Tres entierros y un nacimiento
Publicado 2007/04/14 23:00:00
- Modesto A. Tuñón F.
Un guionista redacta un texto que va a ser utilizado por los demás; por un director para construir una obra cinematográfica. Un escritor, desde su perspectiva y sus vivencias, crea una historia, afirma el prolífico autor y agrega que el primero hace un trabajo por encargo -quieren que hagas tal o cual cosa-, obedece órdenes; un escritor no trabaja para alguien, no concede, concilia.
Guillermo Arriaga es un escritor insatisfecho con su oficio. Ha escrito los guiones de varias películas exitosas internacionalmente, pero considera que él no es un guionista, sino un narrador y que su capacidad literaria está por encima de redactar los textos en que se basan cintas como Amores perros, 21 gramos, Babel o Los tres entierros de Melquíades Estrada .
Precisamente, esta última, dirigida por el actor Tommy Lee Jones, fue presentada en una función especial en el cine Magaly de San José, Costa Rica y contó con la asistencia del autor del guión para un diálogo con dos periodistas locales y el público. Además, la visita tenía como motivo la presentación en el Instituto México, de su libro El búfalo de la noche , que aparece bajo el sello de la editorial Norma.
Los josefinos abarrotaron las salas donde se presentaron la película y el libro para conocer a este literato mexicano cuyas ideas le han llevado a romper con su socio cinematográfico Alejandro González Iñárritu, director de tres de las cintas latinoamericanas que más distinciones -y dinero- han logrado en el mercado internacional.
Un guionista redacta un texto que va a ser utilizado por los demás; por un director para construir una obra cinematográfica. Un escritor, desde su perspectiva y sus vivencias, crea una historia, afirma el prolífico autor y agrega que el primero hace un trabajo por encargo -quieren que hagas tal o cual cosa-, obedece órdenes; un escritor no trabaja para alguien, no concede, concilia.
Escribir es para Arriaga como un juego creativo. Sus personajes por lo general, escapan a una noción racional. Por ese motivo, sus textos que originan las películas ya mencionadas, exponen casi con una crudeza patética, escenarios que surgen de la conflictiva relación de las personas, grupos y diferentes sectores de una sociedad agónica.
Nunca se debe esperar una respuesta lógica a la mentalidad y la acción de sus personajes. Cuando le pregunté por esto, me confió que le gusta llevarlos al borde del abismo a ver si se caen. Su idea me hizo comparar ese estilo con el de Stephen King, a lo que el escritor contestó categórico que no. Sus fuentes, dijo, son William Faulkner, Juan Rulfo y William Shakespeare por sus formas de explorar la conducta humana.
La cinta Los tres entierros de Melquíades Estrada alcanzó un éxito sin precedentes para un filme latinoamericano en el Festival de Cannes de 2005; allí obtuvo los premios al mejor guión (Arriaga) y actuación masculina (Tommy Lee Jones).
Quizás esta cinta expone en su planteamiento argumental el mejor ejemplo de ese distanciamiento que hace Arriaga entre el guionista y el escritor. Se siente una narración en ella que su director Jones traduce en imágenes sin prisa ni esquematismos.
Melquíades Estrada, original de un pueblo perdido en la serranía de Coahuila, México, cruza a Estados Unidos y busca trabajo en una finca ganadera. Un día, su cadáver es descubierto casi por accidente y el cuerpo, enterrado sin más en un cementerio público por su condición de ilegal.
Pero resulta que Melquíades había creado una buena relación con sus compañeros y en especial con Peter (Jones), quien descubre que su amigo fue asesinado por un agente de la Policía Fronteriza, recién llegado a este poblado en Texas.
Aunque la policía no coopera para esclarecer el crimen, Peter se propone dilucidar la defunción de su compañero, quien le había hablado de sus recuerdos más preciados en el pueblo natal y su deseo de regresar allí, luego de morir.
Peter acecha al agente, lo secuestra, lo obliga a desenterrar el cadáver e inician ambos un viaje hacia el pueblo de origen de Melquíades. Ellos atraviesan la frontera y sortean las peripecias para cumplir con esta promesa, hecha por el amigo norteamericano al difunto cuando éste aún vivía.
