Los vanguardistas: ROGELIO SINÁN
Publicado 2004/03/17 00:00:00
- Aristides Martínez Ortega
Su tercer poemario importante es Semana Santa en la Niebla, Panamá 1949. Confirma Sinán en este magnifico libro su dominio del estilo y la técnica, con poemas de sílabas contadas, que no son más que las relaciones del paisaje de su isla natal, Taboga, escenario de sus experiencias adolescentes, con cuadros bíblicos y pasajes de la pasión de Cristo. No son alegorías, sino un mundo simbólico el que encontramos en Semana Santa en la Niebla, sin duda su mejor libro.
Un bello mundo es este libro de acento sereno y melancólico, rodeado de mar y ambiente isleño, como puede verse en " La pesca milagrosa": Magnifica es la relación del árbol y la muerte del profeta, en " La muerte del profeta". Como de igual manera la relación entre el río y el hijo pródigo en el poema " El hijo pródigo".
Es indiscutible la alta calidad de éste libro que evidencia que nos muestra a un poeta de extraordinaria sensibilidad y múltiples recursos que afinaron y enriquecieron su gran cultura poética.
El último libro de Sinán, Saloma sin salomar, es de 1969. Presenta poemas de una y otra época, no recogidos en libros anteriores, con excepción del poema Incendio. La mayoría de los poemas de este libro estaban publicados en revistas nacionales y extranjeras.
Cabe destacar algunos poemas que se salen de las características ya mencionados, como son, " Infancias, poema en verso libre en que se expresa con un lenguaje mas directo y cotidiano; " Huelga de árboles caídos", poema trabajado con gran acierto humorístico; " Camdombe", poema con ritmo y colorido local.
Hay que subrayar que la obra de Sinán no obstante su matrícula vanguardista no se identifica con una escuela vanguardista en particular.
Sinán sobresale en su generación y en la poesía panameña, por la gran calidad de su obra poética, que revela una amplia cultura y un profundo conocimiento y dominio de las reglas poéticas. Su obra se destaca más por su calidad cultural que por su singularidad.
Viejo mueble zurcido de brumas y sirenas.
Visión húmeda. Verde vaivén de remo y quilla.
Torzo de ola. Gaviotas silbando en el trapecio.
de un canto marinero. Yodada hora salada.
cuando el pelícano hunde puñales en la clara
pupila de la espuma. Brisa ágil. Brea. Hipocampos
nostálgicos de friso. Tritones. Caracoles.
Mirad: ¡ Entre las redes ha caído la tarde¡
(Semana Santa en la Niebla)
Esquirlas afiebradas de aguaceros, ululando,
desataron la muerte sobre hierva y hormiga.
Fusilada la rosa, decapitado el nardo,
¿ Qué anegado colapso sufrió la Sensitiva?
Dolosa de nichos y aterida de llanto,
su congelado espectro sueña sabias de vida.
Oh Sol, tanto cadáver merecería un milagro ....
¡ Realízalo, dorada pupila matutina!
(Semana Santa en la Niebla)
Cansancio del inútil ademán extendido
jaculatoriamente sobre humus y secano;
fatiga de la estéril simiente detenida,
macerada y hollada por uñas, cal o ave.
Pero Joh ubérrimo tacto, bucólica delicia
del fruto adolescente jugosamente flavo!
¡Dichosa complacencia, botánica lasciva
del hogareño goce dormido en cada tallo!
(Semana Santa en la Niebla)
A la hora equidistante del pez amanecido
con la primera espuma de la mañana, flota,
como un presentimiento de bostezo salino,
su forma sin aristas, deshilachadas, fofa.
Flota, digo, la niebla, chispada de ladridos,
amarrando en las jarcias elásticas gaviotas.
Y, al recoger el hombre su red, semidormido,
quizá tema al espectro que va sobre las olas.
(Semana Santa en la Niebla)
Lamiendo tierra, arena, raíces y bazofias,
tumbo a tumbo al origen precipítase el río.
Los oros del poniente despilfarró en cabriolas
de ondulante premura por liquidar su opimo
caudal de margarita y olas de mariposa.
Vuelve enjuto, lodoso, pordiosero de estío,
y, añorando caricias de paternales olas,
arrójase en seno del Mar, arrepentido.
(Semana Santa en la Niebla)
Goza la tarde nupcias de estirpe salinera
Donde céfiro y brisa trasegan arrebol.
Mas la encendida savia de la vida deja apenas
un vaivén de palmeras y una sed en clamor.
