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El aroma de la palabra en tiempo y espacio

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Rosa María Britton está decidida a votar sí por la ampliación del canal.

Estima que es una obra de cien años que requiere ser remodelada, pero cree fundamentalmente en la capacidad de los trabajadores panameños para hacer maravillas.

Allí, en el canal, no queda un gringo, todos los que trabajan son panameños, nos dijo, tras recordar que en principio, cuando se habló de los embalses había decidido votar no, porque este país no resiste que le saquen más tierra, pero después de leer la propuesta me parece que es aceptable.

Antes de preguntarle por este tema que hoy por hoy domina el debate nacional, nuestra entrevistada nos hizo ver que de producirse la ampliación de la vía interoceánica, sería la primera vez que lo haríamos los panameños, no solo administrativamente sino en su construcción y financiamiento.

“…todo el mundo habla de nuestro canal, el canal lo construyeron extranjeros, lo pagaron extranjeros; esa parte se la tienen que tragar los panameños, porque ¿el canal lo hicimos nosotros? No, no, no; de 36 mil 400 obreros que trabajaron en el canal, solo trescientos y tantos eran panameños.

El canal lo construyeron extranjeros, la población de la provincia de Panamá en ese momento eran 90 mil habitantes, dijo.

La ampliación del canal solo fue uno de los temas sobre los que laureda escritora conversó con Semblanzas esta semana, porque, ginecóloga y oncóloga de profesión, en Rosa María se funden la responsabilidad por la disciplina que escogió con una constante preocupación por el entorno social e histórico.

Durante la entrevista no separó jamás una cosa de la otra.

Los conceptos que administra involucran no solo el hecho, sino el entorno; no solo el personaje sino las consecuencias que deja el medio en él: cómo actúa, qué hay debajo de la piel social o del rostro humano que ella encara.

Uno queda bajo la percepción de que ella no solo dialoga sino que está estructurando el discurso y la justificación de su próxima novela, con un lenguaje que la retrata de cuerpo enteró como una panameña estructural, leal e íntima con sus orígenes.

Se formó el lelé¸ o vino el revulú, o hubo un montonón, son términos que aparecen normales en esas cosas de las que ella habla, y que hace que más que un encuentro periodístico se desarrolle entre ella y su interlocutor, no una entrevista sino una charla amena que salta de un tema a otro sin perder su hilo conductor, su profundidad y una espiritualidad que ubica entre sus prioridades la preocupación por los niños los jóvenes y las muchachas, abusadas y desorientadas que hoy son caldo de desbordamientos sexuales.

Así, puede cuestionar el carácter insurrecto de los obreros panameños de la construcción, pero elogia con un orgullo visible y categórico los edificios que son capaces de hacer, con maestría y rapidez; rachaza por desinformada las tesis de que Panamá es una invención de Estados Unidos, pero reclama el agradecimiento que se debe sentir por los aportes que han hecho los extranjeros a la construcción del país.

Y en esto último no se refiere única o precisamente a los estadounidenses, sino a los afronatillanos y a los chinos, que por miles llegaron a Panamá, que han vivido cien años entre nosotros, y que de una manera u otra siguen siendo víctimas de una discriminación que algunos niegan, pero que aun existe en Panamá, puntualiza.

Rosa María Crespo Justiniani de Britton es la escritora más internacional con que cuenta Panamá, al decir del profesor Ricardo Arturo Ríos; hija de Matías Crespo y Carmen Justiniani de Crespo, ambos fallecidos; la mamá de Walter y Gabriela y la esposa de Carl Britton.

Pero seguramente Usted, que ahora nos lee, la ha conocido porque es una escritora panameña de renombre nacional e internacional, porque ha escrito 15 obras, entre novelas, cuentos y obras de teatro, y porque ha recibido en cuatro ocasiones el premio nacional Ricardo Miró de Literatura.

Pero también por su activa participación en debates sobre temas de trascendencia nacional y social.

Autora, entre otras obras de, Laberintos de Orgullo, Ataúd de uso, Todas íbamos a ser reinas y de la reciente selección de cuentos publicada y traducida al italiano, el Jardín de Fullán, ha hecho de los temas históricos y sociales, los ejes de su producción.

“…el Ataúd de uso habla de lo que pasó aquí a principios del siglo XX, durante la guerra de los mil días, porque mi abuelo peleó en la guerra de los mil días.

