Cerveza Atlas y los surfers modernos
Publicado 2001/02/13 00:00:00
Nunca pensé al montarme en una tabla de surf por primera vez lo difícil y peligroso que era el deporte. Jamás me había pasado por la mente que necesitaría de un balance felino y de unas buenas condiciones físicas para su realización. Las olas enfurecidas deben ser vencidas, tanto física como inteligentemente. El surfear es deslizarse por las olas como si uno fuese un delfín... un pescado arriba de un pedazo de madera diseñado para utilizar la destructora fuerza de una ola a favor del deportista. La adrenalina que sentí en mis primeras olas hacían que mi cuerpo volara al unísono con mi tabla, la experiencia era arrolladora y llegué a poder tener un misticismo con el deporte, existía entre los otros surfers del momento una unión y al mismo tiempo una libertad poco conocida para los jóvenes surfistas en el año de 1969, la naturaleza era respetada, y aparte de la rebeldía de la época (el cabello largo), el surf era una pequeña religión de aquellos que amábamos, de lo que hacía que nuestra mirada saliese del salón de clases y nos permitiese remontarnos en nuestra imaginación, hacia las orillas infinitas de lo que era entonces la libertad. La mar, la bella y cruel mar... era entonces más azul y los cartuchos de plástico eran aún desconocidos ya que todos los cartuchos eran de papel, las latas de cerveza valían su depósito en vidrio y los surfers de ayer no necesitaban los concursos de popularidad para saber que la grandeza de un hombre se halla dentro de su corazón no en reuniones y campeonatos donde cientos de jóvenes se congregan con el pretexto de ser surfistas, y con el pretexto de que otros los miren para entonces así sentirse bien. El surf que recuerdo era en una playa casi desierta con uno que otro surfista divirtiéndonos como se divierten las águilas, luchando con las olas y sintiendo el sol y la mar como testigos de mi aventura, no había tanta necesidad de deslumbrarnos en concursos uno contra los otros. El sufr del "69 era contra nosotros mismos. En cambio el surf del joven moderno se ha desviado de su camino original para volverse hoy día en un concurso de belleza, donde hay aretes, celulares, y pelos de todos los colores, latas de cerveza tiradas y mucha destrucción ambiental. El surfista moderno se ha dejado manipular y ha abandonado el camino que les fue trazado no por otros surfers viejos... sino por su propia alma, para surfear hay que amar y respetar la mar y a la naturaleza, desgraciadamente, el surfer moderno no piensa igual.
Hace dos semanas se realizó en Isla Grande, un campeonato de surf (patrocinado por Cerveza Atlas) durante casi una semana se anunció su realización, y con ello anunciaban la destrucción ambiental de la isla. La Asociación de Surfers de Panamá, sabe que un campeonato atrae a cientos de jóvenes, la asociación sabe que esto traerá destrucción al lugar si las reglas, y las condiciones no son las debidas, lógicamente aparte de un tolducho de hierro, que para vender Cerveza Atlas nada más fue previsto para el evento. Sirenas que espantaron a los últimos pelícanos residentes, y una aplanadora de coral, de decenas de deportistas entrando y saliendo del arrecife, (el daño no tiene arreglo).
La bella y azul mar, el lindo arrecife, las aves de la isla, la contaminación, nada les importa... ni a ellos, ni a los vendedores de Atlas. Lo único que importa es lucirse cual señoritas quinceañeras delante de sus invitados, "La Asociación de Surf de Panamá y su cerveza Atlas le invitan a usted a presenciar la destrucción de lo que fuese otrora un pequeño paraíso", las langostas muertas, el burgao muerto, el coral muerto, el pulpo muerto, la cambombia muerto y la ANAM descansando. WOW , qué país...
El arrecife de Isla Grande está destruido en un 80 por ciento, su salvación es casi nula (no mencionaré a la ANAM ya que su deficiencia es digna de otro artículo o de un libro). Digo casi nula, ya que los surfers entran y salen caminando del arrecife, aplastando los corales y convirtiéndolos en cenizas, el coral ya está muerto, los peces y todo el ecosistema que depende de un cuidado y conservación están en vías de extinción, ¿por qué hacer competencias en un lugar donde se supone es un parque nacional? La playa llena de latas de cerveza Atlas, cientos de tapas y plásticos por doquier, (¿Para qué sirve la ANAM?), colillas y orine, papel y suciedad, todo esto sólo para vender unas pinches cervezas y para que me vea mi novia que soy surfista...
