MAN, la casona, el país y el mosquito
Casi 25 años después de la caída del régimen de Manuel Antonio Noriega (MAN) y justamente el día que el país conmemoraba los 50 años de los sucesos del 9 de Enero de 1964 era derribada la vieja casona del general localizada en San Francisco, paradójicamente el sector de Altos del Golf que semanas antes también acaparó titulares. ¿Meras coincidencias? ¿Cosas de la vida? Juzgue usted.
Repentinamente, muchos panameños quedamos inmersos en el debate sobre si era o no necesario y oportuno echar abajo la antigua residencia del MAN. El valor histórico de la propiedad es innegable por las connotaciones que la misma entraña, pero el hecho concreto es que se había convertido en un problema de salud pública y ponía en riesgo a los vecinos del sector y a quienes fortuitamente pasaban por el lugar.
Es decir, que de momento perdimos el foco del verdadero problema y hacia dónde debíamos apuntar. Ya no se trataba de la casa ni de qué representaba, sino de combatir un punto insalubre del cual nadie se hizo responsable hasta que se convirtió en un problema.
De algún modo, y sin entrar a las consideraciones legales, las imágenes que muestran la demolición del viejo inmueble, que se mantuvo en pie inhabitado, lúgubre y solitario durante casi un cuarto de siglo, permitieron que quienes no han tomando en serio aquello de la epidemia del dengue entiendan que el asunto es serio y si no les parecen suficiente seis decesos, entonces no terminarán de entender nunca la gravedad del problema.
Se ha dicho que sobre el terreno se erigirá una especie de parque del recuerdo de las víctimas de la dictadura. La idea no suena mal, pero si su mantenimiento se deja en manos de los mismos que tenían que ver con la hoy desaparecida vivienda del general, con el paso del tiempo nos encontraremos con la misma situación y el mosquito en vez de encontrar morada en la vieja casona, lo hará en un parque con todas las de la ley.
Ojalá que el tiempo no nos dé la razón ahora, si no al menos en 50 años.
Es cierto, en el país hay otros problemas de inmensa gravedad y que pudieran comprometer nuestro futuro, pero de qué nos vale fijarnos primero en eso si ya no tendremos vida para ello.