Cómo es vivir con un dolor agobiante que no desaparece
- Tomado de Internet
En el mundo laboral, las ausencias o incapacidades por dolor generan millones de dólares en pérdidas para los empleadores, además de un gran gasto en visitas al médico y en analgésicos.
El dolor, en particular el que no cesa, cambia a una persona. Y muy rara vez para bien. La reacción inicial al dolor serio suele ser el miedo: ¿qué es lo que tengo? ¿Es curable? Pero el dolor que no logra responder al tratamiento da paso a la ansiedad, la depresión, la ira y la irritabilidad.
A los 29 años de edad, Walter, programador de computadoras, desarrolló una lesión por tensión repetitiva que le ocasionaba mucho dolor en las manos cuando usaba el teclado. La lesión no desapareció con el descanso, y el dolor empeoró; se extendió a sus hombros, el cuello y la espalda.
Incapaz de trabajar, levantar, cargar o apretar cualquier cosa sin soportar días de ese dolor paralizante, Walter ya no podía conducir, abrir un frasco o siquiera firmar. "A los 29, ya estaba en la lista de discapacitados del Seguro Social, recluido en casa, mientras mi vida, al parecer, había terminado", recuerda Walter en el libro Vivir con dolor crónico (Hatherleigh Press, 2004), escrito por la doctora Jennifer Schneider. Hoy, con depresión grave, se pregunta si vale la pena vivir así.
Pero, aun a pesar de su limitada movilidad y de las líneas fruncidas en su rostro por el dolor, ver a Walter es ver a un hombre joven y saludable. Es difícil notar que él o cualquier otra persona agobiada por el dolor crónico sufren tanto como dicen.
El dolor es un síntoma invisible y subjetivo. El cuerpo de una persona que padece dolor crónico -alguien con fibromialgia, por ejemplo, o dolor de espalda- suele estar intacto. No existen pruebas objetivas para detectar este dolor o medir su intensidad. Sencillamente, hay que creer en la palabra de la persona.
Casi el 10% de la población padece dolor moderado entre grave y crónico, en tanto la incidencia va en aumento a medida que envejecemos.
Es muy poco frecuente el alivio por completo de este tipo de dolor, incluso con el mejor tratamiento. Médicos y pacientes por igual, a menudo se muestran reacios a usar fármacos como los opiáceos, que pueden aliviar tanto el dolor agudo como el crónico y evitar la aparición del síndrome de dolor crónico.
Dolor provoca ausencias laborales.
Padecer dolor durante largos períodos de tiempo, puede ser una experiencia traumatizante para muchas personas, y de hecho en el mundo miles viven con dolores permanentes que traducen en incapacidad de trabajar o realizar cualquier tipo de actividad.
En el mundo laboral las ausencias o incapacidades por dolor generan millones de dólares en pérdidas para los empleadores, además de un gran gasto en visitas al médico y en analgésicos.
Sólo en los países europeos los días laborales perdidos por pacientes con dolor crónico llega a la suma de 500 millones de dólares por año y para los sistemas de salud el impacto puede estar por los 41 billones de dólares anuales.
Ante estas devastadoras consecuencias, tanto para pacientes como para los sistemas de salud, los investigadores y expertos trabajan afanosamente en la creación de fármacos que puedan suprimir el dolor físico.
Requiere rápida atención.
El reumatólogo Generoso Guerra, señaló que el dolor es una alarma física de que algo está sucediendo en el cuerpo y que requiere de atención rápida. No obstante, aseguró que algunas personas no ponen atención al dolor y simplemente toman cualquier analgésico y se olvidan del asunto, pero luego la molestia se vuelva recurrente y se comienza a abusar de los fármacos.
"Obviar el dolor y acostumbrarse a vivir con él puede generar duras consecuencias para el cuerpo y llevar a situaciones de incapacidad permanente o incluso a la muerte", aseguró Guerra.
Detalló que los panameños sufren dolores por diversas causas y en los últimos años se ha dado un incremento en los casos de artritis reumatoide.

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