Traté de enfocar esa guerra desde el punto de vista del hombre negro que de repente se ve metido en una guerra que no sabe ni entiende”, explica.

Britton es además presidenta del colectivo que patrocina la Biblioteca Nacional de Panamá, y cuando la entrevistaos acaba de llegar de Missouri, donde había intervenido en una conferencia sobre literatura afro-romance, una tendencia inmersa en su propia obra si se considera que en varias de sus novelas aborda la problemática por la que transcurren los negros en el país.

Pero Britton no es afroantillana, es, afrocolonial, sus orígenes encuentran punto departida en Chimán; después de sus estudios primarios, su padre la envió, en 1949, a estudiar a un internado de monjas en Cuba, donde le enfatizaron que lo importante no era el matrimonio sino ser alguien.

De Cuba pasó a España donde estudio medicina, y luego a Estados Unidos donde hizo su residencia y especializaciones.

Cuando regresó al país definitivamente en 1972, era ginecóloga y oncóloga y dirigió por años el Hospital Oncológico Nacional.

RMB: Un importante promotor del Ministerio de Cultura de Italia vino el año pasado a hacer una donación importante de libros a la Biblioteca Nacional, de libros italianos traducidos al español; Italia anda en una fiesta cultural porque cumple 200 años el personaje más famoso que hay en Italia: Pinocho.

Él fue a la biblioteca, me conoció, sabía que yo escribía, me pidió mis libros de historias cortas, le di los cuatro que tengo; en diciembre, se los llevó para Italia.

En enero me mandó a decir que estaban interesados en publicar un libro traducido al italiano, una selección de once cuentos de esos cuatro libros.

Escogió los cuatro mejores cuentos que yo he escrito.

Y pensé que eso se iba a demorar un año.

En abril, me avisaron que iban a publicar el libro ya traducido, es decir en cuatro meses ya estaba listo y lo presentaron en Roma.

Uno de los cuentos es Jardín de Fullán, del libro titulado La Muerte tiene dos caras.

Así que el libro lo bautizaron Il jardino de Fullán.

Es un cuento a cerca de los chinos que cometieron suicidio durante la construcción del ferrocarril.

RMB: Si, exacto, pero esa era una historia muy desconocida.

Cuando yo fui a la escuela aquí, a mi jamás me contaron nada de eso.

Se dijo que se construyó el canal gloriosamente, pero los muertos son los que no aparecen.

Eso es lo más interesante y yo creo que los muertos tienen que aparecer porque los muertos han contribuido muchísimo en este país.

Nosotros somos muy dados a que aunque un individuo tenga cierto prestigio y cierta prestancia, y cierta posición económica, siempre nos referimos al chinito.

Y esa es una forma de discriminación.

RMB: Entre cuentos, novelas y obras de teatro, 15, con la última novela Suspiros de fantasmas.

RMB: Al principio me dediqué mucho a la historia personal.

Porque quien lea mis primeras obras, mis primeras novelas, todas tienen que ver con algo que yo ví, oí o supe, alrededor mío.

Ya sea Chimán, mi abuelo o cuestiones de negritud aquí en Panamá.

Siempre me río porque decimos que aquí no hay discriminación racial, y si hay.

Ahora que vine de Missouri, estaba en una conferencia de afro-romances.

De obras que se han destacado en cada país a cerca de lo que ocurre con la raza negra en cada país.

Yo no hablo de que le pegaron a un negro, ni de que lo torturaron, ni siquiera llego a la magnitud de dolor que tuvo Joaquín Beleño escribiendo Gamboa Road Gang.

Yo solo hablo de las cosas que pasan con los negros aquí en Panamá en mis novelas.

Y seguí en ese tema después, obviamente yo soy una escritora que vivo mis vivencias y trato de meterlas en la fantasía.

RMB: Tenemos que ver el momento.

A todo el mundo le interesaba el cruce de los mares.

Y el cruce de los mares estaba en los ojos de todos, de los ingleses, de los franceses, de todo el mundo en el siglo XIX, que les interesaba este pedazo de tierra por la facilidad de llegar de un mar a otro.

Los franceses no vinieron a cantar happy verdi to you.

