DIORAMA-Diciembre en ArteConsult
Publicado 2000/12/10 00:00:00
- Luis Trujillo
Las muestras simultáneas de Braulio Matos y de Tabo Toral reciben y despiden el mes de diciembre en ArteConsult. "Códigos Espirituales" (Matos) reune doce óleos, retablos de seres fantásticos y ricos en imaginería nos apuntan hacia nuevos rumbos en la obra de esta joven artista chorrerano de las más recientes promociones en Panamá. "Las Trece Sillas" (Toral) . trabajos sobre papel, siguiendo de cerca la lecciión de Ionesco, continúa en su manejo arquetípico de la línea y el chorreado que pareciera ser, en su caso, una constante formal del artista chiricanos. Ambas muestras permanecerán hasta la primere semana del 200l.
CRITICA LITERARIA
Alvaro López Blanco: "El olor de la tierra" (Editora Sibauste, S.A. Panamá, Panamá)
En un ambiente literario como el panameño, tal pareciera definido en estas últimas décadas a partir de la variable rectora del "dime cuántos premios has merecido y te diré si eres quién ", sorprende y maravilla esta primera novela de alguien que no se justifica en el hecho de ser merecedor de un premio literario en el patio. Mismo que sin embargo captura nuestro interés y atención por la espontaneidad de su humor y por un texto en el cual se hace evidente el dominio de técnicas narrativas que otros y otras con una hoja de vida "estelar" en cuanto a galardones se refiere, aún no dominan y todavía persiguen y trastabillan con evidentes tropiezos y caídas. En la solapa del libro y a manera de carta de presentación López Blanco nos aclara que es ""lector y humorista con inquietudes literarias" y que solamente espera que quien lo lea "disfrute tanto como él disfrutó al escribirlo". Quizá esta nota, para no pocos (as) definida por la ingenuidad, sea lo que explique el interés que despierta "El olor de la tierra". No es una novela escrita a partir de juegos y rejuegos formales y estilísticos sino antes bien ha sido una escrita, teniendo en mente a las personas que la vayan a leer..
Es decir es una novela cuyo razón de ser, desde sus primeras líneas, es contar una historia entretenida y amena, antes que contar una historia con los ánimos puestos en deslumbrar al lector o lectora con la técnica o la manera cómo se le cuenta una historia. "El olor de la tierra" se aboca hacia un relato novelesco sencillo y simple y da la espalda al relato novelesco rebuscado y pretencioso en cuanto a sorprendernos y maravillarnos en cuánto sabe el narrador en cuanto a técnicas narrativas. Por decir lo menos ésa es una actitud que en nuestro medio literario de estas últimas décadas es una hazaña en la cual no ha incurrido nuestros nombres, reiteramos, premiados y destacados y reconocidos como novelistas. Y lo es por tres razones, entre tantas otras que le destacaríamos.
Primera de las tres razones, la novela de López Blanco rebasa esa aparente sencillez y simplicidad en la cual pareciera enmarcarse. "El olor de la tierra" nos construye, nos desarrolla una anécdota sencilla que va más allá: la historia de "Lidio Gutiérrez Rodríguez" está enmarcada en aproximadamente 50 años del acontecer social y político de nuestro país. El personaje nace cuando las mujeres votaron por primera vez en Panamá, bajo el mandato de Ricardo Adolfo de la Guardia, y en momentos en momentos en los cuales los trabajos extras en la zona del Canal habían cesado y "muchos panameños se estaban comiendo un cable" y muere el 20 de diciembre de 1989 frente al hotel Marriot al enfrentarse a soldados norteamericanos quienes "pedían a los soldados norieguistas que se rindieran".
Segunda de las tres razones, la novela de López Blanco esta construida en torno a la figura ficcional de "Lidio Gutiérrez Rodríguez", este panameño, y lo que le sucede a lo largo de esos años y al mismo nos devela que esa historia existencial es una excusa, sobre todo en los momentos postreros, para evocar otra figura, ésta real: la Don Alvaro López Pérez, su llegada a Panamá, su matrimonio con Herminia Blanco, sus esfuerzos para salir adelante. Alvaro López Pérez forma parte de esa historia existencial de "Lidio" y es él quien era como una especie de "consciencia" va creando un modelo existencial, paradigmático que si bien "Lidio" no alcanza a entender del todo, sí valora como el padre a quien nunca conoció. Alvaro López Blanco, es el padre de Alvaro López Blanco y es homenajeado en el epílogo, jueves l3 de mayo de 1999 por parte de la alcaldía capitalina y en la plaza, que lleva su nombre, en el Aeropuerto Internacional de Tocumen. La novela, casi a las finales, explica su justificación al mencionar que "Entonces lo comprendió todo. Su papá o Lidio o ambos le estaban pidiendo que escribiera la historia de Lidio Gutiérrez Rodríguez para que, finalmente, pudiera ser perdonado. Sería el mejor tributo que podría brindarle a la memoria de su padre quien, con su ejemplo. Le dio a este panameño la oportunidad de morir en paz".
