Presionan para contener invasión de ropa china
Publicado 2004/10/15 23:00:00
- REDACCIÓN
Los productores textiles de gran parte del mundo están atemorizados porque el 1 de enero vencen las cuotas a la exportación de ropa y han aumentado la presión a sus gobiernos para que contengan una previsible invasión de tejidos chinos.
Con las próximas doce campanadas de fin de año se desvanecerán cuarenta años de cuotas textiles y los cambios en el mercado de la confección serán radicales, con efectos inmediatos en las exportaciones de América Latina a países desarrollados.
La Organización Mundial de Comercio (OMC), que decidió en septiembre suprimir las cuotas textiles, calcula que tras la eliminación de las restricciones China acaparará 50% del mayor mercado de ropa del mundo, el estadounidense, comparado con el 16% actual.
En la Unión Europea, su cuota de mercado saltará del 18% al 29%, según estos cálculos, mientras que las importaciones indias también crecerán, aunque en menor medida.
Esta perspectiva espanta tanto a los fabricantes nacionales como a los de otros países cuyos productos previsiblemente se verán desplazados, como México, los de América Central y el Caribe, Bangladesh y Nepal.
En EU, el gobierno del republicano George W. Bush está bajo intensa presión para imponer aranceles especiales que impidan que el mercado se inunde de confecciones chinas a partir del 1 de enero.
La última vuelta de tuerca llegó el martes pasado, cuando seis asociaciones de productores textiles y un sindicato pidieron al Departamento de Comercio de EU que limite la entrada de pantalones, camisas, sábanas y otros productos chinos, unas compras que en 2003 ascendieron a $1.960 millones.
Karl Spilhaus, presidente de la Asociación Textil Nacional de EU, denunció que la industria china recibe "subsidios ilegales" del Estado, como un tipo de cambio artificialmente bajo, préstamos favorables y ayudas a la exportación, así como servicios, terrenos e instalaciones gratis o a bajo costo. El Gobierno de EU había expresado sus dudas sobre la posibilidad de tomar medidas preventivas, basadas en la "amenaza" china, pero luego ha dado marcha atrás, sin duda influido por la proximidad de las elecciones presidenciales del 2 de noviembre. De su resultado dependerá la actitud de la Casa Blanca respecto a Pekín, a juicio de Sherman Katz, un experto en comercio independiente.
Con las próximas doce campanadas de fin de año se desvanecerán cuarenta años de cuotas textiles y los cambios en el mercado de la confección serán radicales, con efectos inmediatos en las exportaciones de América Latina a países desarrollados.
La Organización Mundial de Comercio (OMC), que decidió en septiembre suprimir las cuotas textiles, calcula que tras la eliminación de las restricciones China acaparará 50% del mayor mercado de ropa del mundo, el estadounidense, comparado con el 16% actual.
En la Unión Europea, su cuota de mercado saltará del 18% al 29%, según estos cálculos, mientras que las importaciones indias también crecerán, aunque en menor medida.
Esta perspectiva espanta tanto a los fabricantes nacionales como a los de otros países cuyos productos previsiblemente se verán desplazados, como México, los de América Central y el Caribe, Bangladesh y Nepal.
En EU, el gobierno del republicano George W. Bush está bajo intensa presión para imponer aranceles especiales que impidan que el mercado se inunde de confecciones chinas a partir del 1 de enero.
La última vuelta de tuerca llegó el martes pasado, cuando seis asociaciones de productores textiles y un sindicato pidieron al Departamento de Comercio de EU que limite la entrada de pantalones, camisas, sábanas y otros productos chinos, unas compras que en 2003 ascendieron a $1.960 millones.
Karl Spilhaus, presidente de la Asociación Textil Nacional de EU, denunció que la industria china recibe "subsidios ilegales" del Estado, como un tipo de cambio artificialmente bajo, préstamos favorables y ayudas a la exportación, así como servicios, terrenos e instalaciones gratis o a bajo costo. El Gobierno de EU había expresado sus dudas sobre la posibilidad de tomar medidas preventivas, basadas en la "amenaza" china, pero luego ha dado marcha atrás, sin duda influido por la proximidad de las elecciones presidenciales del 2 de noviembre. De su resultado dependerá la actitud de la Casa Blanca respecto a Pekín, a juicio de Sherman Katz, un experto en comercio independiente.

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