Orígenes históricos de Los Pozos
Publicado 1999/03/28 00:00:00
Es indudable que los orígenes históricos del pueblo de Los Pozos están, íntima e indisolublemente ligados al nacimiento del pueblo de San José de Pesé; sin embargo, aunque nos disponemos del testimonio documental que certifica la fecha calendario en que se erige el llamado Sitio de Los Pozos, si podemos garantizar la participación de la feligresía peseense en el proceso formativo y en la tarea de consolidación demográfica de dicho ente político-administrativo, enclavado en la espina dorsal de la geografía herrerana, gracias a evidencias notariales y parroquiales obtenidas en los Archivos Nacionales y en los eclesiales de los templos de Pesé y Los Pozos.
El pueblo de Los Pozos surge, a nuestro parecer, como un lugar o sitio de "sesteo" de la corriente viajera que se dirigía desde Pesé al pueblo de San Juan de Macarácas y viceversa, incorporándose a este constante y espinoso tránsito montaraz el caminante del pueblo de Santa Bárbara de las Minas. Comunidades rurales que no sólo antecedieron a la primera sino que cuando ésta aún balbuceada ya las otras disfrutaban de plena identidad demográfica y de evidente estatus político, como lo revelan elocuentemente las actas de adhesión al Grito Heroico de la Villa (1821) que rubrican los cabildantes de Pesé, Macaracas y Las Minas. Igualmente debemos aclarar que en materia de caminos, atajos y sendas también existían otras rutas alternas que comunicaban a todos estos pueblos.
El paraje poceño era obviamente un alto en la azarosa y cansina travesía antes de arribar a una de aquellas aldeas rurales; las colinas escarpadas, los ríos y arroyos desbordados, la vegetación exhuberante y las limitaciones en materia de transporte disponible, debieron representar auténticos motivos para apacentarse o pernoctar denominando "el sitio de los pozos", espacio favorecido por benignidades ecológicas, como era la existencia de una topografía relativamente llana, espléndidos herbazales donde alimentar las bestias, fuentes de aguas brocales donde hombres y animales podrían mitigar la sed y descansar, antes de continuar hacia sus destinos. La connmunción de estos elementos naturales y fisiológicos sienta los fundamentos estructurales de lo que sería el poblado de Los Pozos; así, en consecuencia, sin que mediara intervención oficial, se levantarían los primeros ranchos o bohíos de bahareque rústicos y modestos, pero presagiando lo que sería después el asiento.
Ahora, si usamos a manera de referencia la cifra de habitantes que registra el Distrito Parroquial de Los Pozos según el padrón de 1851, 1,300 "almas", podríamos discurrir que tal cantidad de personas empadronadas era el resultado lógico de un crecimiento vegetativo o de un poblamiento que debió iniciarse muchas décadas atrás, sobre todo, si tenemos presente el patrón que siguió la ocupación hispana de los territorios en el interior rural, especialmente cuando dicho asientose dirigía hacia las áreas montañosas. El proceso ocupacional de la geogragía poceña ofrece todas las características de haber sido lento y desorganizado, un movimiento de flujo y reflujo demográfico que obliga a muchos vecinos de los pueblos coloniales próximos (Pesé, Macarácas y las Minas) a buscar nuevas tierras frente a la imposibilidad de encontrarlas en las comunidades citadas. En tal sentido y abusando de la ingerencia histórica, podemos conjeturar que el paraje poceño comienza a recibir a los primeros representantes de la ocupación foránea a finales del siglo XVIII o principios del XIX.
En el mismo orden de intención, informamos que hemos tenido acceso a un documento interesantísimo y de enorme importancia para el estudio del pretérico colonial herrerano, se trata de la nómina que integraba el denominado "Batallón" de la Libertad" contingente bélico que se organiza en toda la jurisdicción santeña para defender la gesta heroica del 10 de Noviembre de 1821. En relación a la "compañía" que se recluta en Pesé y Las Minas, descubrimos en la lista castrense a varios individuos cuyos apellidos parecieran propios del entorno poceño actual y aunque se tratase de mera coincidencia, ele vento patronímico invita a especular y pensar que para aquella fecha ya existía el "Caserío de los Pozos", aunque, obviamente, sujeto a la administración poseense. Hablamos de los apellidos Almendas, González; Mendoza, Nieto y Flores.
