Algunas conclusiones sobre el censo
Publicado 2000/05/22 23:00:00
Aunque todavía se está tabulando datos, es posible extraer algunas conclusiones preliminares del reciente Censo Nacional de Población y Vivienda. Para empezar, no llegamos, como se creía, a los tres millones de habitantes, y sumamos tan sólo dos millones 778,440 personas. Costa Rica, mucho más pequeña, suma hoy casi tres millones y medio de habitantes. Aumentamos 1.8% por año desde 1990.
El detalle anterior es importante porque confirma una tendencia percibida en el censo anterior, de que nuestra tasa de crecimiento poblacional es anémica, similar a la de las naciones desarrolladas. Las consecuencias prácticas la tenemos en la precariedad económica del Fondo de Pensiones y Jubilaciones del Seguro Social, porque cada vez hay menos cotizantes para mantener a cada jubilado.
Alguien de las oficinas del censo ha comentado alarmado que para el 2030 padeceremos del mal de envejecimiento que sufren Europa y Japón, entre otros. En Alemania, el gobierno hace periódicos llamados a sus ciudadanos a tener más hijos. De otro modo, en un país de jubilados, ¿quién producirá la riqueza para que el país crezca y pague las pensiones?
Las naciones industrializadas enfrentan el problema del envejecimiento, importando mano de obra. España y Turquía por ejemplo, son grandes proveedores de brazos para Europa. Igual México y Latinoamérica para Estados Unidos. Los últimos requieren de gente preparada, de lo contrario no impondrían trabas migratorias.
La tecnología es otra forma de enfrentar el problema de escasez de mano de obra por envejecimiento. Mayor automatización requiere menos operadores e incrementa la eficiencia y la productividad. Pero Panamá no está en condiciones de usar esta alternativa y puede terminar importando trabajadores si es que ya no lo está haciendo.
Otro dato relevante es el explosivo crecimiento de Arraiján, cuya población se ha triplicado en diez años. Ello viene a confirmar la enorme presión demográfica que sufre la cuenca del Canal, de la que Arraiján es la puerta de entrada para las invasiones. Los gobiernos panameños tienen un tremendo desafío en esta realidad, cuya raíz está en la migración desde el campo. Por eso no es fácil optar por una política de abandono al interior del país, que sólo conduciría a un desequilibrio demográfico.
La magnitud del problema de la vivienda es otro detalle. Si dividimos los habitantes entre las viviendas por cada provincia, resultaría que el déficit habitacional es más grave en Colón (4.6), Los Santos (4.3), Darién y Veraguas (3.7). En Panamá y Chiriquí es mediano (3.5); y menos grave en Coclé (2.2) y Bocas del Toro (2.8).
El detalle anterior es importante porque confirma una tendencia percibida en el censo anterior, de que nuestra tasa de crecimiento poblacional es anémica, similar a la de las naciones desarrolladas. Las consecuencias prácticas la tenemos en la precariedad económica del Fondo de Pensiones y Jubilaciones del Seguro Social, porque cada vez hay menos cotizantes para mantener a cada jubilado.
Alguien de las oficinas del censo ha comentado alarmado que para el 2030 padeceremos del mal de envejecimiento que sufren Europa y Japón, entre otros. En Alemania, el gobierno hace periódicos llamados a sus ciudadanos a tener más hijos. De otro modo, en un país de jubilados, ¿quién producirá la riqueza para que el país crezca y pague las pensiones?
Las naciones industrializadas enfrentan el problema del envejecimiento, importando mano de obra. España y Turquía por ejemplo, son grandes proveedores de brazos para Europa. Igual México y Latinoamérica para Estados Unidos. Los últimos requieren de gente preparada, de lo contrario no impondrían trabas migratorias.
La tecnología es otra forma de enfrentar el problema de escasez de mano de obra por envejecimiento. Mayor automatización requiere menos operadores e incrementa la eficiencia y la productividad. Pero Panamá no está en condiciones de usar esta alternativa y puede terminar importando trabajadores si es que ya no lo está haciendo.
Otro dato relevante es el explosivo crecimiento de Arraiján, cuya población se ha triplicado en diez años. Ello viene a confirmar la enorme presión demográfica que sufre la cuenca del Canal, de la que Arraiján es la puerta de entrada para las invasiones. Los gobiernos panameños tienen un tremendo desafío en esta realidad, cuya raíz está en la migración desde el campo. Por eso no es fácil optar por una política de abandono al interior del país, que sólo conduciría a un desequilibrio demográfico.
La magnitud del problema de la vivienda es otro detalle. Si dividimos los habitantes entre las viviendas por cada provincia, resultaría que el déficit habitacional es más grave en Colón (4.6), Los Santos (4.3), Darién y Veraguas (3.7). En Panamá y Chiriquí es mediano (3.5); y menos grave en Coclé (2.2) y Bocas del Toro (2.8).

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