<br> “Me queda un hueco en todo mi corazón”
- Víctor Bárcenas/Roberto Acuña (10.deportivo@epasa.
Patricia Thomas intenta, pero no logra, olvidar la noche de aquel aciago viernes 6 de mayo de 2011. La imagen de su hijo, el jugador del Chorrillo FC, Javier de la Rosa (q.e.p.d.), ensangrentado, herido de muerte en el pavimento, se enciende en su memoria en la soledad de sus sueños.
La señora Thomas, antigua residente de Plaza Amador, estaba en las inmediaciones del Estadio Profesor Javier Cruz del Colegio Artes y Oficios, el día en que “Javi” -quien minutos antes del nefasto acontecimiento había marcado un gol en el triunfo 4-0 del Chorrillo sobre el Tauro- fue ultimado, si piedad, a tiros...
Ella -asegura- no les guarda rencor a los asesinos. Intenta arrancarse el mal recuerdo de la memoria, pero cuando se ama, como ama una madre a un hijo, la misión de borrar el doloroso episodio de su mente se hace imposible. Permanece clavado, soterrado allí... en el alma.
“No guardo rencor contra ellos (contra los que asesinaron a ‘Javi’). Si no es en la tierra, las cosas se pagan allá arriba. Mi hijo no tenía ningún problema personal con ellos. Me queda un hueco en mi corazón”, relata con honda nostalgia.
“Mi vida, después del 6 de mayo, ha sido dura. A veces me levanto y lloro. En la calle trato de dar una buena cara, pero por dentro... nadie sabe lo que vivo”.
Patricia Thomas se resiste a romper en llanto. Se le quebranta la voz, toma aire y, con valentía, prosigue. Contra su voluntad, evita derramar más lágrimas... cree que ya fueron suficientes. Esta humilde placina lucha, día y noche, contra el dolor. “Se me ha hecho difícil este año”, confesó. “Siempre le pido a Dios fuerzas. Un Día de la Madre sin ‘Javi’ será difícil; aunque tratamos de echar para adelante”.
Recuerdos de un hijo.
Doña Patricia, de 44 años, evocó que a “Javi” no le gustaba perder, pues cuando esto ocurría se enfadaba.
También recuerda que, para estos tiempos (Día de la Madre), Javier acostumbraba hacerle su regalo.
El pasado viernes 3, previo al duelo en el que el Chorrillo FC se alzó con el título del Torneo Apertura de la LPF al vencer al Plaza Amador, a la señora Thomas le tocó vivir otro momento complicado. Una lluvia de gratos y dolorosos recuerdos la invadió: “Quería asistir (al Estadio Rommel Fernández) y no me sentía con fuerzas”. Para ella -acostumbrada a ver a “Javi” en la cancha”- sería extraño estar allí y no verlo...
“Aquel día me levanté llorando. Entonces tomé la decisión de ir al cementerio. Me acerqué a su tumba, conversé con él y le pedí fuerzas para ir (al partido)”.
“Tuve sentimientos encontrados, así que me vestí con un suéter mitad Plaza Amador, mi equipo de siempre, y mitad Chorrillo, último club de Javier”, destacó la señora Thomas, quien agregó: “Me sentí muy feliz cuando los jugadores del Chorrillo me llevaron el trofeo. Y me emocioné cuando gritaron: “¡Javi, esta copa es tuya!”.
“Yo sé que él quería que el Chorrillo fuera campeón, estoy segura que estuvo allí”, cuenta.
Patricia, además de ver a su difunto hijo salir campeón con el Chorrillo, siempre soñó con que fuera parte de la Selección Nacional de Fútbol Mayor. Y eso la hiere: “Cuando veo los partidos de la selección, y veo a los jugadores que crecieron con mi hijo (Aníbal Godoy, Armando Polo, Rolando Blackburn), prefiero cambiar la televisión”.
Consejo de madre.
Para la señora Thomas, sólo Dios sabe por qué ocurrió esta desgracia. Ahora -comenta- tiene a dos hijos, quienes juegan bien al fútbol y a quienes intenta llevar por el buen camino.
“Las madres que tienen problemas como el mío, que le pidan a Dios que les dé fuerza. Ser una buena madre es aconsejar a los hijos para que sean buenos ciudadanos”, pidió.
Doña Patricia se tomó su tiempo para aconsejar también a la juventud: “que jueguen al fútbol, que se aparten de lo malo, que de lo malo nada bueno sale: sólo queda la cárcel o la muerte. No hay otros caminos”.

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