Un árbol muy popular
Publicado 2006/12/03 00:00:00
- REDACCION
AUNQUE muchas personas creen que el árbol de navidad es de origen romano, la verdad es que vino de mucho más lejos. Los antiguos egipcios celebraban el fin de año con una ceremonia en que llevaban una penca de palma que tenía doce hojas. Cada hoja representaba un mes del año. Al terminarse la ceremonia, encendían la punta de cada hoja y apilándolas todas en forma de pirámide formaban una hoguera en honor del dios Tor.
Aquella costumbre pagana fue variando hasta llegar el árbol de Navidad de nuestros días.
Parece ser que la costumbre del árbol de Navidad nació en Alemania, en la primera mitad del siglo VIII. Estando predicando el misionero británico San Bonifacio un sermón, el día de Navidad, a unos druidas alemanes para convencerles de que el roble no era ni sagrado ni inviolable, el "Apóstol de los alemanes" derribó uno. El árbol al caer fue destrozando todos los arbustos excepto un pequeño abeto. San Bonifacio, interpretó la supervivencia del arbolito como un milagro, concluyendo su sermón: "Llamémosle el árbol del Niño Dios". Los años siguientes los cristianos celebraron las Navidades plantando abetos. En el siglo XVI se decoraban los abetos en Alemania para festejar la Navidad; en España no alcanzó popularidad hasta mediados del presente siglo.
El arbolito de Navidad tiene como función- en el lugar donde se encuentre- hacer de antena receptora de todas aquellas energías y emociones positivas que se generan en el mundo.
Por ser parte directa de la Naturaleza tiene la gran capacidad de atraer hacia él todo aquello que por naturaleza le pertenezca. Aun cuando se piense que es agresiva, no es así: la Naturaleza por ley es absolutamente positiva.
Para que nuestro arbolito sea capaz de generar y atraer estas energías es necesario hablarle y darle la bienvenida a nuestro lado y con nuestra familia, pues por un tiempo será parte de ella.
Al hacer esto establecemos una especie de comunicación en la cual le pediremos que sea el puente para que todo aquello que nuestras vidas necesiten llegue.
Aquella costumbre pagana fue variando hasta llegar el árbol de Navidad de nuestros días.
Parece ser que la costumbre del árbol de Navidad nació en Alemania, en la primera mitad del siglo VIII. Estando predicando el misionero británico San Bonifacio un sermón, el día de Navidad, a unos druidas alemanes para convencerles de que el roble no era ni sagrado ni inviolable, el "Apóstol de los alemanes" derribó uno. El árbol al caer fue destrozando todos los arbustos excepto un pequeño abeto. San Bonifacio, interpretó la supervivencia del arbolito como un milagro, concluyendo su sermón: "Llamémosle el árbol del Niño Dios". Los años siguientes los cristianos celebraron las Navidades plantando abetos. En el siglo XVI se decoraban los abetos en Alemania para festejar la Navidad; en España no alcanzó popularidad hasta mediados del presente siglo.
El arbolito de Navidad tiene como función- en el lugar donde se encuentre- hacer de antena receptora de todas aquellas energías y emociones positivas que se generan en el mundo.
Por ser parte directa de la Naturaleza tiene la gran capacidad de atraer hacia él todo aquello que por naturaleza le pertenezca. Aun cuando se piense que es agresiva, no es así: la Naturaleza por ley es absolutamente positiva.
Para que nuestro arbolito sea capaz de generar y atraer estas energías es necesario hablarle y darle la bienvenida a nuestro lado y con nuestra familia, pues por un tiempo será parte de ella.
Al hacer esto establecemos una especie de comunicación en la cual le pediremos que sea el puente para que todo aquello que nuestras vidas necesiten llegue.

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