Cuchi De La Guardia tiene un nicho en Panamá
Publicado 2000/11/06 00:00:00
- Yessika Valdés
Sea que se trate de un evento chico o uno de mayor magnitud, cuando de decoración y detalles como las flores, manteles, vajilla y otros que hacen la diferencia e inolvidable la estancia de quienes asisten a la actividad, llámesele boda, recepción, té, presentación de productos, concursos, en fin, el toque de distinción lo ha puesto Gloria de De La Guardia- conocida como Cuchi De La Guardia- y su equipo de colaboradores/as.
Con más de 20 años en estas faenas, ya tiene un nicho en el mercado nacional y sus servicios gozan de gran demanda, al punto de que no le queda mucho tiempo para sentarse en una mecedora a recordar los años idos y acunar algún nieto o alguna nieta.
"Me entrego en alma y corazón a todo evento. Para mí no hay cliente grande ni pequeño. Todos son importantes y trato de que queden satisfechos y de hacerles un trabajo profesional y bien lindo", expresa complacida durante amena tertulia en su residencia, cuya sala de estar y cocina en muchas ocasiones se han convertido en talleres de trabajo en donde hay que confeccionar desde los arreglos florales hasta preparar deliciosos bocadillos, entremeses o dulces para bodas, quinceaños u otra actividad.
No es precisamente que la Sra. Carmen De La Guardia haya estudiado educación para el hogar u otra carrera similar, sino que un día una amiga le pidió que le decorara un evento y así se corrió la voz y poco a poco quedó haciendo cattering para eventos grandes, medianos y pequeños.
¿Las ideas?, surgen, producto de la observación, de sugerencias de amistades, de la lectura de los libros de la reconocida norteamericana Martha Stuart, de sus viajes que le son muy útiles también para abastecerse de vajillas, adornos, manteles y otros materiales que le servirán para lucirse, satisfacer y superar las expectativas de su selecta clientela que a través de los años le sigue siendo fiel porque le gusta su dedicación, estilo, exquisito sentido del buen gusto, atención, relaciones humanas y dotes de liderazgo en este campo.
Ella cuenta con todo el equipo que necesita para una fiesta completa. "Cuando hago comida me gusta hacer las flores", dice.
Mensualmente tiene un promedio de tres bodas.
Su equipo humano de apoyo varía entre seis personas y nueve, dependiendo de la dimensión del evento. Por ejemplo, dice, "para la toma de posesión de la Presidenta tuve a 100 personas trabajando". También sus servicios fueron contratados para la transición del Canal de Panamá.
Fue muy importante para ella tener el apoyo de Jaime Rodríguez, quien hizo las estructuras en ambos eventos. Tuvieron que hacerlo todo en veinticuatro horas, cuando la transición, porque ATLAPA estaba ocupado con una feria, relata, a la vez que llama la atención sobre la falta de locales grandes en Panamá. No le gusta hacer las cosas a la ligera, de manera improvisada, sino en forma organizada, bien planificada. "Lo que yo hago me gusta hacerlo bien", manifiesta.
AHORA TRABAJA EN LA CUMBRE DE PRESIDENTES
Disfruta creando en comidas y en decoración. "Para mí no hay evento grande ni pequeño, ni cliente grande ni pequeño. Me ajusto a las necesidades y presupuesto de mis clientes y trato de brindarles un servicio de calidad y que los satisfaga a plenitud", dijo, y añadió que siempre anda en busca de ideas innovadoras.
Es obligante estar al día, ser creativa y escuchar las ideas de todos hasta de los propios clientes, puesto que el panameño se ha sofisticado mucho, viaja bastante y viene con sugerencias.
"Todos mis clientes para mi son importantes. Les pregunto: "¿tú qué quieres?" Y me voy adaptando. Es lo más importante y dedicarle el mayor tiempo y cariño al evento".
En los veinte años que lleva decorando eventos ha notado que la clase media es la que más gasta en bodas. Y, como sabe que esas personas están haciendo un sacrificio y quiere que todo le quede muy lindo, ella se esmera al máximo por contribuir a que así sea.