Cuando fracasaron llegaron los otros que tenían mejor tecnología, y la parte maravillosa de esa unión, que nadie la enfoca como la veo yo, la parte maravillosa médica que ocurrió durante la construcción del canal: toda es parte médica que es una conferencia extraordinaria de ver qué ocurrió, cuando esta gente llega aquí y ven que el montón de franceses se había muerto, y un hombre tan inteligente como el doctor Gorgas empieza a investigar.

Tenemos que ver primero lo relativo a la sanidad, sino no vamos a poder hacer nada.

De repente se entera que hay un pobre médico cubano que dice que puede ser el mosquito y se fueron allá.

Mira que falta de arrogancia, eso se llama humildad científica.

Ir donde un médico rural cubano que dice ‘esto es esto’, y se van allá a averiguar y uno del team de Gorgas se dejó picar a ver si era verdad, y le dio la fiebre amarilla y se murió.

RMB: Si sí con agua de coco y se morían todos…Por eso es que tanta gente murió durante la construcción del canal, primero los franceses, después los chinos, los negros…todo el mundo habla de nuestro canal, el canal lo construyeron extranjeros, lo pagaron extranjeros, esa parte se la tienen que tragar los panameños, porque ¿el canal que hicimos nosotros? No, no, no; 36 mil 400 obreros trabajan en el canal de los cuales solo trescientos y tantos eran panameños.

El canal lo construyeron extranjeros, la población de la provincia de Panamá en ese momento eran 90 mil habitantes.

Tenemos que ser agradecidos a esos extranjeros, son gente que son parte de nuestro país y que seguimos viéndolos como extranjeros.

RMB: Primero me fui interna a Cuba, después cuando se formó el lelé Batista-Fidel mi papá nos mandó a estudiar medicina a España; allí me casé con un americano y me fui después para Estados Unidos a hacer mi residencia, mi especialidad, mi oncología, allá tuve a mis hijos, y regresé finalmente en 1972, y, aunque no lo creas, es él, mi esposo quien me trae para acá; él quería venir a Panamá a vivir, porque se fue a trabajar al Canal y yo empecé de nuevo como médico cuando ya tenía una práctica enorme en Nueva York.

RMB: Pasaron muchos años, lo que reflejo mucho en la novela Laberintos de Orgullo; un ciudadano que se va de Panamá a estudiar (soy yo misma) y que regresa y no entiende: esto no es conmigo, la dictadura no es conmigo, yo soy médico ustedes son militares, hasta que llega un momento en que quedas involucrado en la situación.

No hay forma de despegarse del país.

RMB: Yo pienso que está en alza.

Mira todo lo que se está publicando.

Este país nunca ha sido un país de novelistas, muy pocos hasta los años 80; empiezan a salir novelistas por todas parte, el Doctor Morgan, el licenciado Fonseca, hay novelistas de todos los tamaños que antes escribían cuentos; fíjate los ganadores del Premio Miró, gente establecida, Neco Endara y compañía, toda esa gente eran cuentistas, y de repente se tiran a escribir novelas, lo que indica que hemos ido aumentando en cantidad.

En el último premio Alfaguara ese que da un montonón de plata me contó una amiga, que habían ido 29 novelas panameñas al premio.

Que no ganaron, pero yo no sabía que había en este país 29 personas que creían que podían ganar ese premio, ¡que bueno!.

Debe tener fe en lo que escriben y en lo que hacen.

Yo creo que aquí ha habido un boom de la literatura.

RMB: Yo destacaría el esfuerzo que ha hecho el licenciado Fonseca Mora con sus novelas que están en Colombia; también el doctor Morgan que ha llevado sus novelas a España, y que se ha movido muy bien, y que se está moviendo muy bien El Caballo de Oro.

Creo que esto es interesante, que se muevan, que la gente conozca la literatura panameña.

Que ya no estemos encerrados en nuestro pequeño círculo vicioso.

Así que uno o dos, dos árboles no hacen una foresta, pero creo que poco a poco mis novelas están saliendo bastante y sobre todo en Estados Unidos a mi me conocen muy bien.

RMB: Sinceramente esto me tiene bastante confundida, porque no es posible que la mayoría de estas jóvenes que son abusadas sexualmente sea, en su mayoría, por adultos, como que vamos bajando la edad del gusto masculino hacia las mujeres.

Es un problema de la sociedad, hablan de los medios de comunicación; tu sabes que los medios de comunicación desgraciadamente, sobre todo la televisión trae una escenas violentas de sexo como si nada.

