Festival de Estrellas Hípicas, un oasis en el desierto
Publicado 2000/04/12 23:00:00
- Redacción /
Aunque no será una tarea fácil, la intención de llevar adelante el "Tercer Festival Internacional de Estrellas Hípicas" es loable.
Algunos de los que defienden la presentación del espectáculo, sostienen que ésta puede ser la panacea para todos los males que sufre nuestra hípica, mientras que existe otra corriente que, con justa razón, ve el asunto con luces más largas y aboga por iniciativas que darán resultados a largo plazo, pero permanentes.
Nosotros nos mantenemos en que el "Festival Internacional de Estrellas Hípicas" debe celebrarse, independientemente de que seamos conscientes de que esta no será la solución a los problemas globales que, de manera tan feroz, siguen carcomiendo la vida hípica panameña.
Y es que una actividad no excluye a la otra. Los esfuerzos que se adelantan en altos niveles para modificar los términos de los acuerdos existentes entre el Estado, los dueños de caballos y la empresa Equus, son encomiables y pudieran redimir al espectáculo del aparente estancamiento en el que se encuentra.
La organización del "Festival Internacional de Estrellas Hípicas" tiene muchas bondades.
En primer lugar, nos permitirá a los hípicos y a los panameños en general ser partícipes directos de este gran momento que atraviesa Laffit Pincay Jr. y rendirle el homenaje que justamente se merece.
En segundo lugar, un espectáculo de esta índole permitirá que la imagen del deporte hípico se mantenga o fortalezca en el sentir ciudadano, donde en la actualidad actividades como el fútbol, el béisbol y la natación están acaparando la atención de la población panameña que está ávida de buenos espectáculos y mejores resultados.
En tercer lugar, y sin ningún atisbo de provocar confrontaciones, de llegar a concretarse esta gestión, que es prácticamente independiente, sería una lección para quienes teniendo la responsabilidad legal y moral -léase la administración del hipódromo- no han demostrado hasta ahora la determinación necesaria para darle el empuje suficiente al espectáculo.
Insistimos en que ni Pincay ni el Festival de Estrellas serán la solución definitiva a los grandes problemas de nuestra hípica, pero viene a ser un oasis en el desierto.
Desde ahora manifestamos nuestro apoyo personal y profesional a Emilio Arosemena y a todos aquellos que estén en disposición de trabajar de buena fe y sin intereses individuales para hacer posible el Festival Internacional de Estrellas.
Pero, en el interín no dejaremos de observar y abordar con la misma intensidad de siempre los grandes asuntos que aún quedan por resolver dentro de nuestro hipismo.
Algunos de los que defienden la presentación del espectáculo, sostienen que ésta puede ser la panacea para todos los males que sufre nuestra hípica, mientras que existe otra corriente que, con justa razón, ve el asunto con luces más largas y aboga por iniciativas que darán resultados a largo plazo, pero permanentes.
Nosotros nos mantenemos en que el "Festival Internacional de Estrellas Hípicas" debe celebrarse, independientemente de que seamos conscientes de que esta no será la solución a los problemas globales que, de manera tan feroz, siguen carcomiendo la vida hípica panameña.
Y es que una actividad no excluye a la otra. Los esfuerzos que se adelantan en altos niveles para modificar los términos de los acuerdos existentes entre el Estado, los dueños de caballos y la empresa Equus, son encomiables y pudieran redimir al espectáculo del aparente estancamiento en el que se encuentra.
La organización del "Festival Internacional de Estrellas Hípicas" tiene muchas bondades.
En primer lugar, nos permitirá a los hípicos y a los panameños en general ser partícipes directos de este gran momento que atraviesa Laffit Pincay Jr. y rendirle el homenaje que justamente se merece.
En segundo lugar, un espectáculo de esta índole permitirá que la imagen del deporte hípico se mantenga o fortalezca en el sentir ciudadano, donde en la actualidad actividades como el fútbol, el béisbol y la natación están acaparando la atención de la población panameña que está ávida de buenos espectáculos y mejores resultados.
En tercer lugar, y sin ningún atisbo de provocar confrontaciones, de llegar a concretarse esta gestión, que es prácticamente independiente, sería una lección para quienes teniendo la responsabilidad legal y moral -léase la administración del hipódromo- no han demostrado hasta ahora la determinación necesaria para darle el empuje suficiente al espectáculo.
Insistimos en que ni Pincay ni el Festival de Estrellas serán la solución definitiva a los grandes problemas de nuestra hípica, pero viene a ser un oasis en el desierto.
Desde ahora manifestamos nuestro apoyo personal y profesional a Emilio Arosemena y a todos aquellos que estén en disposición de trabajar de buena fe y sin intereses individuales para hacer posible el Festival Internacional de Estrellas.
Pero, en el interín no dejaremos de observar y abordar con la misma intensidad de siempre los grandes asuntos que aún quedan por resolver dentro de nuestro hipismo.

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