Ignorar o negar que el surgimiento de Los Pozos está indiscutiblemente relacionado con el afán de algunos vecinos de Pesé y de Macaracas de anexar extensos espacios vírgenes para destinarlos a la única actividad rural que vírgenes para destinarlos a la única actividad rural que generaba riqueza y señorío, la ganadería, sería desfiguar la verdad histórica; e incluso, nos arriesgamos a afirmar que es muy posible que los ocupantes primigenios permanentes del Sitio de Los Pozos fueran jornaleros agropecuarios o simples administradores de fincas, quienes compartían con los propietarios de las mismas, seguramente residentes en Pesé o en la distante Macaracas, el fruto del sudor edáfico y vacuno. En tal sentido, podemos aventurarnos a señalar que la mayor parte de estos primeros colonos procedían, en términos sociales y económicos, del estamento menos favorecido de sus respectivos centros poblados y quienes por carecer de expectativas financieras inmediatas, optan por internarse en la espesura montañosa donde dispondrían de espacios libres que les garantizarían la subsistencia.
A riesgo de especular burdamente, permítaseme señalar que, aunque pareciera que la migración peseense hacia el suelo poceño presenta las características inequívocas de haber sido un movimiento demográfico lento pero sistemático, creemos que dicho proceso ocupacional, al menos en el caso de los peseenses, experimentó dos grandes e importantes momentos; el inicial, que arranca con la instalación de los primeros feligreses nativos de Pesé a finales del XVIII o principios del XIX y el otro que parte de la sexta o séptima década del XIX y el que, por la representatividad o la "calidad" de las personas que deciden trasladarse a Los Pozos, constituyen el más valioso.
Un oficio fechado en Los Pozos a 24 de febrero de 1887, suscrito por "vecinos de Pesé y residentes en el caserío de Los Pozos" dirigido al "Señor Prefecto de la Provincia de Los Santos", Don Maximino Márquez López, nativo de Pesé y con fuertes lazos consaguinos con varios de los signatarios, revela, a más del objetivo del documento, los nombres de dichos peseenses; anotamos, entre otros, los siguientes: Presbítero José Francesco Valdés, Rosa Peralta, José María Bustamante, Manuel José Barrera, Daniel Romero, José María Cedeño, Sixto y Juan Crespo, José Quintero y Bartolomé Valdés. Sobre estos personajes, podemos asegurar que todos provenían del círculo o grupo dominante de Pesé, detentor de los instrumentos generados de riqueza y señorío comarcal. Sólo uno de aquellos, José de la Cruz Torres, firmó a ruego, por no saber.
Concluimos estas remembranzas poceñas, procurando acercarnos a los motivos que habrían incitado a estos exponentes del círculo prístino peseense a instalarse permanente en el Caserío de Los Pozos, sitio que, desde luego, en esos momentos históricos-culturales, no disponía de las ventajas urbanas ni del prestigio que disfrutaba San José de Pesé. En este orden de intención, pudiéramos pensar que el paso al suelo poceño de algunos pudo estar relacionado con el ejercicio de algún cargo público, teniendo en cuenta el estatus de Distrito Parroquial logrado por Los Pozos en 1848, frente a la necesidad de incorporar funcionarios idóneos y experimentados en el manejo burocrático, de los que, seguramente, carecía la nueva corporación edilicia y, por la misma ruta, es también probable que la autonomía política y, por la misma ruta, es también probable que la autonomía política alcanzada diera pie al reforzamiento de la economía, "boom" comercial que querrían aprovechar los vecino próximos; Juan y Sixto Crespo Valdés, sobrinos del sacerdote peseense José Francisco Valdés a la sazón cura del poblado, constituyen dos ejemplos excelentes de lo anotado. Finalmente, no descartamos la posibilidad de que dicho traslado pudiera estar relacionado con un período de pauperismo comarcal; por ello, tal vez la dispersión peseense hacia el territorio poceño no fue una decisión motivada únicamente por las expectativas de ampliar las heredades, sino más bien el corolario del debilitamiento económico propiciado por un ciclo deficitario de las finanzas rurales o porque quizás algunas familias peseenses raizales de "viejo cuño", presionadas por el auge pecuarios logrado por vecinos de reciente instalación, se vieron forzadas a refugiarse en sus "asientos" interiores, presagiando la miseria que sobrevendría de continuar viviendo en el pueblo de Pesé o en su entorno inmediato. Aún queda mucha tela por cortar y abundante tinta en el tintero..., amigo Charco Velarde.
