José de Jesús Martínez
- Arístides Martínez Ortega
Ciudadano del mundo y maestro de las letras, este panameño fue un intelectual de primer nivel muy respetado por su saber, tanto local, como internacionalmente.
José de Jesús Martínez, 1929, mantiene una concentrada preocupación en toda su obra poética. En efecto, es Martínez un poeta hondamente preocupado por el ser, el estar, el morir, por el misterio de aparecer y desaparecer; cavila, escudriña, el sentido profundo de la vida.
Vivió en una gran cantidad de países de América y Europa. En Estados Unidos hizo estudios navales y también estudió ciencias, y sus estudios de filosofía los hizo en Alemania. Hizo estudios superiores de Matemática en París. Fue, pues, un hombre culto, que vivió intensamente. Como autor, firmó libros de poesías, obras de teatro, ensayos filosóficos y sobre Matemática moderna.
La estrella de la tarde, México, 1950, es su primer libro de poemas. Hay una fuerte influencia de Vallejo y de Quevedo, en los sonetos de este libro: “Ardiendo el día feroz me hace pedazos / con viento, el sol y su zapato duro; / y me mata, y derrumba como un muro, / a fuego lento, a duros manotazos,”. (“Lamentaciones”).
Angustia existencial es la nota predominante, como en todos sus libros: “Veinte y cuatro colmillos tiene el día / que con su hora y feroz manera / me muerde como perro, como fiera / de carne hambriento y de la vida mía./ Cada minuto es leña seca y fría / que me apresura al corazón-hoguera /para que salte en su veloz carrera / hacia la sorda campanada umbría”.
Al año siguiente publica Tres lecciones en verso, México, 1951, libro en que se siente una nueva influencia, la de las Residencias de Neruda.
Este libro consta de tres lecciones que al poeta le da la mano, el árbol y la primavera: “Tú, que te nutres, árbol, de la tierra / llena de amargas sombras y de muertos / tienes el pelo verde, de esperanza, / y alzas los brazos saludando al cielo. / Yo, sin embargo, que me nutren nubes / y esperanza y pájaros y sueño, / y que huyo de la tierra y sus gusanos, / siempre miro hacia abajo, y tengo el pelo / más negro que la noche y más amargo, / por más que es luz y cielo mi alimento”.
Poemas a ella, 1963, más que a ella son poemas sobre él. Siempre el problema del ser y de la existencia. El poeta busca en la emoción del amor claves para explicarse las cosas del existir. Ni el amor lo hace salir de sí: “Hace ya tanto yo que no te veo / que si me viera ahora no podría / quizá reconocerme. ¿ Dónde he estado? / Que he hecho yo durante tantas cosas, / durante tanto yo, perdido y solo, / lejos de mí, viviéndome en secreto, / resentido quizás, seguramente odiándome, / sin decirme nada?”. (“Hace ya tanto yo”).

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