Gestión ambiental y desarrollo
Publicado 2004/05/20 23:00:00
- Fernando Valencia V.
Cada día se confirma que países con un crecimiento económico sostenido pueden dedicar mayores recursos para la protección del ambiente convirtiéndolo en un valor a preservar. Este crecimiento propicia más desarrollo de la ciencia y la tecnología que ayudan a encontrar soluciones creativas a los problemas del hombre, en el largo plazo mejor que antes.
Resulta un compromiso ineludible para los nuevos conductores de la gestión pública, redefinir la percepción que tienen de la gestión ambiental y de su aplicación.
La gestión ambiental, como el conjunto de actividades encaminadas a armonizar el desarrollo económico con la protección del ambiente, propicia el mejoramiento continuo de la calidad de los bienes ambientales para que mejorar la calidad de vida. La aplicación de sus herramientas, como estudios de impacto ambiental (EIA), auditorías ambientales, normas técnicas de calidad y ordenamiento territorial, está orientada a propiciar un desarrollo planificado y no convertir éstas en instrumentos para frenar el crecimiento, como ocurre con los EIA. Tampoco deben ser usadas para justificar proyectos de desarrollo que usan irracionalmente los recursos.
La utilización de estas herramientas y la ejecución de normativa ambiental inconsulta desprovista de los análisis económicos de su ejecución, puede tener efectos negativos trascendentales sobre sectores de la economía que pudieran aletargarla, como ha sucedido. El mismo resultado produce la falta de normativa coherente y racionada.
Los EIA han sido utilizados desde los inicios de su aplicación en Panamá, más que herramienta predictiva y correctiva de efectos ambientales, como instrumentos coercitivos de posiciones antojadizas muchas veces, desvirtuándose su principio.
Muchos proyectos que han podido contribuir a apuntalar la endeble economía del país, en varias ocasiones, han sido retrasados al punto de perder su financiamiento por lo demorado de los trámites. A esto contribuye el desconocimiento de las técnicas fundamentales de la evaluación de impacto ambiental por parte de consultores ambientales responsables de la realización de los estudios y por un gran número de funcionarios que los evalúan.
La demora en el proceso de Evaluación de Impacto Ambiental, se suma a la práctica frecuente de utilizar los EIA para negar el desarrollo de proyectos que a todas luces son factibles social y ambientalmente, en razón de intereses personales de la administración ambiental de turno, desatendiendo la sustentación de la herramienta; o amañando los resultados, se aprueban proyectos con más perjuicios que beneficios sociales y ambientales.
Aunado a esta herramienta se encuentra el ordenamiento territorial ambiental, que en Panamá se ha querido ver como el fin de la Gestión y no como uno instrumento aplicable para el mejoramiento continuo de la calidad ambiental, razón por la cual las primeras experiencias en esta materia son cuestionadas. La propuesta de ordenamiento territorial ambiental nacional, planteada por la ANAM, al igual que los otros instrumentos mencionados, deben considerar la tendencia del crecimiento poblacional y sus requerimientos, para que esta propuesta no se convierta en otro freno al desarrollo de las regiones del país. Por ello es fundamental dimensionar los efectos de su aplicación.
La falta de normativa, o su aplicación manipulada, incide directamente sobre el mejoramiento de la calidad de vida de la población, por lo que debe plantearse una revisión de los mecanismos de transparencia en su ejecución, al igual que la reestructuración de los procedimientos técnicos-administrativos de su uso, a efecto de optimizar su aplicabilidad y maximizar su eficiencia; enrumbándolas hacia los objetivos fundamentales de la Gestión Ambiental.
Es importante poner a prueba las últimas corrientes intelectuales que van en contra de la noción de que el crecimiento económico trae consigo un grave deterioro del entorno, y que sostienen que es realmente la pobreza y no el crecimiento económico, el peor enemigo del medio ambiente.
Resulta un compromiso ineludible para los nuevos conductores de la gestión pública, redefinir la percepción que tienen de la gestión ambiental y de su aplicación.
La gestión ambiental, como el conjunto de actividades encaminadas a armonizar el desarrollo económico con la protección del ambiente, propicia el mejoramiento continuo de la calidad de los bienes ambientales para que mejorar la calidad de vida. La aplicación de sus herramientas, como estudios de impacto ambiental (EIA), auditorías ambientales, normas técnicas de calidad y ordenamiento territorial, está orientada a propiciar un desarrollo planificado y no convertir éstas en instrumentos para frenar el crecimiento, como ocurre con los EIA. Tampoco deben ser usadas para justificar proyectos de desarrollo que usan irracionalmente los recursos.
La utilización de estas herramientas y la ejecución de normativa ambiental inconsulta desprovista de los análisis económicos de su ejecución, puede tener efectos negativos trascendentales sobre sectores de la economía que pudieran aletargarla, como ha sucedido. El mismo resultado produce la falta de normativa coherente y racionada.
Los EIA han sido utilizados desde los inicios de su aplicación en Panamá, más que herramienta predictiva y correctiva de efectos ambientales, como instrumentos coercitivos de posiciones antojadizas muchas veces, desvirtuándose su principio.
Muchos proyectos que han podido contribuir a apuntalar la endeble economía del país, en varias ocasiones, han sido retrasados al punto de perder su financiamiento por lo demorado de los trámites. A esto contribuye el desconocimiento de las técnicas fundamentales de la evaluación de impacto ambiental por parte de consultores ambientales responsables de la realización de los estudios y por un gran número de funcionarios que los evalúan.
La demora en el proceso de Evaluación de Impacto Ambiental, se suma a la práctica frecuente de utilizar los EIA para negar el desarrollo de proyectos que a todas luces son factibles social y ambientalmente, en razón de intereses personales de la administración ambiental de turno, desatendiendo la sustentación de la herramienta; o amañando los resultados, se aprueban proyectos con más perjuicios que beneficios sociales y ambientales.
Aunado a esta herramienta se encuentra el ordenamiento territorial ambiental, que en Panamá se ha querido ver como el fin de la Gestión y no como uno instrumento aplicable para el mejoramiento continuo de la calidad ambiental, razón por la cual las primeras experiencias en esta materia son cuestionadas. La propuesta de ordenamiento territorial ambiental nacional, planteada por la ANAM, al igual que los otros instrumentos mencionados, deben considerar la tendencia del crecimiento poblacional y sus requerimientos, para que esta propuesta no se convierta en otro freno al desarrollo de las regiones del país. Por ello es fundamental dimensionar los efectos de su aplicación.
La falta de normativa, o su aplicación manipulada, incide directamente sobre el mejoramiento de la calidad de vida de la población, por lo que debe plantearse una revisión de los mecanismos de transparencia en su ejecución, al igual que la reestructuración de los procedimientos técnicos-administrativos de su uso, a efecto de optimizar su aplicabilidad y maximizar su eficiencia; enrumbándolas hacia los objetivos fundamentales de la Gestión Ambiental.
Es importante poner a prueba las últimas corrientes intelectuales que van en contra de la noción de que el crecimiento económico trae consigo un grave deterioro del entorno, y que sostienen que es realmente la pobreza y no el crecimiento económico, el peor enemigo del medio ambiente.

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