Estos dos ejes, estas dos vidas, las entrecruza el novelista de manera magistral. Tanto así que nunca nos da la pista de que a las finales, la una va a justificar a la otra o que el relato de una vida se da porque es también el relato de la otra vida. Son como dos momentos que a lo largo de la novela se desarrollan de forma aislada y que se unen a las finales en una sola. Aquí también el recurso del narrador omnispresente de "El olor de la tierra" y que se justifica a las finales dado que es él quien da tributo al personaje, aparentemente de ficción, "Lidio"y al personaje de la realidad que es ficcionalizado, Alvaro López Pérez. En este momento la madeja narrativa que suponíamos integrarnos una novela, nos integra una crónica.
Tercero, porque la novela asume como protagonista a Lidio, partir de esta dualidad, como un antihéroe. Es decir como un ente que desde los inicios esta marcado no solamente por la contradicción sino también por la derrota. López Blanco es implacable y asume a "Lidio" dentro de circunstancias siempre trágicas, mismas que culminan con el hecho de que asesina a su hijo, a quien nunca había visto dado que su madre salió del país, embarazada y sin decírselo a nadie, sin saber que éste sea hijo suyo, siguiendo las instrucciones que el respecto le da Manuel Antonio Noriega (sic.) para realizar el tumbe de unos estupefacientes. A lo largo de la novela, López Blanco es fiel a esta visión de su protagonista y lo observa de manera inmisericorde: siempre en extremos de violencia que el mismo personaje no define como tales sino que las enfrenta, las situaciones, a partir de su humanidad elemental que es casi como una humanidad bestial es decir instintiva. Esto vale la pena destacar en un contexto dentro del cual han sido escasos los intentos de crear ani-héroes, personajes perdedores desde un primer momento hasta el final. Y es que de revisar nuestros nonmbres más representativos, al respecto, encontraríamos como gran parte de ellos serían anti-héroes a medias y nunca del todo.
En el caso de "El olor de la tierra" -nombre asumido en el hecho que "Lidio" , aún al momento de su muerte, era de la idea de que morder la tierra, saborear la tierra, paladearla y sentir su olor, era una forma de conocer en dónde estaba y quien era dado que siempre extraño y sentía ese olor de su tierra de Antón- la posición de anti-héroe quizá se justificaría en que el contraponer su propia "vida" a la "vida" de Alvaro López Pérez, saltaba esta segunda como ejemplar y como una en la cual el personaje va construyendo su vida a diferencia de "Lidio" quien a la inversa es víctima de sus circunstancias, mismas que nunca puede controlar ni mucho menos dominar.
CRITICA LITERARIA
Alvaro López Blanco: "El olor de la tierra" (Editora Sibauste, S.A. Panamá, Panamá)
En un ambiente literario como el panameño, tal pareciera definido en estas últimas décadas a partir de la variable rectora del "dime cuántos premios has merecido y te diré si eres quién ", sorprende y maravilla esta primera novela de alguien que no se justifica en el hecho de ser merecedor de un premio literario en el patio. Mismo que sin embargo captura nuestro interés y atención por la espontaneidad de su humor y por un texto en el cual se hace evidente el dominio de técnicas narrativas que otros y otras con una hoja de vida "estelar" en cuanto a galardones se refiere, aún no dominan y todavía persiguen y trastabillan con evidentes tropiezos y caídas. En la solapa del libro y a manera de carta de presentación López Blanco nos aclara que es ""lector y humorista con inquietudes literarias" y que solamente espera que quien lo lea "disfrute tanto como él disfrutó al escribirlo". Quizá esta nota, para no pocos (as) definida por la ingenuidad, sea lo que explique el interés que despierta "El olor de la tierra". No es una novela escrita a partir de juegos y rejuegos formales y estilísticos sino antes bien ha sido una escrita, teniendo en mente a las personas que la vayan a leer..
Es decir es una novela cuyo razón de ser, desde sus primeras líneas, es contar una historia entretenida y amena, antes que contar una historia con los ánimos puestos en deslumbrar al lector o lectora con la técnica o la manera cómo se le cuenta una historia. "El olor de la tierra" se aboca hacia un relato novelesco sencillo y simple y da la espalda al relato novelesco rebuscado y pretencioso en cuanto a sorprendernos y maravillarnos en cuánto sabe el narrador en cuanto a técnicas narrativas. Por decir lo menos ésa es una actitud que en nuestro medio literario de estas últimas décadas es una hazaña en la cual no ha incurrido nuestros nombres, reiteramos, premiados y destacados y reconocidos como novelistas. Y lo es por tres razones, entre tantas otras que le destacaríamos.