Recuerda otrora, cuando los matrimonios eran más sencillos, no había tantos hoteles ni locales y se hacían en las casas. Y había que sacar la vajilla y limpiar la platería y los candelabros. Ahora ya nadie quiere hacer nada. Si tienen cómo pagarlo prefieren que le hagan las cosas. Entonces es muy común que sus clientes le digan: "¨Pónme todo". Y he allí porqué ella se lo pasa comprando cosas cada vez que viaja. Para tener cosas diferentes.
Durante la entrevista, a la que asistimos con la -----, quien realizó una consultoría para Editora Panamá América, S. A., por un lapso de dos semanas, ambas comenzaron a intercambiar impresiones sobre las diferencias entre una boda en Panamá y otra en Nueva York, donde reside la periodista visitante.
En los Estados Unidos algunas veces son bufetes, pero, por lo general son cenas en donde se le sirve la comida a las personas en la mesa.
Aquí todos son buffettes, dijo la Sra. De La Guardia, por cuanto, explicó, se necesita arreglar más: la mesa del buffette, los manteles, la mesa especial del dulce, mesa para licores, etc.
Entonces, como ella quiere mantenerse a la vanguardia en su campo, "tomo ideas de los libros de Marth a Stuart. Ha revolucionado todo esto con sus libros maravillosos con estas ideas. Es de un ingenio increíble, sumamente talentosa. Es una gurú. Tengo todos sus libros. Cojo ideas de aquí y de allá".
A nuestra interlocutora no le preocupa la competencia. Pues, manifiesta, "hay para todas. Cada una tiene su estilo propio".
Cuando estamos a unos pasos del vestíbulo, esta elegante dama muy orgullosa nos muestra una pintura de su abuelo Don Juan Demóstenes Arosemena, obra del famoso pintor Roberto Lewis.
Es una reciente adquisición suya que mandó a restaurar. A pesar de que recuerda haberla visto en su casa, en La Marina, frente a la Presidencia, cuando era niña, fue hace dos meses que la recuperó.
Luego, también muy complacida, nos muestra fotos de su familia.
Ella tiene cuatro hijas y cinco nietos. "Me siento muy satisfecha con lo que soy no solamente a nivel de mi trabajo, sino también de mi familia.
Me seguiré dedicando a esto mientras pueda, porque me encanta mi trabajo y llena mucho mi vida., sino sería un abuelita más que estaría sentada en una mecedora".
Con más de 20 años en estas faenas, ya tiene un nicho en el mercado nacional y sus servicios gozan de gran demanda, al punto de que no le queda mucho tiempo para sentarse en una mecedora a recordar los años idos y acunar algún nieto o alguna nieta.
"Me entrego en alma y corazón a todo evento. Para mí no hay cliente grande ni pequeño. Todos son importantes y trato de que queden satisfechos y de hacerles un trabajo profesional y bien lindo", expresa complacida durante amena tertulia en su residencia, cuya sala de estar y cocina en muchas ocasiones se han convertido en talleres de trabajo en donde hay que confeccionar desde los arreglos florales hasta preparar deliciosos bocadillos, entremeses o dulces para bodas, quinceaños u otra actividad.
No es precisamente que la Sra. Carmen De La Guardia haya estudiado educación para el hogar u otra carrera similar, sino que un día una amiga le pidió que le decorara un evento y así se corrió la voz y poco a poco quedó haciendo cattering para eventos grandes, medianos y pequeños.
¿Las ideas?, surgen, producto de la observación, de sugerencias de amistades, de la lectura de los libros de la reconocida norteamericana Martha Stuart, de sus viajes que le son muy útiles también para abastecerse de vajillas, adornos, manteles y otros materiales que le servirán para lucirse, satisfacer y superar las expectativas de su selecta clientela que a través de los años le sigue siendo fiel porque le gusta su dedicación, estilo, exquisito sentido del buen gusto, atención, relaciones humanas y dotes de liderazgo en este campo.
Ella cuenta con todo el equipo que necesita para una fiesta completa. "Cuando hago comida me gusta hacer las flores", dice.
Mensualmente tiene un promedio de tres bodas.
