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Desconsuelo y remordimiento

La frustración reina en las ciudades americanas, los votantes que pensaban que iban a conseguir implantar por fin las ideas más radicales y socialistas en el ideario político se han quedado de capa caída. El único cambio que ha habido es de rostros y no de fondo.

Alonso Correa - Publicado:

El presidente de México Andrés Manuel López Obrador y la vicepresidenta de EEUU., Kamala Harris, en el Palacio Nacional de México, durante la firma de un memorándum de cooperación migratoria en Centroamérica. Foto: EFE.

La vicepresidenta de los Estados Unidos, Kamala Harris, finalizó la semana pasada la primera gira internacional al sur de sus fronteras del nuevo gobierno demócrata norteamericano de Joe Biden, en medio de una las peores crisis fronterizas por las que ha pasado EEUU. Guatemala y México, dos de los principales focos de la movilización humana hacia las fronteras estadounidenses, fueron los primeros países hispanoamericanos en ser visitados por el actual gobierno.

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Empecemos, como lo ha hecho la vicepresidenta, con Guatemala, primera economía centroamericana que desde mediados del año pasado ha estado inmersa en un impasse de discordia y separación civil.  Dos bloques sociales han chocado y han empezado lo que se podría denominar una “guerra fría” en la nación, donde cada parte espera con ansias el próximo error de su contrincante para salir a la calle y defenestrar un poco más la convivencia. Esto se vio con claridad durante esta visita diplomática con las protestas a lo largo del recorrido de la comitiva por la capital de Guatemala hacia la reunión con el presidente Alejandro Giammattei. En México el periplo fue más tranquilo. La nación azteca todavía tiene algo de resaca por las recientes elecciones y no se vio mucho movimiento por la llegada de la política.

Ambas reuniones, en Guatemala y en México, han sido de carácter notificativo, para avisar y buscar la ayuda de los gobiernos tratando de solventar o, por lo menos, reducir un poco el flujo de personas que llegan a las fronteras estadounidenses. Problema que ha visto un auge en los últimos meses, con un pico histórico la semana pasada de 180 000 personas cruzando los hitos del país norteamericano.

Fue en la visita a Guatemala donde Kamala Harris, (que en campaña hizo eco de su amplio apoyo a la inmigración y de su rechazo a las políticas migratorias del expresidente Trump), conminó en su discurso a todo aquel que tuviese la idea de realizar la travesía que “no vengan [a los Estados Unidos]”.

Y es que en estos primeros seis meses del nuevo gobierno se ha visto un cambio radical del discurso y del rostro que le muestran al público. No son nada parecidos a aquellos políticos humanistas que en la campaña decían y repetían su intención de traer de vuelta la solidaridad como pilar principal de su gobierno. Ahora, una vez que han llegado al poder, han podido deshacerse de la careta.

Ahora es que están mostrando su verdadero rostro, o se han dado cuenta de la realidad del asunto político, han cambiado de parecer y han impulsado decretos ejecutivos que contradicen todo lo que había dicho en la carrera hacia el despacho oval. Culpa de esto puede ser responsabilidad de la pandemia, la crisis económica o el desequilibrio social por el que está pasando el país, heredados al tomar el cargo.

Este cambio de dirección hacia políticas que pueden ser catalogadas, a falta de una mejor descripción, como “trumpistas”, ha hecho que la popularidad del nuevo régimen esté cayendo. Ya no son pocos los que se sienten traicionados por el rumbo que están tomando y que dicen que el único cambio que ha habido es de rostros y no de fondo.

Los decepcionados, los desconsolados, los heridos, esas pobres almas ciegas, narcisistas y megalómanas, han empezado a recoger los amargos frutos de su decisión. La frustración reina en las ciudades americanas, los votantes que pensaban que iban a conseguir implantar por fin las ideas más radicales y socialistas en el ideario político se han quedado de capa caída. Y el futuro para estas lampreas sociales se viste de negro porque en el horizonte se visualizan muchas más desilusiones para los que pintaban una hoz y un martillo en la bandera de las 50 estrellas.

VEA TAMBIÉN: La importancia de los manglares antes y después de la COVID-19

Estudiante panameño en España.

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