Literatura panameña, con una mano adelante y otra atrás
Publicado 2007/05/13 23:00:00
- Carlos Atencio-Atencio
Las letras deben reinventarse con la misma premura con que se publican libros en la actualidad.
LA cantidad de libros no es sinónimo de calidad. De igual forma, el aumento de escritores no es garantía de un alto nivel literario. Estos conceptos inquietan a conocedores a tal punto que creen urgente que se aten los cabos sueltos.
Uno de los cabos que tienen que orientarse es la definición en sí del término "escritor". Para Agustín del Rosario, jurado del Concurso Ricardo Miró 2006, "cualquier persona publica y al publicar cualquier persona los lectores confunden a la gente que trabaja la literatura en serio, con el que la trabaja a medias".
Para Juan Gómez, profesor de español en la cárcel del Centro Penitenciario El Renacer y funcionario de la dirección de Cultura de la Universidad de Panamá, la cantidad de escritores jóvenes que en las dos últimas décadas ha publicado por lo menos un libro no es garantía de que tenga un florecimiento "real" en la literatura, se tiene que esperar la evolución, desarrollo y madurez de este producto.
En ese mismo sentido, Adelis Alonso, profesor de Literatura Universal en el colegio Fermín Naudeau comparte que en Panamá se toma muy a la ligera el término literatura. "Se llama a todo y cualquier cosa literatura. Hay mucha gente que está escribiendo y no son idóneos. Nos conformamos con textos bien escritos, pero que no son literatura".
Gómez señala que un escritor es la persona que intenta hacer del trabajo literario la razón principal de su vida. En el momento en que lo logra recibir un ingreso justo por su trabajo empieza a profesionalizarse. En resumen, sería disponer del 50 ó 60 % del tiempo de vida para esta tarea.
Alonso agrega que hasta este momento la literatura se escribe de forma empírica. "Tú le preguntas a un escritor por las técnicas que utilizó en tal obra y no te puede responder, sencillamente, porque no tiene las nociones generales de este trabajo".
Del Rosario menciona el hecho de que nadie te dice si eres escritor o no. Ningún crítico te lo va a decir, simplemente, "usted publica uno, dos, tres libros y ya es escritor". En ese sentido, escritor no es el que publica sino el que escribe una obra de calidad, que tenga un mensaje. En este punto, Del Rosario une criterios con Alonso que "se toma la literatura muy a la ligera, vemos a personas que uno supone serias hablando de obras que deben ser corregidas".
Hay unos géneros que han alcanzado un mayor desarrollo que otros, Emma Gómez, profesora y escritora, considera que la poesía es la más robusta, "hay poetas y poesía que está al nivel de cualquier país centroamericano. La novela, a juicio de Gómez, se está ajustando a los requerimientos internacionales de la edición comercial, pero le falta profundidad. Hay autores que han hecho novelas memorables pero que aún falta mucho por hacer, "hay que leer, estudiar, de lo contrario se cae en obras muy superficiales o muy light".
Sobre el cuento, Emma, considera que falta también porque algunos cuentistas están caminando por senderos trillados, los lugares comunes. Y, sobre todo, beben insistentemente de las ficciones de Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, sin mayores propuestas. Le falta fuerza al género.
En el contexto centroamericano, para Juan Gómez, el Panamá literario tiene un buen nivel en algunos géneros (cuento, novela y poesía), en otros hay que seguir trabajando, las causas las atribuye a que el medio social no estimula la creación literaria. En casa no se apoya al joven para que escriba, porque con eso no se gana un buen salario.
Para del Rosario el premio Ricardo Miró influye mucho "tú le dices a un escritor joven que pula y se siente ofendido".
Alonso considera que la calidad es una tarea de mucho antes de empezar a escribir, en su caso "mi objetivo es que los estudiantes de bachillerato lean las mejores obras, y los incentivo a que escriban aunque no estén inclinados a la escritura".
Confusión es la palabra que resume el problema del ensayo panameño. Emma Gómez señala que cuando fue funcionaria del departamento de Letras del Instituto Nacional de Cultura se llevó a cabo una mesa redonda de una semana para leer los ensayos ganadores en los 65 años que se ha convocado este género. Todos los análisis apuntaron a que las obras premiadas raramente eran ensayos.
A criterio de la profesora Gómez, estos documentos son monografías, estudios técnicos que le falta el alma, le falta poesía, le falta literatura. "Lo que le da vida al ensayo es la presencia del ensayista, que es un ser pensante, dinámico, crítico, creativo y que se juega el pellejo en las ideas".
No muy lejos de ese pensar, Juan Gómez agrega que hay muy pocos escritores de ensayos. Y que éste, el ensayo- es producto en parte del periodismo cultural, que es muy escaso en Panamá.
Otro concepto que salta a la vista es que no hay escritor "profesional", sino el "conocido", como en el resto de los países, agrega Gómez.
Alonso, quien también es estudiante "sigma lambda" de la carrera de periodismo, observa que en este género los mismos profesores de la Facultad no producen ensayos. "No se atreven a abordar mucho este género, porque ellos no lo tienen claro, lo confunden".
Una de las soluciones que plantea Alonso, quien tiene un proyecto de cuento y otro de ensayo en la etapa de revisión, es que se olviden de ese afán por publicar y que se dediquen más tiempo a la obra, porque cada requiere de un tiempo mínimo.
En tanto que, del Rosario, concluye que se evite la agonía por innovar, y vean la literatura como una carrera de larga distancia y que toma tiempo.
La profesora Emma Gómez, quien también guarda dos proyectos literarios en la etapa de la edición, expone que la literatura hay que tomarla con más respeto y seriedad y no pensar que esto se remite a un brindis con muchos invitados.
