Panamá
Pasteurización Social vs. Libertad de expresión
- Rubén D. Collantes G., Ph. D.
- /
- Investigador, Docente Universitario y Artista Marcial
- /
- e-mail: rdcg31@hotmail.com
- /
- ORCID iD: https:
- /
- /
- orcid.org
- /
- 0000-0002-6094-5458
- /
Para la convivencia sana y armónica en sociedad, suelen establecerse normas éticas y de conducta orientadas a moderar el comportamiento humano y favorecer relaciones respetuosas entre las personas. En este contexto, con frecuencia se cuestionan o censuran expresiones, ideas y opiniones porque no se ajustan a las tendencias predominantes o porque pueden herir susceptibilidades. Sin embargo, surge una pregunta válida: ¿hasta qué punto la búsqueda de una convivencia respetuosa puede derivar en una limitación innecesaria de la libertad de expresión?
Desde esta perspectiva, podría decirse que como sociedad estamos experimentando una suerte de "pasteurización social", entendida como un proceso mediante el cual ciertas ideas, expresiones o posturas son filtradas hasta hacerlas compatibles con lo que se considera socialmente aceptable. En consecuencia, determinados planteamientos terminan siendo rechazados, descalificados o incluso castigados. Algo similar ocurrió con Galileo Galilei al defender el modelo heliocéntrico en una época en la que cuestionar las ideas dominantes podía traer graves consecuencias. Del mismo modo, el propio Jesucristo enfrentó la oposición de quienes se sintieron incómodos ante sus enseñanzas y cuestionamientos. Salvando las diferencias históricas y contextuales, ambos ejemplos reflejan una realidad recurrente: al ser humano no siempre le agrada que se desafíen sus convicciones.
Trasladando esta reflexión al presente, la libertad de expresión, ejercida con respeto y responsabilidad, no debería ser censurada ni silenciada. No obstante, ello tampoco implica expresar cualquier pensamiento de manera impulsiva o carente de prudencia. Toda libertad conlleva responsabilidades y consecuencias. Como señala el viejo adagio: "Somos amos de nuestro silencio y esclavos de nuestras palabras". Saber cuándo hablar, cómo hacerlo y por qué hacerlo constituye una manifestación de madurez, no de debilidad.
Frente a un mundo cada vez más inclinado a la corrección política y a la rápida condena de las opiniones discrepantes, quizá el verdadero desafío no consiste en demostrar constantemente que tenemos la razón o que actuamos en nombre de la verdad. Más bien, se trata de vivir de manera coherente con los principios que defendemos. Después de todo, tanto la fe como la ciencia buscan respuestas, siendo sendas sinérgicas. Con el tiempo, algunas certezas se consolidan, otras se transforman y nuevas preguntas emergen. Por ello, el ejercicio de la libertad debe estar acompañado de ética, honestidad intelectual y responsabilidad personal.
Otro desafío importante relacionado con la libertad de expresión es el creciente deterioro del respeto mutuo entre generaciones. En la Ley de Moisés, al igual que en diversas tradiciones religiosas y filosóficas del mundo, se promueve el respeto hacia los padres y los mayores. Sin embargo, también es cierto que las nuevas generaciones poseen ideas, perspectivas y capacidades que merecen ser escuchadas. Los conflictos suelen surgir cuando algunos mayores consideran que la experiencia les otorga siempre la razón, o cuando algunos jóvenes desestiman el valor de quienes los precedieron. En realidad, la libertad de expresión y el respeto no son valores opuestos, sino complementarios. Una sociedad sana necesita de ambos.
En conclusión, esto no es una invitación a la pasteurización social ni a la libertad desenfrenada. Se trata, más bien, de reconocer que el respeto debe ser multidireccional y ganarse mediante el ejemplo, la coherencia y las acciones. Las buenas ideas no se sostienen únicamente por la fuerza de las palabras, sino por los resultados que producen y por la integridad de quienes las defienden. ¡Éxitos para todos!

Para comentar debes registrarte y completar los datos generales.