Productores chiricanos con una nueva alternativa
Publicado 2007/05/20 23:00:00
- Marcelino Rosario
Una alternativa que en teoría puede llevar a que los precios de los alimentos bajen.
El incremento en los precios del petróleo está empujando a los productores a sustituir los fertilizantes por abono orgánico, en busca de una reducción de costos y mejorar los suelos.
La pulpa del café, que por muchos años provocó contaminación en fuentes de agua, ahora es el 50% del compuesto que requiere el abono orgánico de fermentación, esto junto a otras materias orgánicas que se utilizan como la melaza, levadura, estiércol de diferentes animales, pulidora, suero de la leche, aluvión de río y aserrín fermentado.
Estos desechos orgánicos se mezclan en una máquina industrial para sacar el producto final, que es el abono de fermentación que utilizan para diferentes plantaciones.
El abono tarda en fermentarse 15 días y se coloca en la máquina que tiene una capacidad entre 200 a 250 quintales, la cual pasa por cuatro recipientes hasta mezclase por completo, y luego llega a una trituradora para el empaque.
Este producto se hace bajo la supervisión del Ministerio de Desarrollo Agropecuario.
En el 2007, la empresa Aboquete (Abonos Orgánicos de Boquete) ganó el premio a la innovación tecnológica en el marco de Expocomer, por tratarse de un producto que tiene una fórmula única y que se fabrica en Panamá.
Carlos Díaz Ritter, uno de los propietarios de la empresa, que junto a sus hijos Demetrio y Lariana Díaz ha llevado adelante este proyecto, está a punto de ir hacia la exportación.
Hace 10 años iniciaron en estas prácticas y están comercializando con productores de las diferentes provincias.
Solo 150 dólares fueron suficientes para comenzar la empresa, que alcanzó la certificación de Biolatina y que ahora es una fábrica que produce abono orgánico en Panamá.
Tiene una alta demanda, principalmente para fincas cafetaleras y para productores de Tierras Altas, que lo están usando en hortalizas y en las provincias centrales para la producción de melón y sandía.
La intención es que el productor poco a poco vaya cambiando sus prácticas agrícolas y mejorando los suelos y que pase de una producción convencional a una orgánica, que al final tiene un valor agregado.
Cada quintal de abono fermentado tiene un valor de B/. 7.50 en la planta de Aboquete, mientras que el quintal de los otros fertilizantes cuesta al productor hasta B/. 28.00, aumento que ha ido encareciendo el costo de producción.
La intención, según Díaz, es brindarle al agricultor una producción de calidad para que vaya disminuyendo su costo de producción.
Sostuvo que ahora la intención es la construcción de una biofábrica para brindarle al productor respuestas con productos para controlar los nemátodos, los ácaros y cualquier otro problema que se presente en su finca.
La pulpa del café, que por muchos años provocó contaminación en fuentes de agua, ahora es el 50% del compuesto que requiere el abono orgánico de fermentación, esto junto a otras materias orgánicas que se utilizan como la melaza, levadura, estiércol de diferentes animales, pulidora, suero de la leche, aluvión de río y aserrín fermentado.
Estos desechos orgánicos se mezclan en una máquina industrial para sacar el producto final, que es el abono de fermentación que utilizan para diferentes plantaciones.
El abono tarda en fermentarse 15 días y se coloca en la máquina que tiene una capacidad entre 200 a 250 quintales, la cual pasa por cuatro recipientes hasta mezclase por completo, y luego llega a una trituradora para el empaque.
Este producto se hace bajo la supervisión del Ministerio de Desarrollo Agropecuario.
En el 2007, la empresa Aboquete (Abonos Orgánicos de Boquete) ganó el premio a la innovación tecnológica en el marco de Expocomer, por tratarse de un producto que tiene una fórmula única y que se fabrica en Panamá.
Carlos Díaz Ritter, uno de los propietarios de la empresa, que junto a sus hijos Demetrio y Lariana Díaz ha llevado adelante este proyecto, está a punto de ir hacia la exportación.
Hace 10 años iniciaron en estas prácticas y están comercializando con productores de las diferentes provincias.
Solo 150 dólares fueron suficientes para comenzar la empresa, que alcanzó la certificación de Biolatina y que ahora es una fábrica que produce abono orgánico en Panamá.
Tiene una alta demanda, principalmente para fincas cafetaleras y para productores de Tierras Altas, que lo están usando en hortalizas y en las provincias centrales para la producción de melón y sandía.
La intención es que el productor poco a poco vaya cambiando sus prácticas agrícolas y mejorando los suelos y que pase de una producción convencional a una orgánica, que al final tiene un valor agregado.
Cada quintal de abono fermentado tiene un valor de B/. 7.50 en la planta de Aboquete, mientras que el quintal de los otros fertilizantes cuesta al productor hasta B/. 28.00, aumento que ha ido encareciendo el costo de producción.
La intención, según Díaz, es brindarle al agricultor una producción de calidad para que vaya disminuyendo su costo de producción.
Sostuvo que ahora la intención es la construcción de una biofábrica para brindarle al productor respuestas con productos para controlar los nemátodos, los ácaros y cualquier otro problema que se presente en su finca.

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