La secuencia dramática expone -salvo la del personaje de Jones- todas las historias de cada uno de los hombres y mujeres que forman este mundo narrativo. "Cada personaje tiene su propia independencia y yo no los toco, ellos se desenvuelven a sus anchas y según sus circunstancias", confirmó Arriaga cuando le pregunté sobre la diferencia de construcción del personaje del capataz, con relación a los otros.
El texto narrativo descubre a cada uno de los personajes y sus conflictos, la soledad, la incomunicación, el desarraigo. Un anciano ciego que vive en una antigua estación de gasolina atiende a la pareja con el cadáver de Melquíades y en ese breve período les ofrece comida y les cuenta su historia. Al final, al despedirse les pide que hagan algo para cerrar el círculo en que ronda su destino.
Al igual que en uno de los segmentos de Babel , una gran cantidad de situaciones que surgen en un territorio tan sórdido como la frontera común, se basa en la irrealidad de las paradojas. Aquí resulta que la esposa del agente, era amante del muerto; que una de las inmigrantes descubierta por el policía fronterizo, luego se convertirá en su enfermera; la muerte de Melquíades es producto de una confusión de disparos.
Los tres entierros de Melquíades son la más grande de las paradojas de este texto narrativo, convertido en filme y llevado de la mano por Jones. El realizador debe navegar en unas procelosas arenas para reconstruir los capítulos de las vidas de los personajes a cada minuto del desarrollo de esta saga en un territorio inestable, pero donde queda espacio para las relaciones humanas más sinceras.
El relato no lleva necesariamente un orden lineal. Arriaga no suele seguir el camino de la lógica y piensa que la gente describe a partir de cómo le ha afectado un fenómeno; es más natural. Los acontecimientos en esta cinta se unen alrededor de tres entierros que tiene Melquíades: ellos inician y cierran el ciclo narrativo.
Arriaga es autor de varias novelas y libros de cuentos, publicados antes de ser conocido por los títulos de los filmes. En 1991 escribió Escuadrón Guillotina , luego Un dulce olor a muerte en 1994 y El búfalo de la noche en 1999. También publicó el libro de cuentos Retorno 201 en 2003.
La presentación de una nueva edición El búfalo de la noche hace unos días ante el público costarricense es como un reencuentro con la faceta literaria del autor. Esa noche dijo que "antes de escribir cualquier película, escribí libros de cuento y novelas". Aquí rescató la función del narrador y se consideró como un individuo que venera la palabra escrita.
En esta novela el autor trabaja sobre la violencia que embarga al individuo y reconoció que ella termina por afectar la vida de un escritor. En el argumento se cuenta la historia de tres personajes jóvenes, Gregorio, un maníaco depresivo que se suicida y en su acto, afecta a sus dos mejores amigos, a Tania su ex novia y Manuel, quien es el único que lo comprende y con quien ella tiene ahora una relación.
El mundo de los jóvenes está lleno de una serie de fantasmas creados en su relación con la realidad, que surge de sus mitos y sus creencias. El triángulo pasional bordea la locura en esta novela, en el escenario de la capital mexicana. La muerte de su protagonista no cierra un círculo, sino que incrementa la contaminación moral entre quienes tuvieron un ápice de amistad con el suicida.
En un fragmento afirma el protagonista: "Ya había perdido a Tania, a mi mejor amigo, a mi mejor enemigo. Me había perdido a mí mismo. ¿Qué ganaba Gregorio escupiéndomelo así? ¿Qué demonios ganaba?"
La novela recoge una visión actual de los mismos conflictos que sirvieron de contexto a la generación de escritores latinoamericanos de la última mitad del siglo XX, pero su imagen es más fresca, aunque se sumerja en un mundo caótico en pleno proceso de transformación o sea el resultado de la cambiante realidad de las últimas décadas de la centuria.
Por esa razón Arriaga reclamó que los centros educativos deben ahora incluir a estos autores en los programas; "ahora somos otros y nos gustaría ser leídos por los estudiantes de literatura".
