Una vida entre boleros
Publicado 2006/10/21 23:00:00
- Annette Hinestroza V.
La "Dama del Bolero" abandonó este mundo hace pocos días, pero su leyenda persiste en cada nota que del cadencioso compás se interprete, en Panamá y en el mundo. Su ausencia no representa el final del ritmo que como el romance mismo ¡no pasa de moda!
ALAS NUEVAS GENERACIONES que no hicieron del bolero su aliado en la conquista o el despecho, no les basta con saber que una gran exponente de este ritmo, Marta Estela Paredes, dejó este mundo el 14 de octubre. Ellos "deben" saber quién fue "La Dama del Bolero".
Las últimas palabras del párrafo anterior, son de Don Julio, un jubilado de "más de 60" quien ahora maneja su propio taxi. Nada lo delataba como fanático de la intérprete del cadencioso ritmo, hasta que tuvo que responder a la pregunta "¿escuchaba las canciones de Marta Estela Paredes?"
"Cómo no" afirmó, y acto seguido, comenzó a entonar un estribillo, de sencillas palabras, pero de contagioso compás: "Tilín, tilín, tilán
oye que bonito es el tilín/de mis campanitas de cristal", para luego explicar como el tema evocaba a la leyenda de la música panameña. Antes de bajar del taxi, Don Julio pidió le fuese cumplido un encargo, escribir de "Martita" -quien bajaba de la tarima a agradecer a su público- para que los más jóvenes supieran de ella. Hoy, le tomamos la palabra.
Es vano pensar que todo está dicho sobre una leyenda, pasa igual con Marta Estela Paredes, "La Dama del Bolero" panameña, quien a temprana edad encontró en el bolero a un fiel compañero, separados "sólo por la muerte", como Dios manda.
Nació en la ciudad de Panamá en julio de 1927 y 12 años después escapaba a sus padres para cantar en programas radiales, usando un pseudónimo, claro está, sabiendo que luego asumiría las consecuencias de este acto. ¿Cómo harían sus progenitores para no reconocer aquella voz grave e inigualable?
Su talento natural la hicieron candidata segura para integrar la reconocida orquesta "La Perfecta" que en la década de 1940 dirigía Armando Bosa, con la que recorrió el país, pero sin limitarse al territorio istmeño. En Venezuela le fue otorgado el premio Águila, en Nicaragua el Monje de Oro y en Cuba bien reconocen el nombre "Marta Estela Paredes".
En la tierra caribeña, el recuerdo de su música es vivo, tanto por su amistad con la célebre bolerista Olga Guillot, a quien conoció en una Teletón, como por su aporte a la música.
En el 2001, la productora cubana Gloria Predroso Garriga, ideó el documental "Las rondas de Marta Estela" en honor a la cantante y, por su puesto, al bolero.
En su país de origen, Panamá, "La Dama del Bolero" fue la primera fémina en presidir la Unión Nacional de Artistas, por decir sólo uno de sus notables logros.
El nuevo Milenio encontró a Marta Estela entre escenarios y a su público con la admiración de siempre, que el tiempo se encargó de convertir en devoción. En septiembre de 2001, fue invitada a un homenaje a Arturo "Chino" Hassán, donde tuvo que salir en dos ocasiones al escenario del Teatro Anayansi a saludar a un público que parecía "programado" sólo para prodigar ovaciones.
La Marta Estela de Julio, el conductor de taxi no nació en esta generación, pero también triunfó en ella. En diciembre de 2003, con un Panamá que aún respiraba la pólvora de las celebraciones del Centenario de la República, ganó el Festival de la Tamborera Ricardo Fábrega al interpretar el "Panamá, que linda eres" de Edna Bustamante.
Cualquiera pensaría que pasadas seis décadas desde que su carrera se impuso al control paternal, la sencillez y modestia eran cosa del pasado para Marta Estela Paredes; pero en aquel día en que fue galardonada por cantar la popular tamborera confesó a su público que sentía un "nerviosismo muy grande" y prosiguió con un "¡gracias por apoyarme!" confirmando que el canto fue su mayor talento y la sencillez su más grande virtud.
Las últimas palabras del párrafo anterior, son de Don Julio, un jubilado de "más de 60" quien ahora maneja su propio taxi. Nada lo delataba como fanático de la intérprete del cadencioso ritmo, hasta que tuvo que responder a la pregunta "¿escuchaba las canciones de Marta Estela Paredes?"
"Cómo no" afirmó, y acto seguido, comenzó a entonar un estribillo, de sencillas palabras, pero de contagioso compás: "Tilín, tilín, tilán
oye que bonito es el tilín/de mis campanitas de cristal", para luego explicar como el tema evocaba a la leyenda de la música panameña. Antes de bajar del taxi, Don Julio pidió le fuese cumplido un encargo, escribir de "Martita" -quien bajaba de la tarima a agradecer a su público- para que los más jóvenes supieran de ella. Hoy, le tomamos la palabra.
Es vano pensar que todo está dicho sobre una leyenda, pasa igual con Marta Estela Paredes, "La Dama del Bolero" panameña, quien a temprana edad encontró en el bolero a un fiel compañero, separados "sólo por la muerte", como Dios manda.
Nació en la ciudad de Panamá en julio de 1927 y 12 años después escapaba a sus padres para cantar en programas radiales, usando un pseudónimo, claro está, sabiendo que luego asumiría las consecuencias de este acto. ¿Cómo harían sus progenitores para no reconocer aquella voz grave e inigualable?
Su talento natural la hicieron candidata segura para integrar la reconocida orquesta "La Perfecta" que en la década de 1940 dirigía Armando Bosa, con la que recorrió el país, pero sin limitarse al territorio istmeño. En Venezuela le fue otorgado el premio Águila, en Nicaragua el Monje de Oro y en Cuba bien reconocen el nombre "Marta Estela Paredes".
En la tierra caribeña, el recuerdo de su música es vivo, tanto por su amistad con la célebre bolerista Olga Guillot, a quien conoció en una Teletón, como por su aporte a la música.
En el 2001, la productora cubana Gloria Predroso Garriga, ideó el documental "Las rondas de Marta Estela" en honor a la cantante y, por su puesto, al bolero.
En su país de origen, Panamá, "La Dama del Bolero" fue la primera fémina en presidir la Unión Nacional de Artistas, por decir sólo uno de sus notables logros.
El nuevo Milenio encontró a Marta Estela entre escenarios y a su público con la admiración de siempre, que el tiempo se encargó de convertir en devoción. En septiembre de 2001, fue invitada a un homenaje a Arturo "Chino" Hassán, donde tuvo que salir en dos ocasiones al escenario del Teatro Anayansi a saludar a un público que parecía "programado" sólo para prodigar ovaciones.
La Marta Estela de Julio, el conductor de taxi no nació en esta generación, pero también triunfó en ella. En diciembre de 2003, con un Panamá que aún respiraba la pólvora de las celebraciones del Centenario de la República, ganó el Festival de la Tamborera Ricardo Fábrega al interpretar el "Panamá, que linda eres" de Edna Bustamante.
Cualquiera pensaría que pasadas seis décadas desde que su carrera se impuso al control paternal, la sencillez y modestia eran cosa del pasado para Marta Estela Paredes; pero en aquel día en que fue galardonada por cantar la popular tamborera confesó a su público que sentía un "nerviosismo muy grande" y prosiguió con un "¡gracias por apoyarme!" confirmando que el canto fue su mayor talento y la sencillez su más grande virtud.

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