El pueblo de Los Pozos surge, a nuestro parecer, como un lugar o sitio de "sesteo" de la corriente viajera que se dirigía desde Pesé al pueblo de San Juan de Macarácas y viceversa, incorporándose a este constante y espinoso tránsito montaraz el caminante del pueblo de Santa Bárbara de las Minas. Comunidades rurales que no sólo antecedieron a la primera sino que cuando ésta aún balbuceada ya las otras disfrutaban de plena identidad demográfica y de evidente estatus político, como lo revelan elocuentemente las actas de adhesión al Grito Heroico de la Villa (1821) que rubrican los cabildantes de Pesé, Macaracas y Las Minas. Igualmente debemos aclarar que en materia de caminos, atajos y sendas también existían otras rutas alternas que comunicaban a todos estos pueblos.
El paraje poceño era obviamente un alto en la azarosa y cansina travesía antes de arribar a una de aquellas aldeas rurales; las colinas escarpadas, los ríos y arroyos desbordados, la vegetación exhuberante y las limitaciones en materia de transporte disponible, debieron representar auténticos motivos para apacentarse o pernoctar denominando "el sitio de los pozos", espacio favorecido por benignidades ecológicas, como era la existencia de una topografía relativamente llana, espléndidos herbazales donde alimentar las bestias, fuentes de aguas brocales donde hombres y animales podrían mitigar la sed y descansar, antes de continuar hacia sus destinos. La connmunción de estos elementos naturales y fisiológicos sienta los fundamentos estructurales de lo que sería el poblado de Los Pozos; así, en consecuencia, sin que mediara intervención oficial, se levantarían los primeros ranchos o bohíos de bahareque rústicos y modestos, pero presagiando lo que sería después el asiento.
Ahora, si usamos a manera de referencia la cifra de habitantes que registra el Distrito Parroquial de Los Pozos según el padrón de 1851, 1,300 "almas", podríamos discurrir que tal cantidad de personas empadronadas era el resultado lógico de un crecimiento vegetativo o de un poblamiento que debió iniciarse muchas décadas atrás, sobre todo, si tenemos presente el patrón que siguió la ocupación hispana de los territorios en el interior rural, especialmente cuando dicho asientose dirigía hacia las áreas montañosas. El proceso ocupacional de la geogragía poceña ofrece todas las características de haber sido lento y desorganizado, un movimiento de flujo y reflujo demográfico que obliga a muchos vecinos de los pueblos coloniales próximos (Pesé, Macarácas y las Minas) a buscar nuevas tierras frente a la imposibilidad de encontrarlas en las comunidades citadas. En tal sentido y abusando de la ingerencia histórica, podemos conjeturar que el paraje poceño comienza a recibir a los primeros representantes de la ocupación foránea a finales del siglo XVIII o principios del XIX.
En el mismo orden de intención, informamos que hemos tenido acceso a un documento interesantísimo y de enorme importancia para el estudio del pretérico colonial herrerano, se trata de la nómina que integraba el denominado "Batallón" de la Libertad" contingente bélico que se organiza en toda la jurisdicción santeña para defender la gesta heroica del 10 de Noviembre de 1821. En relación a la "compañía" que se recluta en Pesé y Las Minas, descubrimos en la lista castrense a varios individuos cuyos apellidos parecieran propios del entorno poceño actual y aunque se tratase de mera coincidencia, ele vento patronímico invita a especular y pensar que para aquella fecha ya existía el "Caserío de los Pozos", aunque, obviamente, sujeto a la administración poseense. Hablamos de los apellidos Almendas, González; Mendoza, Nieto y Flores.