Arriaga entierra una relación con el director González, entierra el concepto del guionista y rescata su origen como narrador. Lo fundamental es negar el esquematismo y dar rienda suelta a la imaginación.
Esta es una visión más actual, menos comprometida con las ataduras de las propuestas de los clásicos; que da un mayor aire a las plataformas sobre las que se basa la literatura y el cine; que obliga a rescatar la esencia y el espíritu de la narración.
Precisamente, esta última, dirigida por el actor Tommy Lee Jones, fue presentada en una función especial en el cine Magaly de San José, Costa Rica y contó con la asistencia del autor del guión para un diálogo con dos periodistas locales y el público. Además, la visita tenía como motivo la presentación en el Instituto México, de su libro El búfalo de la noche , que aparece bajo el sello de la editorial Norma.
Los josefinos abarrotaron las salas donde se presentaron la película y el libro para conocer a este literato mexicano cuyas ideas le han llevado a romper con su socio cinematográfico Alejandro González Iñárritu, director de tres de las cintas latinoamericanas que más distinciones -y dinero- han logrado en el mercado internacional.
Un guionista redacta un texto que va a ser utilizado por los demás; por un director para construir una obra cinematográfica. Un escritor, desde su perspectiva y sus vivencias, crea una historia, afirma el prolífico autor y agrega que el primero hace un trabajo por encargo -quieren que hagas tal o cual cosa-, obedece órdenes; un escritor no trabaja para alguien, no concede, concilia.
Escribir es para Arriaga como un juego creativo. Sus personajes por lo general, escapan a una noción racional. Por ese motivo, sus textos que originan las películas ya mencionadas, exponen casi con una crudeza patética, escenarios que surgen de la conflictiva relación de las personas, grupos y diferentes sectores de una sociedad agónica.
Nunca se debe esperar una respuesta lógica a la mentalidad y la acción de sus personajes. Cuando le pregunté por esto, me confió que le gusta llevarlos al borde del abismo a ver si se caen. Su idea me hizo comparar ese estilo con el de Stephen King, a lo que el escritor contestó categórico que no. Sus fuentes, dijo, son William Faulkner, Juan Rulfo y William Shakespeare por sus formas de explorar la conducta humana.
La cinta Los tres entierros de Melquíades Estrada alcanzó un éxito sin precedentes para un filme latinoamericano en el Festival de Cannes de 2005; allí obtuvo los premios al mejor guión (Arriaga) y actuación masculina (Tommy Lee Jones).
Quizás esta cinta expone en su planteamiento argumental el mejor ejemplo de ese distanciamiento que hace Arriaga entre el guionista y el escritor. Se siente una narración en ella que su director Jones traduce en imágenes sin prisa ni esquematismos.
Melquíades Estrada, original de un pueblo perdido en la serranía de Coahuila, México, cruza a Estados Unidos y busca trabajo en una finca ganadera. Un día, su cadáver es descubierto casi por accidente y el cuerpo, enterrado sin más en un cementerio público por su condición de ilegal.
Pero resulta que Melquíades había creado una buena relación con sus compañeros y en especial con Peter (Jones), quien descubre que su amigo fue asesinado por un agente de la Policía Fronteriza, recién llegado a este poblado en Texas.
Aunque la policía no coopera para esclarecer el crimen, Peter se propone dilucidar la defunción de su compañero, quien le había hablado de sus recuerdos más preciados en el pueblo natal y su deseo de regresar allí, luego de morir.
Peter acecha al agente, lo secuestra, lo obliga a desenterrar el cadáver e inician ambos un viaje hacia el pueblo de origen de Melquíades. Ellos atraviesan la frontera y sortean las peripecias para cumplir con esta promesa, hecha por el amigo norteamericano al difunto cuando éste aún vivía.
La secuencia dramática expone -salvo la del personaje de Jones- todas las historias de cada uno de los hombres y mujeres que forman este mundo narrativo. "Cada personaje tiene su propia independencia y yo no los toco, ellos se desenvuelven a sus anchas y según sus circunstancias", confirmó Arriaga cuando le pregunté sobre la diferencia de construcción del personaje del capataz, con relación a los otros.
