Pechito Parao: el Camino de Santiago que Panamá todavía no descubre
- Jaime Figueroa Navarro
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En conmemoración del quinto centenario del descubrimiento del Mar del Sur, en 2013, durante uno de mis periodos como presidente de la Comisión de Turismo de APEDE, organice la primera expedición de empresarios panameños en escalar el cerro Pechito Parao para posteriormente resaltar el hito de Balboa en una gira internacional en España, Francia y Estados Unidos, que recibió mayor entusiasmo y vivas que nuestras posteriores presentaciones en clubes cívicos, universidades y ante la Comisión de Cultura del Club Unión en Panamá.
Mientras España convirtió al Camino de Santiago en una de las rutas culturales y espirituales más importantes del planeta, Panamá continúa ignorando uno de los tesoros históricos y naturales más extraordinarios de América: el cerro Pechito Parao, en Darién, desde cuya cima Vasco Núñez de Balboa habría divisado por primera vez el Mar del Sur.
La comparación puede parecer ambiciosa, pero no es descabellada. El camino de Santiago no nació siendo una potencia turística. Durante siglos fue simplemente una ruta histórica recorrida por peregrinos. Lo que España entendió, y panamá aún no termina de comprender, es que el turismo moderno no busca únicamente playas y hoteles; busca significado, relato, emoción y autenticidad. Y Pechito Parao tiene todo eso y más.
El sendero darienita posee una combinación casi imposible de replicar: selva virgen, biodiversidad, aventura física y una conexión directa con uno de los momentos más trascendentales de la historia universal. Allí no solamente se escala una montaña; se revive el instante en que el mundo cambió de dimensión geográfica y comercial. Balboa no descubrió únicamente un océano: abrió la puerta al pacífico y alteró el curso de la humanidad.
Sin embargo, panamá ha reducido históricamente a Darién a una narrativa de miedo, abandono o conflicto. Esa percepción ha impedido que el país visualice el enorme valor económico y cultural de la región. Diversos artículos y expediciones han insistido durante años en el potencial turístico del cerro, destacando la majestuosidad de la vista, la experiencia ecológica y el simbolismo histórico del lugar.
La diferencia con el camino de Santiago radica en la visión estratégica. España construyó infraestructura, señalización, hospedajes rurales, museos, gastronomía y una narrativa internacional alrededor de una experiencia humana. El peregrino no viaja solo para caminar; viaja para sentirse parte de una historia. Panamá podría hacer exactamente lo mismo.
Imaginar una "ruta balboa" desde Santa María la Antigua del Darién, atravesando Cucunati y quebrada Eusebio hasta Pechito Parao no debería ser una fantasía académica, sino un proyecto nacional. Un sendero ecológico e histórico, administrado con criterios de sostenibilidad, podría atraer miles de excursionistas, historiadores, fotógrafos, observadores de aves y viajeros culturales de todo el mundo. El turismo de aventura y naturaleza es precisamente uno de los segmentos de mayor crecimiento global, y Darién posee un ecosistema prácticamente intacto.
Además, el valor de Pechito Parao es más auténtico que muchos destinos sobreexplotados internacionalmente. El visitante contemporáneo ya comienza a cansarse de experiencias artificiales y masificadas. Lo que busca ahora es lo irrepetible: caminar donde caminó balboa, escuchar el silencio de la selva, contemplar el golfo de san miguel desde la misma perspectiva que sorprendió a Europa hace más de cinco siglos.
El camino de Santiago mueve millones porque Europa aprendió a monetizar su memoria histórica. Panamá, en cambio, parece padecer una extraña amnesia nacional. Tenemos un escenario histórico de dimensión planetaria y seguimos actuando como si fuera una pinche curiosidad secundaria.
Pero desarrollar Pechito Parao no significa destruirlo. El error sería convertir Darién en un turismo invasivo y depredador. La oportunidad está precisamente en lo contrario: un modelo controlado, ecológico, comunitario y exclusivo, donde las comunidades locales sean protagonistas y beneficiarias directas.
El futuro del turismo mundial no pertenece necesariamente a los megaproyectos, pertenece a las experiencias con alma. Y en ese terreno, Pechito Parao posee algo que muy pocos lugares del continente pueden ofrecer: historia viva en medio de una naturaleza intacta.
Quizá el verdadero problema no sea la falta de potencial turístico: ¡Tal vez el problema es que panamá todavía no ha aprendido a admirar su propia grandeza!

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