Ignorar o negar que el surgimiento de Los Pozos está indiscutiblemente relacionado con el afán de algunos vecinos de Pesé y de Macaracas de anexar extensos espacios vírgenes para destinarlos a la única actividad rural que vírgenes para destinarlos a la única actividad rural que generaba riqueza y señorío, la ganadería, sería desfiguar la verdad histórica; e incluso, nos arriesgamos a afirmar que es muy posible que los ocupantes primigenios permanentes del Sitio de Los Pozos fueran jornaleros agropecuarios o simples administradores de fincas, quienes compartían con los propietarios de las mismas, seguramente residentes en Pesé o en la distante Macaracas, el fruto del sudor edáfico y vacuno. En tal sentido, podemos aventurarnos a señalar que la mayor parte de estos primeros colonos procedían, en términos sociales y económicos, del estamento menos favorecido de sus respectivos centros poblados y quienes por carecer de expectativas financieras inmediatas, optan por internarse en la espesura montañosa donde dispondrían de espacios libres que les garantizarían la subsistencia.
A riesgo de especular burdamente, permítaseme señalar que, aunque pareciera que la migración peseense hacia el suelo poceño presenta las características inequívocas de haber sido un movimiento demográfico lento pero sistemático, creemos que dicho proceso ocupacional, al menos en el caso de los peseenses, experimentó dos grandes e importantes momentos; el inicial, que arranca con la instalación de los primeros feligreses nativos de Pesé a finales del XVIII o principios del XIX y el otro que parte de la sexta o séptima década del XIX y el que, por la representatividad o la "calidad" de las personas que deciden trasladarse a Los Pozos, constituyen el más valioso.
Un oficio fechado en Los Pozos a 24 de febrero de 1887, suscrito por "vecinos de Pesé y residentes en el caserío de Los Pozos" dirigido al "Señor Prefecto de la Provincia de Los Santos", Don Maximino Márquez López, nativo de Pesé y con fuertes lazos consaguinos con varios de los signatarios, revela, a más del objetivo del documento, los nombres de dichos peseenses; anotamos, entre otros, los siguientes: Presbítero José Francesco Valdés, Rosa Peralta, José María Bustamante, Manuel José Barrera, Daniel Romero, José María Cedeño, Sixto y Juan Crespo, José Quintero y Bartolomé Valdés. Sobre estos personajes, podemos asegurar que todos provenían del círculo o grupo dominante de Pesé, detentor de los instrumentos generados de riqueza y señorío comarcal. Sólo uno de aquellos, José de la Cruz Torres, firmó a ruego, por no saber.
Concluimos estas remembranzas poceñas, procurando acercarnos a los motivos que habrían incitado a estos exponentes del círculo prístino peseense a instalarse permanente en el Caserío de Los Pozos, sitio que, desde luego, en esos momentos históricos-culturales, no disponía de las ventajas urbanas ni del prestigio que disfrutaba San José de Pesé. En este orden de intención, pudiéramos pensar que el paso al suelo poceño de algunos pudo estar relacionado con el ejercicio de algún cargo público, teniendo en cuenta el estatus de Distrito Parroquial logrado por Los Pozos en 1848, frente a la necesidad de incorporar funcionarios idóneos y experimentados en el manejo burocrático, de los que, seguramente, carecía la nueva corporación edilicia y, por la misma ruta, es también probable que la autonomía política y, por la misma ruta, es también probable que la autonomía política alcanzada diera pie al reforzamiento de la economía, "boom" comercial que querrían aprovechar los vecino próximos; Juan y Sixto Crespo Valdés, sobrinos del sacerdote peseense José Francisco Valdés a la sazón cura del poblado, constituyen dos ejemplos excelentes de lo anotado. Finalmente, no descartamos la posibilidad de que dicho traslado pudiera estar relacionado con un período de pauperismo comarcal; por ello, tal vez la dispersión peseense hacia el territorio poceño no fue una decisión motivada únicamente por las expectativas de ampliar las heredades, sino más bien el corolario del debilitamiento económico propiciado por un ciclo deficitario de las finanzas rurales o porque quizás algunas familias peseenses raizales de "viejo cuño", presionadas por el auge pecuarios logrado por vecinos de reciente instalación, se vieron forzadas a refugiarse en sus "asientos" interiores, presagiando la miseria que sobrevendría de continuar viviendo en el pueblo de Pesé o en su entorno inmediato. Aún queda mucha tela por cortar y abundante tinta en el tintero..., amigo Charco Velarde.

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