El texto narrativo descubre a cada uno de los personajes y sus conflictos, la soledad, la incomunicación, el desarraigo. Un anciano ciego que vive en una antigua estación de gasolina atiende a la pareja con el cadáver de Melquíades y en ese breve período les ofrece comida y les cuenta su historia. Al final, al despedirse les pide que hagan algo para cerrar el círculo en que ronda su destino.
Al igual que en uno de los segmentos de Babel , una gran cantidad de situaciones que surgen en un territorio tan sórdido como la frontera común, se basa en la irrealidad de las paradojas. Aquí resulta que la esposa del agente, era amante del muerto; que una de las inmigrantes descubierta por el policía fronterizo, luego se convertirá en su enfermera; la muerte de Melquíades es producto de una confusión de disparos.
Los tres entierros de Melquíades son la más grande de las paradojas de este texto narrativo, convertido en filme y llevado de la mano por Jones. El realizador debe navegar en unas procelosas arenas para reconstruir los capítulos de las vidas de los personajes a cada minuto del desarrollo de esta saga en un territorio inestable, pero donde queda espacio para las relaciones humanas más sinceras.
El relato no lleva necesariamente un orden lineal. Arriaga no suele seguir el camino de la lógica y piensa que la gente describe a partir de cómo le ha afectado un fenómeno; es más natural. Los acontecimientos en esta cinta se unen alrededor de tres entierros que tiene Melquíades: ellos inician y cierran el ciclo narrativo.
Arriaga es autor de varias novelas y libros de cuentos, publicados antes de ser conocido por los títulos de los filmes. En 1991 escribió Escuadrón Guillotina , luego Un dulce olor a muerte en 1994 y El búfalo de la noche en 1999. También publicó el libro de cuentos Retorno 201 en 2003.
La presentación de una nueva edición El búfalo de la noche hace unos días ante el público costarricense es como un reencuentro con la faceta literaria del autor. Esa noche dijo que "antes de escribir cualquier película, escribí libros de cuento y novelas". Aquí rescató la función del narrador y se consideró como un individuo que venera la palabra escrita.
En esta novela el autor trabaja sobre la violencia que embarga al individuo y reconoció que ella termina por afectar la vida de un escritor. En el argumento se cuenta la historia de tres personajes jóvenes, Gregorio, un maníaco depresivo que se suicida y en su acto, afecta a sus dos mejores amigos, a Tania su ex novia y Manuel, quien es el único que lo comprende y con quien ella tiene ahora una relación.
El mundo de los jóvenes está lleno de una serie de fantasmas creados en su relación con la realidad, que surge de sus mitos y sus creencias. El triángulo pasional bordea la locura en esta novela, en el escenario de la capital mexicana. La muerte de su protagonista no cierra un círculo, sino que incrementa la contaminación moral entre quienes tuvieron un ápice de amistad con el suicida.
En un fragmento afirma el protagonista: "Ya había perdido a Tania, a mi mejor amigo, a mi mejor enemigo. Me había perdido a mí mismo. ¿Qué ganaba Gregorio escupiéndomelo así? ¿Qué demonios ganaba?"
La novela recoge una visión actual de los mismos conflictos que sirvieron de contexto a la generación de escritores latinoamericanos de la última mitad del siglo XX, pero su imagen es más fresca, aunque se sumerja en un mundo caótico en pleno proceso de transformación o sea el resultado de la cambiante realidad de las últimas décadas de la centuria.
Por esa razón Arriaga reclamó que los centros educativos deben ahora incluir a estos autores en los programas; "ahora somos otros y nos gustaría ser leídos por los estudiantes de literatura".
Arriaga entierra una relación con el director González, entierra el concepto del guionista y rescata su origen como narrador. Lo fundamental es negar el esquematismo y dar rienda suelta a la imaginación.
Esta es una visión más actual, menos comprometida con las ataduras de las propuestas de los clásicos; que da un mayor aire a las plataformas sobre las que se basa la literatura y el cine; que obliga a rescatar la esencia y el espíritu de la narración.

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