Aquí no los queremos
Publicado 2006/04/03 23:00:00
- Redacción /
El ambiente hípico amaneció algo convulsionado el viernes de la semana pasada, debido a un penoso incidente que se dio después de terminadas las carreras de la noche anterior, que tuvo como saldo a un jinete seriamente lesionado, y quien pudo haber sido asesinado.
Los detalles del asunto son escalofriantes, sobre todo debido a que involucra a figuras jóvenes y que están llamados a ser las futuras estrellas sobre el sillín.
Los problemas personales y sentimentales no pueden cegar a los involucrados hasta el extremo de "contratar" pisteleros para que lleguen a los predios del hipódromo a saldar cuentas.
Bien hace la administración y la Comisión Nacional de Carreras en prohibir el ingreso de esos intrusos al hipódromo, sean padres, hermanos o compañeras sentimentales de quien sea.
Dentro del hipódromo siempre han existido diferencias de criterio; han habido polémicas por asuntos insospechados, pero cuando se recurre a la violencia es porque se carece de argumentos. No podemos permitir que la incultura, la chabacanería y lo maleantería nos secuestren.
Si los jinetes relacionados con este tipo de elementos no "ponen a su gente" en el lugar que se merecen, eventualmente habrá que tomar medidas con ellos, por más estrellas que sean.
De momento recomendamos que se les de un jalón de orejas y se les advierta que las reyertas no tiene cabida en el "Deporte de los Reyes" y si no pueden andar por el camino recto, entonces que busquen otro oficio.
No podemos permitir que un grupo minúsculo, que nada o muy poco aportan a la actividad, malogren la inversión de los dueños de caballos; entorpezcan la decisión de la empresa hípica de desarrollar la actividad y le den malos ejemplos a esa juventud que ve en la profesión de jinete un medio para salir de la pobreza y contribuir a confirmar aquello de que somos: "cuna de la los mejores jinetes del mundo".
Los detalles del asunto son escalofriantes, sobre todo debido a que involucra a figuras jóvenes y que están llamados a ser las futuras estrellas sobre el sillín.
Los problemas personales y sentimentales no pueden cegar a los involucrados hasta el extremo de "contratar" pisteleros para que lleguen a los predios del hipódromo a saldar cuentas.
Bien hace la administración y la Comisión Nacional de Carreras en prohibir el ingreso de esos intrusos al hipódromo, sean padres, hermanos o compañeras sentimentales de quien sea.
Dentro del hipódromo siempre han existido diferencias de criterio; han habido polémicas por asuntos insospechados, pero cuando se recurre a la violencia es porque se carece de argumentos. No podemos permitir que la incultura, la chabacanería y lo maleantería nos secuestren.
Si los jinetes relacionados con este tipo de elementos no "ponen a su gente" en el lugar que se merecen, eventualmente habrá que tomar medidas con ellos, por más estrellas que sean.
De momento recomendamos que se les de un jalón de orejas y se les advierta que las reyertas no tiene cabida en el "Deporte de los Reyes" y si no pueden andar por el camino recto, entonces que busquen otro oficio.
No podemos permitir que un grupo minúsculo, que nada o muy poco aportan a la actividad, malogren la inversión de los dueños de caballos; entorpezcan la decisión de la empresa hípica de desarrollar la actividad y le den malos ejemplos a esa juventud que ve en la profesión de jinete un medio para salir de la pobreza y contribuir a confirmar aquello de que somos: "cuna de la los mejores jinetes del mundo".

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