El oro recupera brillo y precio
Publicado 2003/01/13 00:00:00
- Redacción
Durante muchos años, en Wall Street, comprar oro era considerado casi como una inversión perdida, un resabio del pasado que poco tenía que ver con la sofisticación del mercado de valores y las suculentas ganancias de las bolsas.
Pero el aumento de la tensión a nivel internacional, la baja consecutiva por tres años de las bolsas y la constante caída del dólar, han hecho que muchos vuelvan a encontrar sentido en invertir en un metal que por 5,000 años ha sido sinónimo de riqueza.
Durante 2002, y mientras el principal indicador de la bolsa de Wall Street, el Dow Jones Industriales, perdió un 16 por ciento, el oro ganó un 20 por ciento, y se negocia en los primeros días de 2003 sobre los 350 dólares la onza, su valor más alto en cinco años.
Quienes siempre han defendido la compra del oro como una buena forma de acumular riqueza, argumentan que el valor del metal no debería ceder en el año próximo, sino todo lo contrario.
El oro es visto como una de las inversiones más seguras, tal vez la más segura de todas, por encima incluso de los bonos o títulos de deuda de gobiernos.
Por eso, cada vez que vientos de guerra soplan sobre Wall Street, como ocurre ahora con la posibilidad de una guerra en Irak y las tensiones crecientes con Corea del Norte, más y más inversores dedican mayor atención al mercado de este metal precioso y preciado.
Para los analistas del mercado de metales, la amenaza de guerra no es la única causa del aumento del oro, y ni siquiera es la más importante, al menos no directamente, sino la brusca baja en el valor del dólar.
La caída del dólar se explica en parte por el temor de una guerra de EEUU con Irak o Corea del Norte, y también por las mediocres perspectivas de la mayor economía del mundo, su alto déficit de cuenta corriente y el fuerte aumento en la oferta monetaria, o la cantidad de dinero impreso en los EEUU.
Se estima que los EEUU necesitan cada día cubrir un déficit de cuenta corriente de cerca de 1,600 millones de dólares, lo que hace que se impriman más y más billetes verdes que inundan el mercado en momentos en que la confianza sobre el rendimiento de la economía y de la estabilidad de las cuentas fiscales no es de las mejores.
Es así que muchos inversores extranjeros han volcado su interés hacia el euro y hacia el oro, particularmente en partes del orbe donde el metal precioso es visto como una garantía de riqueza y estabilidad, como Asia y el Medio Oriente.
Junto con estos factores de corto plazo, los expertos en el oro argumentan que hay otros factores propios del mercado del metal precioso que permiten prever alzas en su valor futuro.
El más importante de ellos es la actividad que han tenido en los últimos años los negociadores del mercado (los "bullion banks", como se les conoce en la jerga de las bolsas de metales), que han pedido oro a préstamo a los bancos centrales de distintos países para "vender a corto".
Esta "venta a corto" implica pedir un activo a préstamo, con el compromiso de devolverlo en un período determinado con cierto interés. Por ejemplo, pedirle a un banco central una onza de oro para después devolverle 1.05 onzas (o sea cual sea el interés acordado).
Si en ese período el precio del oro cae, el "bullion bank" devolverá cierta cantidad de oro comprada a un precio menor al que se vendió el metal cedido en préstamo, tomando así una ganancia.
Pero como el valor del oro ha ido al alza, son muchísimas las operaciones de "venta en corto" que aún no se han finiquitado, es decir, hay mucho oro que los "bullion banks" aún no han devuelto a los bancos centrales.
Se estima que esta cantidad de oro suma hoy en día entre 10,000 y 17,000 toneladas, el equivalente a la producción total de oro de las minas de todo el mundo de 5 a 7 años.
Por eso, explican los expertos, cuando estos "bullion banks" comiencen a comprar para cubrir sus posiciones se debería producir un nuevo empujón en el valor del oro y aumente la "fiebre" que parece provocar estos días.
Pero el aumento de la tensión a nivel internacional, la baja consecutiva por tres años de las bolsas y la constante caída del dólar, han hecho que muchos vuelvan a encontrar sentido en invertir en un metal que por 5,000 años ha sido sinónimo de riqueza.
Durante 2002, y mientras el principal indicador de la bolsa de Wall Street, el Dow Jones Industriales, perdió un 16 por ciento, el oro ganó un 20 por ciento, y se negocia en los primeros días de 2003 sobre los 350 dólares la onza, su valor más alto en cinco años.
Quienes siempre han defendido la compra del oro como una buena forma de acumular riqueza, argumentan que el valor del metal no debería ceder en el año próximo, sino todo lo contrario.
El oro es visto como una de las inversiones más seguras, tal vez la más segura de todas, por encima incluso de los bonos o títulos de deuda de gobiernos.
Por eso, cada vez que vientos de guerra soplan sobre Wall Street, como ocurre ahora con la posibilidad de una guerra en Irak y las tensiones crecientes con Corea del Norte, más y más inversores dedican mayor atención al mercado de este metal precioso y preciado.
Para los analistas del mercado de metales, la amenaza de guerra no es la única causa del aumento del oro, y ni siquiera es la más importante, al menos no directamente, sino la brusca baja en el valor del dólar.
La caída del dólar se explica en parte por el temor de una guerra de EEUU con Irak o Corea del Norte, y también por las mediocres perspectivas de la mayor economía del mundo, su alto déficit de cuenta corriente y el fuerte aumento en la oferta monetaria, o la cantidad de dinero impreso en los EEUU.
Se estima que los EEUU necesitan cada día cubrir un déficit de cuenta corriente de cerca de 1,600 millones de dólares, lo que hace que se impriman más y más billetes verdes que inundan el mercado en momentos en que la confianza sobre el rendimiento de la economía y de la estabilidad de las cuentas fiscales no es de las mejores.
Es así que muchos inversores extranjeros han volcado su interés hacia el euro y hacia el oro, particularmente en partes del orbe donde el metal precioso es visto como una garantía de riqueza y estabilidad, como Asia y el Medio Oriente.
Junto con estos factores de corto plazo, los expertos en el oro argumentan que hay otros factores propios del mercado del metal precioso que permiten prever alzas en su valor futuro.
El más importante de ellos es la actividad que han tenido en los últimos años los negociadores del mercado (los "bullion banks", como se les conoce en la jerga de las bolsas de metales), que han pedido oro a préstamo a los bancos centrales de distintos países para "vender a corto".
Esta "venta a corto" implica pedir un activo a préstamo, con el compromiso de devolverlo en un período determinado con cierto interés. Por ejemplo, pedirle a un banco central una onza de oro para después devolverle 1.05 onzas (o sea cual sea el interés acordado).
Si en ese período el precio del oro cae, el "bullion bank" devolverá cierta cantidad de oro comprada a un precio menor al que se vendió el metal cedido en préstamo, tomando así una ganancia.
Pero como el valor del oro ha ido al alza, son muchísimas las operaciones de "venta en corto" que aún no se han finiquitado, es decir, hay mucho oro que los "bullion banks" aún no han devuelto a los bancos centrales.
Se estima que esta cantidad de oro suma hoy en día entre 10,000 y 17,000 toneladas, el equivalente a la producción total de oro de las minas de todo el mundo de 5 a 7 años.
Por eso, explican los expertos, cuando estos "bullion banks" comiencen a comprar para cubrir sus posiciones se debería producir un nuevo empujón en el valor del oro y aumente la "fiebre" que parece provocar estos días.

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