Plástica. Once molas que son mapas de ciudades importantes se exhibirán en Arteconsult
Los colores de las emociones de Mira
En la exposición ‘Molas-Maps’, la artista ha fusionado dos elementos que por años han sido foco de su atención.
Claves
- Confeccionar cada mola tardó tres meses. Se trabajó con una artesana guna.
- Eligió los colores para cada ciudad, según cómo le apela esta. “Son colores que probablemente no tengan nada que ver con la realidad concreta. Estos mapas son quizás lugares en la emoción, más que lugares geográficos”, explica.
- Las molas captaron su atención desde que llegó al país. Tiene una colección que atesora. Teme que este arte desaparezca con el tiempo.
- Le sorprende que a diferencia de los extranjeros, casi nunca ve molas en las casas panameñas. “Por alguna razón, no parece ser un trabajo muy valorado por el resto de la población panameña (no guna)”.
Por alguna razón que aún no se ha podido explicar, Mira Valencia es como una peregrina en este mundo con fronteras de toda índole, a la cual hace más de tres décadas, siendo niña, su padre le mostró una postal de Panamá y... fue amor a primera vista.
El de las molas surgió después, al igual que esa curiosidad por los mapas, por la forma en que lucen las ciudades vistas desde un avión.
“...Me parecen composiciones abstractas, algunas fascinantes”.
Volviendo a la postal, era de empolleradas. Le parecía retocada, con colores muy vívidos, muy tropicales, que la hacían semejar “una ilustración de un libro de cuentos infantiles; para mí, en aquel momento, era como una entrada a un ‘Wonderland’ caliente y, ciertamente, muy lejos de Inglaterra”.
Recuerda la artista que comenzó a imaginarse a Panamá como si fuese la tierra prometida, pletórica de colores, música, sol, palmeras y personas felices.
Seis meses después, a los 8 años y medio, la conoció.
“Mi mamá comentaba lo tremendo que era el calor cuando el avión de Pan Am abrió la puerta. Mi padre me esperaba con un vestido de algodón blanco bordado en colores brillantes con motivos de papagayos. Me lo puse para ir a cenar esa noche a la piscina del Panamá Hilton. ¡Era como estar en una película! Ya no estaba en una realidad gris.
Estaba en una película de colores y en la que no necesitaba abrigarme. La película de colores duró 24 horas más, pues solo estábamos haciendo una escala rumbo a otro país. Veinticinco años después, un empleo como art directorde publicidad me trajo a Panamá, y entre idas y venidas, por aquí he seguido”.

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