Su equipo humano de apoyo varía entre seis personas y nueve, dependiendo de la dimensión del evento. Por ejemplo, dice, "para la toma de posesión de la Presidenta tuve a 100 personas trabajando". También sus servicios fueron contratados para la transición del Canal de Panamá.
Fue muy importante para ella tener el apoyo de Jaime Rodríguez, quien hizo las estructuras en ambos eventos. Tuvieron que hacerlo todo en veinticuatro horas, cuando la transición, porque ATLAPA estaba ocupado con una feria, relata, a la vez que llama la atención sobre la falta de locales grandes en Panamá. No le gusta hacer las cosas a la ligera, de manera improvisada, sino en forma organizada, bien planificada. "Lo que yo hago me gusta hacerlo bien", manifiesta.
AHORA TRABAJA EN LA CUMBRE DE PRESIDENTES
Disfruta creando en comidas y en decoración. "Para mí no hay evento grande ni pequeño, ni cliente grande ni pequeño. Me ajusto a las necesidades y presupuesto de mis clientes y trato de brindarles un servicio de calidad y que los satisfaga a plenitud", dijo, y añadió que siempre anda en busca de ideas innovadoras.
Es obligante estar al día, ser creativa y escuchar las ideas de todos hasta de los propios clientes, puesto que el panameño se ha sofisticado mucho, viaja bastante y viene con sugerencias.
"Todos mis clientes para mi son importantes. Les pregunto: "¿tú qué quieres?" Y me voy adaptando. Es lo más importante y dedicarle el mayor tiempo y cariño al evento".
En los veinte años que lleva decorando eventos ha notado que la clase media es la que más gasta en bodas. Y, como sabe que esas personas están haciendo un sacrificio y quiere que todo le quede muy lindo, ella se esmera al máximo por contribuir a que así sea.
Recuerda otrora, cuando los matrimonios eran más sencillos, no había tantos hoteles ni locales y se hacían en las casas. Y había que sacar la vajilla y limpiar la platería y los candelabros. Ahora ya nadie quiere hacer nada. Si tienen cómo pagarlo prefieren que le hagan las cosas. Entonces es muy común que sus clientes le digan: "¨Pónme todo". Y he allí porqué ella se lo pasa comprando cosas cada vez que viaja. Para tener cosas diferentes.
Durante la entrevista, a la que asistimos con la -----, quien realizó una consultoría para Editora Panamá América, S. A., por un lapso de dos semanas, ambas comenzaron a intercambiar impresiones sobre las diferencias entre una boda en Panamá y otra en Nueva York, donde reside la periodista visitante.
En los Estados Unidos algunas veces son bufetes, pero, por lo general son cenas en donde se le sirve la comida a las personas en la mesa.
Aquí todos son buffettes, dijo la Sra. De La Guardia, por cuanto, explicó, se necesita arreglar más: la mesa del buffette, los manteles, la mesa especial del dulce, mesa para licores, etc.
Entonces, como ella quiere mantenerse a la vanguardia en su campo, "tomo ideas de los libros de Marth a Stuart. Ha revolucionado todo esto con sus libros maravillosos con estas ideas. Es de un ingenio increíble, sumamente talentosa. Es una gurú. Tengo todos sus libros. Cojo ideas de aquí y de allá".
A nuestra interlocutora no le preocupa la competencia. Pues, manifiesta, "hay para todas. Cada una tiene su estilo propio".
Cuando estamos a unos pasos del vestíbulo, esta elegante dama muy orgullosa nos muestra una pintura de su abuelo Don Juan Demóstenes Arosemena, obra del famoso pintor Roberto Lewis.
Es una reciente adquisición suya que mandó a restaurar. A pesar de que recuerda haberla visto en su casa, en La Marina, frente a la Presidencia, cuando era niña, fue hace dos meses que la recuperó.
Luego, también muy complacida, nos muestra fotos de su familia.
Ella tiene cuatro hijas y cinco nietos. "Me siento muy satisfecha con lo que soy no solamente a nivel de mi trabajo, sino también de mi familia.
Me seguiré dedicando a esto mientras pueda, porque me encanta mi trabajo y llena mucho mi vida., sino sería un abuelita más que estaría sentada en una mecedora".

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