Panamá
Christiansen: Identidad, Luces y Sombras
- Juan Carlos Mas/jcamas@gmail.com/@Monimas11
Cuando Thomas Christiansen asumió el banquillo de Panamá en agosto de 2020, el desafío no era solo ganar partidos, sino transformar la mentalidad de una selección que vivía de la nostalgia de Rusia 2018. Seis años después, con el Mundial 2026 concluido para la selección nacional, el balance general es positivo. El técnico hispano-danés otorgó una identidad irrenunciable a la camiseta nacional: Panamá aprendió a plantar bandera en cualquier escenario del mundo.
El camino requirió templanza. Tras la dolorosa eliminación rumbo a Catar 2022, la dirigencia apostó por la continuidad y la recompensa llegó en noviembre de 2025. Tras superar baches y críticas lógicas en la fase grupal, el equipo mostró su jerarquía ganando en plazas históricamente prohibidas.
Bajo la dirección de Christiansen, se rompió el maleficio en territorio costarricense logrando algo impensable: ganar cuatro veces allí (dos amistosos y dos oficiales). Además, se sumaron victorias inéditas en eliminatorias visitando a Guatemala y El Salvador.
A nivel de torneos, el crecimiento fue incuestionable, alcanzando las finales de la Copa Oro 2023 y de la Nations League 24/25, además de unos históricos cuartos de final en la Copa América 2024.
En el Mundial de 2026, ante Inglaterra, Croacia y Ghana, Panamá compitió con máxima dignidad y orden, aunque se despidió sin puntos ni goles en su casillero.
Sin embargo, para un análisis justo, el éxito no debe cegar la autocrítica. A lo largo de este ciclo, el proceso evidenció marcadas asignaturas pendientes. En momentos de máxima presión, al estratega se le cuestionó una alarmante rigidez táctica y lentitud para realizar lecturas de partido sobre la marcha, demorando cambios evidentes cuando el rival descifraba su libreto.
A esto se sumó un reproche unánime: su capricho de marginar a futbolistas por el pecado de "no pertenecer al ciclo". Una postura inflexible que cerró las puertas a jóvenes talentos en gran momento, sacrificando la oportunidad de potenciar el banquillo con frescura y rebeldía.
Esta falta de variantes ofensivas efectivas y la alarmante carencia de contundencia siguieron siendo el talón de Aquiles, pagándose caro en la vitrina mundialista con un desgaste estéril: mucha posesión, pero sin profundidad ni pegada.
Christiansen cierra este periodo como el DT con más partidos en la historia de la selección. Su legado trasciende los resultados: cambió el ADN del futbolista local, priorizando el juego asociativo y la valentía táctica.
Hoy, Panamá ya no es una sorpresa física; es una selección respetada, con identidad propia, que sabe ganar afuera con autoridad, pero que aún debe pulir su madurez estratégica si aspira a consolidarse en la élite.

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