Nuevo desastre ecológico
- Londres/
Las plantaciones y cultivo del aceite de palma, que prometía combustibles ecológicos y desarrollo económico, son la principal causa de la masiva destrucción de las selvas.
La fiebre del aceite de palma, el cultivo "milagro" que prometía combustibles ecológicos y desarrollo económico en los países emergentes, va camino de convertirse en la principal causa de la salvaje deforestación que padece Indonesia.
Las plantaciones se extienden de manera imparable, con anuncios de nuevos proyectos cada semana, siguiendo el plan del Gobierno para alcanzar los veinte millones de hectáreas productivas en 2020 desde los siete millones actuales.
"En breve, el aceite de palma va a ser el primer causante de la deforestación en Indonesia", asegura Bustar Maitar, responsable de campañas forestales de Greenpeace en el archipiélago.
Así, el tercer país del mundo por masa forestal es ya como el mayor exportador de aceite de palma -con cerca de la mitad de la producción mundial- y, de forma paralela, como el que más rápido está destruyendo sus selvas.
"Es esencial imponer una moratoria inmediata a la extensión de la palma porque está provocando un desastre ecológico", afirma Maitar, refiriéndose a la desaparición de los bosques y, con ellos, también la fauna endémica y amenazada que los habita, como orangutanes, tigres y elefantes.
El auge de los biocombustibles, impulsado por la Unión Europea, ha acelerado drásticamente en los últimos años el proceso de conversión de zonas de selva en plantaciones de palma.
Su aceite se emplea en uno de cada diez productos a la venta en los supermercados de Occidente, desde patatas fritas, chocolate y mayonesa a champús y pintalabios, pero también en el sector metalúrgico, tratamiento de pieles y piensos animales.
La situación ha llevado al Banco Mundial a dejar de financiar al sector debido a sus malas prácticas medioambientales y sociales, y a su relación con varios casos de corrupción.
Por su parte, los representantes del sector reconocen la amenaza al ecosistema, pero priman los beneficios económicos.
"La conservación de las selvas no debe hacerse a costa de las oportunidades de los países para desarrollarse y mejorar las condiciones de vida de sus habitantes", argumenta el secretario general de la Mesa para el Aceite de Palma Sostenible (RSPO), Vengeta Rao.
Pero los grupos ecologistas rebaten esta tesis, ya que como subraya Bustar Maitar, "las plantaciones no han mejorado el nivel de vida de las comunidades rurales a las que, supuestamente, iban a beneficiar".

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