Panamá
Mujeres viven con emoción el paracaidismo, una adrenalina compartida
- Cristabel Escala
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- 10deportivo
Entre nervios, risas y adrenalina, las mujeres vivieron una experiencia en paracaídas que combinó valentía, camaradería y el deseo de atreverse a algo distinto.
Las chicas vivieron con emoción su salto en paracaidas. Foto: Cortesía
Las chicas vivieron con emoción su salto en paracaidas. Foto: Cortesía
Las chicas vivieron con emoción su salto en paracaidas. Foto: Cortesía
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El miedo estaba ahí. Se notaba en las miradas inquietas en las manos que no sabían dónde quedarse y en las risas nerviosas que intentaban disimularlo. Pero esa mañana de domingo, antes de que saliera el sol, 24 mujeres decidieron que la adrenalina sería más fuerte.
A las 6:00 a.m., la terminal de Albrook comenzó a llenarse de historias que apenas empezaban a escribirse. Algunas llegaban motivadas por vivir su primer salto; otras, por repetir una experiencia que ya les había cambiado la forma de ver el miedo.
No todas se conocían, pero compartían algo en común: las ganas de atreverse. El trayecto hacia Chame fue una mezcla de expectativa y complicidad que poco a poco fue rompiendo el hielo.
Hora y media después, el grupo llegó a la pista de paracaidismo, donde el cielo despejado parecía una invitación abierta. Allí fueron recibidas con una inducción y palabras de bienvenida que encendieron aún más la emoción.
Preparación previa
Antes del salto, la jornada tomó un giro distinto. Una sesión de zumba llenó el ambiente de música, risas y movimiento, ayudando a liberar tensiones y a fortalecer la camaradería entre las participantes.
Luego vinieron las instrucciones. Cómo colocar el cuerpo, hacia dónde inclinar la cabeza, cómo dejarse llevar. Cada detalle importaba. Justo antes de subir a la aeronave, les colocaron el arnés y el paracaídas, ajustando cada pieza con precisión.
En ese momento, el salto dejó de ser una idea y se convirtió en una realidad. El silencio previo marcó el instante en que el miedo y la decisión se encontraron cara a cara.
Algunas decidieron saltar juntas, buscando apoyo en otra mano. Otras enfrentaron el reto con determinación individual. Pero en todos los casos, el resultado fue el mismo: una caída libre cargada de adrenalina, el viento golpeando el rostro y una sensación de libertad difícil de describir.
Emociones desbordadas
"Es algo que hay que hacer una vez en la vida", comentó una de las participantes, aún con la voz entrecortada por la emoción, manifestó Clarisa Peralta, de 50 años.
Y hubo historias más profundas, como la de Edith, de 41 años, que tras recibir un diagnóstico médico de cáncer meses atrás, decidió apostar por vivir intensamente. Para ella, el salto fue más que una experiencia extrema: fue una declaración de vida.
Otra, que confesó temerle a las alturas, fue Deika Mendoza, de 21 años, aseguró que en el aire se sintió libre.
Entre abrazos, risas y relatos que se cruzaban unos con otros, el grupo celebró no solo haber saltado, sino haberlo hecho juntas.
Detrás de la experiencia estuvo la organizadora ammysupertramp, quien reunió al grupo con la intención de crear espacios donde más personas se animen a vivir este tipo de aventuras. Porque, al final, más allá del vértigo, queda la certeza de haber vencido un límite propio.

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