Primera de las tres razones, la novela de López Blanco rebasa esa aparente sencillez y simplicidad en la cual pareciera enmarcarse. "El olor de la tierra" nos construye, nos desarrolla una anécdota sencilla que va más allá: la historia de "Lidio Gutiérrez Rodríguez" está enmarcada en aproximadamente 50 años del acontecer social y político de nuestro país. El personaje nace cuando las mujeres votaron por primera vez en Panamá, bajo el mandato de Ricardo Adolfo de la Guardia, y en momentos en momentos en los cuales los trabajos extras en la zona del Canal habían cesado y "muchos panameños se estaban comiendo un cable" y muere el 20 de diciembre de 1989 frente al hotel Marriot al enfrentarse a soldados norteamericanos quienes "pedían a los soldados norieguistas que se rindieran".
Segunda de las tres razones, la novela de López Blanco esta construida en torno a la figura ficcional de "Lidio Gutiérrez Rodríguez", este panameño, y lo que le sucede a lo largo de esos años y al mismo nos devela que esa historia existencial es una excusa, sobre todo en los momentos postreros, para evocar otra figura, ésta real: la Don Alvaro López Pérez, su llegada a Panamá, su matrimonio con Herminia Blanco, sus esfuerzos para salir adelante. Alvaro López Pérez forma parte de esa historia existencial de "Lidio" y es él quien era como una especie de "consciencia" va creando un modelo existencial, paradigmático que si bien "Lidio" no alcanza a entender del todo, sí valora como el padre a quien nunca conoció. Alvaro López Blanco, es el padre de Alvaro López Blanco y es homenajeado en el epílogo, jueves l3 de mayo de 1999 por parte de la alcaldía capitalina y en la plaza, que lleva su nombre, en el Aeropuerto Internacional de Tocumen. La novela, casi a las finales, explica su justificación al mencionar que "Entonces lo comprendió todo. Su papá o Lidio o ambos le estaban pidiendo que escribiera la historia de Lidio Gutiérrez Rodríguez para que, finalmente, pudiera ser perdonado. Sería el mejor tributo que podría brindarle a la memoria de su padre quien, con su ejemplo. Le dio a este panameño la oportunidad de morir en paz".
Estos dos ejes, estas dos vidas, las entrecruza el novelista de manera magistral. Tanto así que nunca nos da la pista de que a las finales, la una va a justificar a la otra o que el relato de una vida se da porque es también el relato de la otra vida. Son como dos momentos que a lo largo de la novela se desarrollan de forma aislada y que se unen a las finales en una sola. Aquí también el recurso del narrador omnispresente de "El olor de la tierra" y que se justifica a las finales dado que es él quien da tributo al personaje, aparentemente de ficción, "Lidio"y al personaje de la realidad que es ficcionalizado, Alvaro López Pérez. En este momento la madeja narrativa que suponíamos integrarnos una novela, nos integra una crónica.
Tercero, porque la novela asume como protagonista a Lidio, partir de esta dualidad, como un antihéroe. Es decir como un ente que desde los inicios esta marcado no solamente por la contradicción sino también por la derrota. López Blanco es implacable y asume a "Lidio" dentro de circunstancias siempre trágicas, mismas que culminan con el hecho de que asesina a su hijo, a quien nunca había visto dado que su madre salió del país, embarazada y sin decírselo a nadie, sin saber que éste sea hijo suyo, siguiendo las instrucciones que el respecto le da Manuel Antonio Noriega (sic.) para realizar el tumbe de unos estupefacientes. A lo largo de la novela, López Blanco es fiel a esta visión de su protagonista y lo observa de manera inmisericorde: siempre en extremos de violencia que el mismo personaje no define como tales sino que las enfrenta, las situaciones, a partir de su humanidad elemental que es casi como una humanidad bestial es decir instintiva. Esto vale la pena destacar en un contexto dentro del cual han sido escasos los intentos de crear ani-héroes, personajes perdedores desde un primer momento hasta el final. Y es que de revisar nuestros nonmbres más representativos, al respecto, encontraríamos como gran parte de ellos serían anti-héroes a medias y nunca del todo.
En el caso de "El olor de la tierra" -nombre asumido en el hecho que "Lidio" , aún al momento de su muerte, era de la idea de que morder la tierra, saborear la tierra, paladearla y sentir su olor, era una forma de conocer en dónde estaba y quien era dado que siempre extraño y sentía ese olor de su tierra de Antón- la posición de anti-héroe quizá se justificaría en que el contraponer su propia "vida" a la "vida" de Alvaro López Pérez, saltaba esta segunda como ejemplar y como una en la cual el personaje va construyendo su vida a diferencia de "Lidio" quien a la inversa es víctima de sus circunstancias, mismas que nunca puede controlar ni mucho menos dominar.

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