Protagonismo de las sombras
- Yessika Valdés
Xavier Ribas y otros invitan a buscar realidades ocultas. Acompañemos a los artistas en esta cacería.
En las reflexiones de Emilia Pardo Bazán, que aparecen al inicio del catálogo de "Cazadores de sombra", muestra fotográfica que se exhibe en el Museo de Arte Contemporáneo, MAC, cuando ella habla del rey Artasar y relata la historia de cómo siendo pequeño en estatura y grande en vanidad, aprendió a ser humilde y fue entonces cuando descubrió que más pesa el alma que el cuerpo y que son los actos y no la apariencia del ser humano lo que lo engrandece o empequeñece.
El rey, relata Pardo Bazán, sufrió por sentir que pese a su inmenso poder no podía agregar realmente ninguna pulgada a su estatura física, aunque lo intentó valiéndose de "un calzado de suelas múltiples y una especie de monumental tiara", entonces, era objeto de burla, porque la sombra que proyectaba era grotesca. Finalmente, tras aislarse, halló en la soledad la paz.
"Y así que dejó de preocuparse de cómo era su sombra, recobró la tranquilidad del espíritu, la calma del corazón, la alegría de las horas serenas y felices. ¿Qué le importaba su sombra? ¿Acaso la sombra le impedía disfrutar del ruido del agua, de la frescura de las enramadas, de los acordes de las cítaras, de los ojos de gacela y los labios de miel de las cautivas? ¿Acaso le vedaba el goce del estudio, la plenitud intelectual? Un día Artasar recordó, miró a su sombra... y se reconcilió con ella; ya no era irónica, ya no le humillaba: aquella sombra se parecía a todas; era una sombra inofensiva, natural; una sombra buena...".
Entonces él creció, encontró verdades profundas, superó su inseguridad y fue capaz de sentenciar, como escribió Pardo Bazán: "Cuando andamos entre los hombres no existimos sino por el tamaño de nuestra sombra. Cuando nos retiramos, nos hace vivir la capacidad de nuestra alma". Se trata de una bella historia para meditar.
Más adelante en la publicación-catálogo de "Cazadores de Sombra", la curadora de la muestra, Rosa Olivares, bajo el título "El cuerpo del alma" afirma: "Esa sombra huidiza simboliza también lo imprescindible, la indefinido. Sus límites son cambiantes, su figura, imprecisa. No tiene señas de identidad, rasgos que la distingan, excepto que acompaña a un cuerpo, a un objeto sólido al que completa de una forma misteriosa, pues, que sepamos, no le aporta nada pero su ausencia...su ausencia desata males incontables, desgracias que llevan al hombre a la soledad y al aislamiento, a la muerte y siempre al desasosiego de la pérdida ("las personas decentes suelen llevar su sombra consigo cuando van al sol"). aunque lo perdido no se define ni cuantifica".
Añade que "no es la sombra, un personaje habitual en la historia de las Bellas Artes..."
Escudados en su sombra, las cosas y la gente que han capturado con su lente estos 16 fotógrafos, nos muestran otras caras, otras facetas de lo que son y lo que significan. O, al menos, otros aspectos o detalles de lo que pueden parecer o cómo pueden verse cuando la luz no está del todo con ellos. Esos claroscuros , aun en los rostros de ojos cerrados, pensativos, que miran hacia adentro en una reflexión o un momento de relajación, nos abren la visión de la imaginación, para que intentemos una empatía con sus dueños, que quizás mientras realizan ese viaje interior vuelven a nacer como el rey Artasar de la nota introductoria de Emilia Pardo Bazán, que con el excelente escrito de Rosa Olivares muestra que más allá de lo que capta el lente, hay otras historias, verdades, sensaciones, encuentros y desencuentros de los dueños de las sombras que podrán apreciar en el Museo de Arte Contemporáneo, MAC, hasta el 7 de diciembre.

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