Panamá acelera su economía digital: la continuidad operativa de las industrias depende de infraestructura inteligente
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Comprar en línea, pagar con tarjeta o hacer una transferencia desde el celular ya es parte de la rutina en Panamá. Un informe e-País sobre comercio electrónico elaborado por la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España (ICEX) estima que el crecimiento medio anual del comercio online entre 2017 y 2022 fue de 28,9%, y proyecta que las ventas en línea alcancen US$1.173 millones en 2024.
Ese crecimiento trae una consecuencia práctica: cuando más procesos pasan a lo digital, más caro es que un servicio se caiga. Continuidad operativa, dicho sin tecnicismos, significa que pagos, ventas, atención y operaciones críticas sigan funcionando —o vuelvan rápido— si algo falla. Y los riesgos ya se sienten en el entorno local: el Sistema Nacional Integrado de Estadísticas Criminales (SIEC) reportó 5.163 denuncias por estafa en 2023 y señala que el incremento puede estar relacionado con nuevas tecnologías y el auge del comercio electrónico.
El marco global refuerza la urgencia. En su resumen ejecutivo 2025, el Verizon DBIR indica que el “factor humano” sigue presente en alrededor del 60% de las brechas, y que ransomware aparece con alta recurrencia en los casos analizados. En paralelo, un reporte de Veeam señala que 69% de organizaciones encuestadas reportó impactos, pese a mejoras en preparación.
Con ese contexto, en Expotech la conversación giró hacia una idea central: la continuidad ya no se sostiene con “parches” aislados, sino con infraestructura inteligente. Es decir, un enfoque que combina capacidad, seguridad, protección y recuperación, apoyado en analítica para anticipar fallas antes de que el usuario las note.
“Cuando una economía empieza a moverse en canales digitales, la infraestructura que sostiene transacciones y servicios se vuelve crítica. La continuidad operativa no es un concepto técnico: es lo que evita que un incidente se convierta en operación detenida, reclamos masivos y pérdida de confianza”, señaló Martín Henao, Country Manager de IFX en Panamá.
¿Qué significa “infraestructura inteligente” en la práctica, sin hablar de marcas ni catálogos? En primer lugar, continuidad y recuperación medible. No basta con tener respaldos: importa cuánto tiempo puede estar detenido un proceso y qué tan rápido puede volver. Por eso, en la conferencia se insistió en diseñar arquitecturas con redundancias y planes de recuperación que se prueben en serio: no como documento,
sino como capacidad operativa. En industrias que operan 24/7, la diferencia entre un evento controlado y una crisis suele ser el tiempo.
Segundo, protección y recuperación del dato como disciplina. La presentación subrayó que hoy no se trata solo de “tener backup”, sino de asegurar restauración rápida y reducir el impacto de incidentes, con esquemas como copias protegidas y “bóvedas” digitales que ayuden a evitar que un ataque o un error comprometa todo al mismo tiempo. En términos simples: si lo digital mueve la operación, recuperar datos y sistemas a tiempo es parte de la continuidad del negocio.
Tercero, ciberseguridad por capas. El enfoque parte de una realidad: no existe una única barrera que lo resuelva todo. La ruta más efectiva combina control de accesos, reducción de exposición, monitoreo y respuesta, además de hábitos básicos que siguen siendo decisivos —porque, como muestran los reportes, el componente humano continúa siendo un factor constante en incidentes.
El cuarto punto —y uno de los más relevantes de la charla— es pasar de “darse cuenta cuando ya se cayó” a anticipar degradaciones. Ahí entran modelos de observabilidad y AIOps (analítica aplicada a operaciones): detectar patrones anómalos, saturaciones y señales tempranas para intervenir antes de que el servicio se interrumpa. En economía digital, ese margen de anticipación es el que permite que la continuidad sea una capacidad real y no una aspiración.
“La diferencia la marca la disciplina: medir, monitorear y probar recuperación. No se trata de sumar herramientas, sino de operar con inteligencia para reducir interrupciones y acortar el tiempo de vuelta cuando algo falla”, agregó el ejecutivo.
Panamá ya está viendo el crecimiento de su economía digital en cifras. El siguiente paso es menos visible, pero determinante: fortalecer la infraestructura que sostiene pagos, comercio y servicios para que la operación no dependa de la suerte cuando hay picos de demanda, errores o ataques. La digitalización solo escala si también escala la confianza.

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