Ya puedes poner el cable a cualquier hora y que es lo que no ves allí, a cualquier hora; y entonces eso se comienza a filtrar hacia abajo y parece que eso está bien, todo este lío que se formó el otro día con unas niñas metidas en un push botton.

Se formó semejante revulú, esto es común; quién tu crees que embaraza a todas estas niñas que van a parir al Santo Tomas.

A las cinco mil, seis mil menores de edad que llegan a parir allí.

O incesto o un adulto, y rarísima vez un amiguito, rarísimas veces.

Y nadie va a preguntar quien las preñó, pero lo que es peor, vete a investigar sobre las que están abortando; están llegando 25 muchachas a abortar por cada 100 que llegan a parir; la cifra normal en aborto espontáneo como se le llama es de cinco por ciento, y las otras 20 quién son, aquellas a las que le meten chucho, es un problema social enorme… RMB: La sexualidad desbordada del hombre, no se… tengo el diagnóstico, pero el tratamiento no lo tengo.

Yo me horrorizó, me quedó pensando, la mayoría de las niñas de 13, 14 y 15 años ya han tenido relaciones sexuales, empiezan muy jóvenes cada vez más.

Las que tienen dinero se cuidan, compran pastillas y saben todo; las que no tienen son las idiotas que se embarazan, y tienen los abortos.

Cuando tu tienes un país en el que hubo 147 mil niños sin padre, recuerdo cuando Teresita dijo eso; en los dos años, un país que tiene tres millones de habitantes, 147 mil nacen sin padre, entonces es una irresponsabilidad tanto de la mujer como del hombre, de los dos lados.

Tenemos que empezar fuertemente a hacer educación sexual en las escuelas, pero una educación sexual no es punitiva y ni es demostrativa, para que funcione tienes que tener clínicas de adolescentes cerca de todas las escuelas.

Donde las jóvenes puedan ir a verse, donde puedan tener la libertad de escoger, si van a tener relaciones sexuales, algo para protegerse, y los varones puedan ir también.

RMB: En efecto, yo creo que el hombre que abuse de una niña debe pagar con una pena importante, pero no solamente en la cuestión de la paternidad responsable, y el que les obliguen a pagar el mantenimiento de esos niños, sino que debe haber algo.

Aquí los agarran hoy y los sueltan al día siguiente.

Tenemos una situación social muy dura.

A mi me parece que el sexualismo desbordado de la población es responsable de la gran cantidad de pobreza que hay en este país.

RMB: Yo creo que la propuesta tiene que ser principalmente a nivel de, ni siquiera a nivel del hogar como todo el mundo dice.

Todo el mundo dice dónde están los padres de esa niña.

En este país donde todo el mundo habla de la desintegración del hogar tenemos que empezar a hablar de la no integración del hogar.

Porque los hogares no son integrados, mujeres que paren hijos con distintos hombres y luego tienen que salir a trabajar, y los muchachos quedan a su suerte; cómo se puede decir ¿qué hace la familia, sino hay familia? Vamos a tener que recurrir a la educación, a la escuela.

No podemos seguir teniendo una escuela de cuatro horas; yo no se cuando tu fuiste a la escuela, pero a nosotros nos tenían amarrados ocho horas.

Tu no puedes tener a los niños sueltos por ahí cuatro horas, con los padres trabajando todo el día.

En nuestro momento siempre había la vigilancia y la restricción.

Si no existe una estructura familiar que ayude al muchacho entonces eso depende del Estado.

RMB.

Yo conozco muy bien el canal de Panamá, porque mi esposo trabajó allí por más d 25 años.

El Canal es una institución que tiene más de cien años que no ha sido remodelada.

Cuando hablaron de embalse dije, definitivamente voy a decir que no, porque yo no creo que este país aguanta menos tierra.

Me parece una propuesta aceptable, que tiene sus riesgos, definitivamente pero nada está escrito en piedra.

Tenemos aquí obreros de la construcción que hacen maravillas en media hora.

A veces paso por una calle y me pregunto cuándo hicieron eso.

El obrero aquí en Panamá se puede fajar con el que sea, en estas condiciones de clima, de lluvia y de calor, hacen maravilla.

Ahora harán un edificio de cien pisos, y quien se mató en punta pacífica.

Yo si estoy decidida a votar si.

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