La segunda generación vanguardista: Esther María Osses-Rosa Elvira Álvarez-Stella Sierra
- Arístides Martínez Ortega
Con “Sinfonía jubilosa, Stella Sierra fue la primera mujer en ganar un Premio Ricardo Miró. Fue en 1942. Esta poetisa que cantó al amor y a la naturaleza fue la autora del Himno de la Universidad de Panamá.
La ausencia de las damas en la primera generación de vanguardia será superada en la segunda generación con nombres como Esther María Osses, 1914-1990, Rosa Elvira Álvarez 1915-1997, y la más descollante por su logros formales, Stella Sierra, 1919-1997.
La primera, Esther María Osses, orientará su obra hacia la poesía de solidaridad social, reclamo de justicia y exaltación de la lucha revolucionaria americana en libros como Poesías en limpio, de 1965, y Crece y camina, de 1971. Sin embargo, en sus primeras obras Mensaje, de 1946, y Los niños y el mar, de 1954, mostró una calidad lírica de gran fuerza expresiva.
Rosa Elvira Álvarez es la del grupo la más alejada de la vanguardia y su poesía tiene resonancias tradicionales. Sus mejores poemas se distinguen por expresar con belleza la nostalgia de su patria y sus tradiciones, el amor, sus vivencias rurales, siempre desde una óptica sensual. Su obra muestra una preferencia por el romance, como se puede comprobar desde su primer libro, Nostalgia, publicado en 1942, hasta El alba perdurable, en 1977, que contiene los poemas de todos sus trabajos: Nostalgia, El alba perdurable (1968), Romance de la montuna (1969) y Siete sonetos al Escorial (1970), éste último de gran fuerza mística.
Pero sin duda que la de mayor estatura y una de las voces mayores de la poesía femenina panameña es Stella Sierra, cuya obra es de una sólida estructura lírica, en la que se destaca su gran dominio de la métrica, una rica imaginación, y un lenguaje impecable y estético. La obra de Stella Sierra recogida en sus libros Canciones de mar y luna, (1944), Sinfonía jubilosa en doce sonetos (1944), Libre y cautiva (1947), Cinco poemas (1949), Poesías (1962), Presencia de recuerdo (1965), Aguadulce (1969), y Libre y cautiva, verso y prosa (1984), es de las mejores muestras de la corriente “purista” que tiene la poesía vanguardista panameña.
A esta generación también pertenecen autores que tuvieron una destacada participación en la vida literaria panameña, como son Lucas Bárcenas 1906-1992; Roque Javier Laurenza, 1910-1984; Eduardo Ritter Aislán, 1916-2006; y Mario Augusto Rodríguez, 1919-2009.
(ver poemas en la página 29 del diario impreso)

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