Una iglesia que guarda sentimientos e historia
Publicado 2007/01/20 00:00:00
- Deivis Eliecer Cerrud
En el área convergen tres estilos de construcción que son español, francés e italiano.
EL ESPLENDOR de la imponente Catedral Metropolitana de la ciudad de Panamá, sigue tan maravilloso como el primer día.
Los primeros episodios del verano le imprimen un toque especial y le agregan razones para recorrer cada rincón de esta iglesia.
Sentarse en la plaza de la Independencia a refrescarse con la brisa mañanera, bajo los árboles que todavía quedan en el sitio, es un privilegio.
Los moradores del área saben de la importancia del lugar y se sienten orgullosos por ello.
La vicepresidenta de la Asociación de Moradores de San Felipe, Gisela Prieto, dice que la Catedral es una estructura muy rica en historia.
Cuenta que es la iglesia donde los presidentes de la República hacen todos los actos protocolares.
Asegura que ella y sus vecinos aprecian esta estructura de gran valor y vistosidad por las conchas de nácar y las pinturas de los obispos.
Prieto recuerda que a la Catedral se le cambiaron las puertas y se le hicieron reparaciones en el techo.
También se pintó por dentro.
Igualmente hace varios años se formó el Comité Arquidiocesano pro Restauración de la Catedral Metropolitana, el que había realizado varias inspecciones en las estructuras de este templo.
La meta principal fue preparar la estructura para las actividades del Centenario de la República.
En junio de 2004 se inauguraron oficialmente las nuevas puertas de la Catedral, las que fueron reconstruidas basándose en estudios históricos.
La Catedral Metropolitana fue construida entre 1688 y 1796.
Su construcción fue por etapas: la parte frontal fue edificada entre 1688 y 1741.
Entre 1741 y 1762 se levantó la estructura de la iglesia. Más tarde fueron edificadas, las torres de 36 metros de altura, entre 1762 y 1796.
Su fachada principal es de piedra labrada con dos torres laterales que alojan las campanas trasladadas de la catedral de Panamá La Vieja destruida en 1671.
Dos años después de esta destrucción, el obispo Antonio de León y Becerra, indicó el sitio donde debía edificarse la nueva catedral, inicialmente de madera. Unos 108 años se invirtieron en la construcción de calicanto de la Catedral, consagrada en el año 1798.
Los primeros episodios del verano le imprimen un toque especial y le agregan razones para recorrer cada rincón de esta iglesia.
Sentarse en la plaza de la Independencia a refrescarse con la brisa mañanera, bajo los árboles que todavía quedan en el sitio, es un privilegio.
Los moradores del área saben de la importancia del lugar y se sienten orgullosos por ello.
La vicepresidenta de la Asociación de Moradores de San Felipe, Gisela Prieto, dice que la Catedral es una estructura muy rica en historia.
Cuenta que es la iglesia donde los presidentes de la República hacen todos los actos protocolares.
Asegura que ella y sus vecinos aprecian esta estructura de gran valor y vistosidad por las conchas de nácar y las pinturas de los obispos.
Prieto recuerda que a la Catedral se le cambiaron las puertas y se le hicieron reparaciones en el techo.
También se pintó por dentro.
Igualmente hace varios años se formó el Comité Arquidiocesano pro Restauración de la Catedral Metropolitana, el que había realizado varias inspecciones en las estructuras de este templo.
La meta principal fue preparar la estructura para las actividades del Centenario de la República.
En junio de 2004 se inauguraron oficialmente las nuevas puertas de la Catedral, las que fueron reconstruidas basándose en estudios históricos.
La Catedral Metropolitana fue construida entre 1688 y 1796.
Su construcción fue por etapas: la parte frontal fue edificada entre 1688 y 1741.
Entre 1741 y 1762 se levantó la estructura de la iglesia. Más tarde fueron edificadas, las torres de 36 metros de altura, entre 1762 y 1796.
Su fachada principal es de piedra labrada con dos torres laterales que alojan las campanas trasladadas de la catedral de Panamá La Vieja destruida en 1671.
Dos años después de esta destrucción, el obispo Antonio de León y Becerra, indicó el sitio donde debía edificarse la nueva catedral, inicialmente de madera. Unos 108 años se invirtieron en la construcción de calicanto de la Catedral, consagrada en el año 1798.

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