Celebran vida y obra de Sinclair
- Rosalina Orocú Mojica (rosalina.orocu@epasa.com)
Ayer se despidió el cuerpo físico del maestro de la plástica panameña Alfredo Sinclair Ballesteros (99 años) en una misa concelebrada, en la cual participaron siete sacerdotes, entre ellos el párroco Rómulo Aguilar.
Ayer se despidió el cuerpo físico del maestro de la plástica panameña Alfredo Sinclair Ballesteros (99 años) en una misa concelebrada, en la cual participaron siete sacerdotes, entre ellos el párroco Rómulo Aguilar.
Claves
- Hubo lágrimas, reflexiones, se exaltaron sus virtudes, pero más que nada hubo mucha entereza y gratitud hacia Dios por haberlo prestado a su familia, la patria, amigos y a la juventud que tanto se benefició de su saber y consejos, que compartía gozoso.
- Al maestro Sinclair le sobreviven su esposa Olga y sus hijos: Jorge, Olguita, Miguel, Alfredo y Dalva; y nietos.
- Entre los asistentes estuvieron dos expresidentes y sus esposas: Ernesto Pérez Balladares y Martín Torrijos; dos candidatos a la presidencia del país, autoridades, pintores, teatristas, representantes de ONG y empresarios.
Ayer se despidió el cuerpo físico del maestro de la plástica panameña Alfredo Sinclair Ballesteros (99 años) en una misa concelebrada, en la cual participaron siete sacerdotes, entre ellos el párroco Rómulo Aguilar.
El obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Panamá, secretario general de la Conferencia Episcopal Panameña (CEP), monseñor Pablo Varela Server, encabezó el grupo de sacerdotes que participó en el servicio religioso.
Fue en la parroquia Santa Marta, en Altos del Chase, en la cual, según dijo el obispo, el pintor Alfredo Sinclair demostró su incondicional amor a Dios, al “ser un siervo fiel y cumplidor”, por cuanto, “pasa al banquete del Señor”.
Amigos, colegas pintores y escultores, destacadas figuras de la política criolla, docentes, estudiantes, admiradores del artista fallecido la mañana del domingo 2 de febrero, se dieron cita para compartir con la familia de él tan importante momento.
Su hija Olguita, también destacada pintora -de relevancia dentro y fuera del país como su padre-, leyó fragmentos de la Biblia, del Libro de la Sabiduría.
Todos los sacerdotes que hicieron uso de la palabra durante las honras fúnebres exaltaron las virtudes (humildad, desprendimiento, talento, sencillez, honradez y gran espiritualidad) del maestro Sinclair.
Se afirmó y aplaudió que fueron dones que él bien utilizó no solo para beneficio suyo, sino que los multiplicó y compartió con sus estudiantes, amigos y en las obras sociales de las organizaciones y fundaciones a las que apoyó y a las cuales se comprometieron a seguir respaldando sus descendiente, por siempre, según puso de relieve su hijo Jorge Sinclair.
La suya se recalcó, fue una vida ejemplar. Se enfatizó en los méritos de él y su amada esposa Olga, al dar una formación humana, familiar, espiritual y académica, donde honrar al Padre celestial y a su hijo Jesucristo y la humildad son pilares fundamentales.
Se dijo también que Alfredo Sinclair, el viernes en la noche, dos días antes de fallecer, había sido ungido y participó de la oración, sonrió, aplaudió y se mostró feliz de su amistad con Dios.
“Dios no dejará de regalarle el contemplar su rostro”, expresó un religioso.

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