Una bella tarde de verano, corrí mi última ola, el destino me llevó a estudiar a un país que su mar no era cálido, y el sol no abriga en las playas, además acababa de tener un accidente donde mi estómago y los corales se confundieron en un solo charco de sangre, dejándome 6 cicatrices que me servirían para recordar por el resto de mi vida el respeto que hay que practicar cuando de olas y cervezas se trata. A través de mi vida he sentido a Dios no con resplandores de vírgenes ni truenos de San Pedro, sino que la grandeza de Dios se ve, y se siente en la exuberancia y biodiversidad de su gran obra... La naturaleza ha sido más que buena conmigo... El surfers no ha sido muy bello con la naturaleza...
Cuando ya no hayan más corales y no existan más aves y todos los peces hayan desaparecido, me pregunto entonces cómo haremos para tener la vergüenza de poder volver a mirar al cielo, si se nos dio un paraíso, no para ser destruidos por nosotros, sino para cuidarlo para nuestros hijos, y no creo que los vendedores de cerveza Atlas, la Asociación de Surf de Panamá, o la ANAM, tengan derecho de fomentar estos campeonatos y competencias que tanto dañan el medio ambiente, y de ñapa organizados tan irresponsablemente en un Parque Nacional. La regla de cualquier parte es primero la conservación, segundo la conservación y tercero y cuarto, nunca, el destruir, y jamás el ensuciar.
Hace dos semanas se realizó en Isla Grande, un campeonato de surf (patrocinado por Cerveza Atlas) durante casi una semana se anunció su realización, y con ello anunciaban la destrucción ambiental de la isla. La Asociación de Surfers de Panamá, sabe que un campeonato atrae a cientos de jóvenes, la asociación sabe que esto traerá destrucción al lugar si las reglas, y las condiciones no son las debidas, lógicamente aparte de un tolducho de hierro, que para vender Cerveza Atlas nada más fue previsto para el evento. Sirenas que espantaron a los últimos pelícanos residentes, y una aplanadora de coral, de decenas de deportistas entrando y saliendo del arrecife, (el daño no tiene arreglo).
La bella y azul mar, el lindo arrecife, las aves de la isla, la contaminación, nada les importa... ni a ellos, ni a los vendedores de Atlas. Lo único que importa es lucirse cual señoritas quinceañeras delante de sus invitados, "La Asociación de Surf de Panamá y su cerveza Atlas le invitan a usted a presenciar la destrucción de lo que fuese otrora un pequeño paraíso", las langostas muertas, el burgao muerto, el coral muerto, el pulpo muerto, la cambombia muerto y la ANAM descansando. WOW , qué país...
El arrecife de Isla Grande está destruido en un 80 por ciento, su salvación es casi nula (no mencionaré a la ANAM ya que su deficiencia es digna de otro artículo o de un libro). Digo casi nula, ya que los surfers entran y salen caminando del arrecife, aplastando los corales y convirtiéndolos en cenizas, el coral ya está muerto, los peces y todo el ecosistema que depende de un cuidado y conservación están en vías de extinción, ¿por qué hacer competencias en un lugar donde se supone es un parque nacional? La playa llena de latas de cerveza Atlas, cientos de tapas y plásticos por doquier, (¿Para qué sirve la ANAM?), colillas y orine, papel y suciedad, todo esto sólo para vender unas pinches cervezas y para que me vea mi novia que soy surfista...
Una bella tarde de verano, corrí mi última ola, el destino me llevó a estudiar a un país que su mar no era cálido, y el sol no abriga en las playas, además acababa de tener un accidente donde mi estómago y los corales se confundieron en un solo charco de sangre, dejándome 6 cicatrices que me servirían para recordar por el resto de mi vida el respeto que hay que practicar cuando de olas y cervezas se trata. A través de mi vida he sentido a Dios no con resplandores de vírgenes ni truenos de San Pedro, sino que la grandeza de Dios se ve, y se siente en la exuberancia y biodiversidad de su gran obra... La naturaleza ha sido más que buena conmigo... El surfers no ha sido muy bello con la naturaleza...
Cuando ya no hayan más corales y no existan más aves y todos los peces hayan desaparecido, me pregunto entonces cómo haremos para tener la vergüenza de poder volver a mirar al cielo, si se nos dio un paraíso, no para ser destruidos por nosotros, sino para cuidarlo para nuestros hijos, y no creo que los vendedores de cerveza Atlas, la Asociación de Surf de Panamá, o la ANAM, tengan derecho de fomentar estos campeonatos y competencias que tanto dañan el medio ambiente, y de ñapa organizados tan irresponsablemente en un Parque Nacional. La regla de cualquier parte es primero la conservación, segundo la conservación y tercero y cuarto, nunca, el destruir, y jamás el ensuciar.

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