Medusas y corales dipsómanos de néctar
festinan el prodigio ¡Venid a ver! El Sol
¡ Verted - dice a las nubes- la sangre de mis venas ¡
Y, el Mar ( ¡ santo milagro! ) trasmútase en licor.
(Semana Santa en la Niebla)
Un bello mundo es este libro de acento sereno y melancólico, rodeado de mar y ambiente isleño, como puede verse en " La pesca milagrosa": Magnifica es la relación del árbol y la muerte del profeta, en " La muerte del profeta". Como de igual manera la relación entre el río y el hijo pródigo en el poema " El hijo pródigo".
Es indiscutible la alta calidad de éste libro que evidencia que nos muestra a un poeta de extraordinaria sensibilidad y múltiples recursos que afinaron y enriquecieron su gran cultura poética.
El último libro de Sinán, Saloma sin salomar, es de 1969. Presenta poemas de una y otra época, no recogidos en libros anteriores, con excepción del poema Incendio. La mayoría de los poemas de este libro estaban publicados en revistas nacionales y extranjeras.
Cabe destacar algunos poemas que se salen de las características ya mencionados, como son, " Infancias, poema en verso libre en que se expresa con un lenguaje mas directo y cotidiano; " Huelga de árboles caídos", poema trabajado con gran acierto humorístico; " Camdombe", poema con ritmo y colorido local.
Hay que subrayar que la obra de Sinán no obstante su matrícula vanguardista no se identifica con una escuela vanguardista en particular.
Sinán sobresale en su generación y en la poesía panameña, por la gran calidad de su obra poética, que revela una amplia cultura y un profundo conocimiento y dominio de las reglas poéticas. Su obra se destaca más por su calidad cultural que por su singularidad.
Viejo mueble zurcido de brumas y sirenas.
Visión húmeda. Verde vaivén de remo y quilla.
Torzo de ola. Gaviotas silbando en el trapecio.
de un canto marinero. Yodada hora salada.
cuando el pelícano hunde puñales en la clara
pupila de la espuma. Brisa ágil. Brea. Hipocampos
nostálgicos de friso. Tritones. Caracoles.
Mirad: ¡ Entre las redes ha caído la tarde¡
(Semana Santa en la Niebla)
Esquirlas afiebradas de aguaceros, ululando,
desataron la muerte sobre hierva y hormiga.
Fusilada la rosa, decapitado el nardo,
¿ Qué anegado colapso sufrió la Sensitiva?
Dolosa de nichos y aterida de llanto,
su congelado espectro sueña sabias de vida.
Oh Sol, tanto cadáver merecería un milagro ....
¡ Realízalo, dorada pupila matutina!
(Semana Santa en la Niebla)
Cansancio del inútil ademán extendido
jaculatoriamente sobre humus y secano;
fatiga de la estéril simiente detenida,
macerada y hollada por uñas, cal o ave.
Pero Joh ubérrimo tacto, bucólica delicia
del fruto adolescente jugosamente flavo!
¡Dichosa complacencia, botánica lasciva
del hogareño goce dormido en cada tallo!
(Semana Santa en la Niebla)
A la hora equidistante del pez amanecido
con la primera espuma de la mañana, flota,
como un presentimiento de bostezo salino,
su forma sin aristas, deshilachadas, fofa.
Flota, digo, la niebla, chispada de ladridos,
amarrando en las jarcias elásticas gaviotas.
Y, al recoger el hombre su red, semidormido,
quizá tema al espectro que va sobre las olas.
(Semana Santa en la Niebla)
Lamiendo tierra, arena, raíces y bazofias,
tumbo a tumbo al origen precipítase el río.
Los oros del poniente despilfarró en cabriolas
de ondulante premura por liquidar su opimo
caudal de margarita y olas de mariposa.
Vuelve enjuto, lodoso, pordiosero de estío,
y, añorando caricias de paternales olas,
arrójase en seno del Mar, arrepentido.
(Semana Santa en la Niebla)
Goza la tarde nupcias de estirpe salinera
Donde céfiro y brisa trasegan arrebol.
Mas la encendida savia de la vida deja apenas
un vaivén de palmeras y una sed en clamor.
Medusas y corales dipsómanos de néctar
festinan el prodigio ¡Venid a ver! El Sol
¡ Verted - dice a las nubes- la sangre de mis venas ¡
Y, el Mar ( ¡ santo milagro! ) trasmútase en licor.
(Semana Santa en la Niebla)

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