo y mostró destellos de su verdadero potencial futbolístico.
Experimentar y dar minutos a nuevos valores es una tarea necesaria y obligatoria en todo proceso de renovación; sin embargo, regalar cuarenta y cinco minutos de desconcierto es un lujo sumamente peligroso. Las variantes funcionaron, pero lo hicieron a contrarreloj. Queda claro que las pruebas son bienvenidas, pero la exigencia, la concentración y el respeto por la camiseta no se negocian desde el pitazo inicial, sin importar el rival que se tenga enfrente.

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