El jurado de Cuentos del Concurso Ricardo Miró, en el fallo, comunicó que había confusión en lo que es este género.
Antes, en el año 2003, de este mismo concurso, dos categorías (novela y teatro) fueron declaradas desiertas (no hay ganadores por falta de calidad).
Uno de los cabos que tienen que orientarse es la definición en sí del término "escritor". Para Agustín del Rosario, jurado del Concurso Ricardo Miró 2006, "cualquier persona publica y al publicar cualquier persona los lectores confunden a la gente que trabaja la literatura en serio, con el que la trabaja a medias".
Para Juan Gómez, profesor de español en la cárcel del Centro Penitenciario El Renacer y funcionario de la dirección de Cultura de la Universidad de Panamá, la cantidad de escritores jóvenes que en las dos últimas décadas ha publicado por lo menos un libro no es garantía de que tenga un florecimiento "real" en la literatura, se tiene que esperar la evolución, desarrollo y madurez de este producto.
En ese mismo sentido, Adelis Alonso, profesor de Literatura Universal en el colegio Fermín Naudeau comparte que en Panamá se toma muy a la ligera el término literatura. "Se llama a todo y cualquier cosa literatura. Hay mucha gente que está escribiendo y no son idóneos. Nos conformamos con textos bien escritos, pero que no son literatura".
Gómez señala que un escritor es la persona que intenta hacer del trabajo literario la razón principal de su vida. En el momento en que lo logra recibir un ingreso justo por su trabajo empieza a profesionalizarse. En resumen, sería disponer del 50 ó 60 % del tiempo de vida para esta tarea.
Alonso agrega que hasta este momento la literatura se escribe de forma empírica. "Tú le preguntas a un escritor por las técnicas que utilizó en tal obra y no te puede responder, sencillamente, porque no tiene las nociones generales de este trabajo".
Del Rosario menciona el hecho de que nadie te dice si eres escritor o no. Ningún crítico te lo va a decir, simplemente, "usted publica uno, dos, tres libros y ya es escritor". En ese sentido, escritor no es el que publica sino el que escribe una obra de calidad, que tenga un mensaje. En este punto, Del Rosario une criterios con Alonso que "se toma la literatura muy a la ligera, vemos a personas que uno supone serias hablando de obras que deben ser corregidas".
Hay unos géneros que han alcanzado un mayor desarrollo que otros, Emma Gómez, profesora y escritora, considera que la poesía es la más robusta, "hay poetas y poesía que está al nivel de cualquier país centroamericano. La novela, a juicio de Gómez, se está ajustando a los requerimientos internacionales de la edición comercial, pero le falta profundidad. Hay autores que han hecho novelas memorables pero que aún falta mucho por hacer, "hay que leer, estudiar, de lo contrario se cae en obras muy superficiales o muy light".
Sobre el cuento, Emma, considera que falta también porque algunos cuentistas están caminando por senderos trillados, los lugares comunes. Y, sobre todo, beben insistentemente de las ficciones de Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, sin mayores propuestas. Le falta fuerza al género.
En el contexto centroamericano, para Juan Gómez, el Panamá literario tiene un buen nivel en algunos géneros (cuento, novela y poesía), en otros hay que seguir trabajando, las causas las atribuye a que el medio social no estimula la creación literaria. En casa no se apoya al joven para que escriba, porque con eso no se gana un buen salario.
Para del Rosario el premio Ricardo Miró influye mucho "tú le dices a un escritor joven que pula y se siente ofendido".
Alonso considera que la calidad es una tarea de mucho antes de empezar a escribir, en su caso "mi objetivo es que los estudiantes de bachillerato lean las mejores obras, y los incentivo a que escriban aunque no estén inclinados a la escritura".
Confusión es la palabra que resume el problema del ensayo panameño. Emma Gómez señala que cuando fue funcionaria del departamento de Letras del Instituto Nacional de Cultura se llevó a cabo una mesa redonda de una semana para leer los ensayos ganadores en los 65 años que se ha convocado este género. Todos los análisis apuntaron a que las obras premiadas raramente eran ensayos.
A criterio de la profesora Gómez, estos documentos son monografías, estudios técnicos que le falta el alma, le falta poesía, le falta literatura. "Lo que le da vida al ensayo es la presencia del ensayista, que es un ser pensante, dinámico, crítico, creativo y que se juega el pellejo en las ideas".
No muy lejos de ese pensar, Juan Gómez agrega que hay muy pocos escritores de ensayos. Y que éste, el ensayo- es producto en parte del periodismo cultural, que es muy escaso en Panamá.
Otro concepto que salta a la vista es que no hay escritor "profesional", sino el "conocido", como en el resto de los países, agrega Gómez.
Alonso, quien también es estudiante "sigma lambda" de la carrera de periodismo, observa que en este género los mismos profesores de la Facultad no producen ensayos. "No se atreven a abordar mucho este género, porque ellos no lo tienen claro, lo confunden".
Una de las soluciones que plantea Alonso, quien tiene un proyecto de cuento y otro de ensayo en la etapa de revisión, es que se olviden de ese afán por publicar y que se dediquen más tiempo a la obra, porque cada requiere de un tiempo mínimo.
En tanto que, del Rosario, concluye que se evite la agonía por innovar, y vean la literatura como una carrera de larga distancia y que toma tiempo.
La profesora Emma Gómez, quien también guarda dos proyectos literarios en la etapa de la edición, expone que la literatura hay que tomarla con más respeto y seriedad y no pensar que esto se remite a un brindis con muchos invitados.
El jurado de Cuentos del Concurso Ricardo Miró, en el fallo, comunicó que había confusión en lo que es este género.
Antes, en el año 2003, de este mismo concurso, dos categorías (novela y teatro) fueron declaradas desiertas (no hay ganadores por falta de calidad).

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