Los poetas modernos
Publicado 2003/10/14 23:00:00
- Aristides Martínez Ortega
Los poetas hispanoamericanos de las primeras generaciones modernas, conocidos como poetas pre-modernistas, los primeros, y poetas modernistas, los segundos, escogieron como modelos a los poetas franceses que a partir de Charles Baudelaire, el poeta de Las Flores del Mal, poemario publicado en 1857, cambiaron los temas y el lenguaje de la poesía. Más que el mismo Baudelaire, sus modelos fueron los parnasianos y simbolistas, especialmente Verlaine.
En la poesía panameña observamos que los dedicados a escribir verso son menos cuando llega la hora de los primeros modernos, en comparación con la tercera generación de los románticos, pues sólo se registran tres autores en la primera generación moderna: Leopoldo Arosemena (1845-1895); Jerónimo de la Ossa (2847-1907) y Justo Facio (1859-1931).
Leopoldo José Arosemena publicó sus versos en un volumen titulado Pensamientos, que no ha sido posible consultar. Sólo conocemos el texto poético que publica Rodrigo Miró en sus dos antologías poéticas, pero que no pertenece al volumen citado. Se trata del poema “La Locería”, publicado en Lima en 1890, composición en la que declara su amor a la patria exalta la belleza de su paisaje agreste. Aunque son más notorias las influencias renacentistas hispánicas que las influencias francesas, coincide con el gusto moderno en su búsqueda de lo estético, a través de un lenguaje escogido y sonoro.
Jerónimo Ossa no dejó obra, pero tiene el mérito de ser autor de la letra del Himno Nacional, composición que está más cerca de la modalidad posmodernista o mundonovista. Sin embargo, el soneto que publica Rodrigo Miró en sus antologías. “La fuente del paraíso”, su único poema conocido, lo distingue como un autor que busca la expresión y la figura elegante. No dejó obra poética publicada lo que indica que su afición fue ocasional, no obstante revelar sensibilidad, habilidad creativa y conocimientos de las reglas de composición poética
I
De una colina en la gentil ladera,
Al fin de una quebrada primorosa,
Hay oculta una fuente misteriosa
Bajo un bosque de crespa enredadera.
Feliz vive el amor en su ribera,
El genio del placer allí reposa
Y en su linfa escondida y milagrosa
Calma su sed la humanidad entera.
Desde su fondo de pulida grama
En vívida corriente inagotable
La ardiente savia de los goces mana.
Produce una embriaguez inexplicable.
Y aunque suele dar muerte su bebida
En ella está el principio de la vida.
Coro
Alcanzamos por fin la victoria
en el campo feliz de la unión;
con ardientes fulgores de gloria
se ilumina la nueva nación.
El progreso acaricia tus lares,
al compás de sublime canción
ves rugir a tus pies ambos mares
que dan rumbo a tu noble misión.
Coro
En tu suelo cubierto de flores
A los besos del tibio terral,
Terminaron guerreros fragores,
Solo reina el amor fraternal.
Adelante la pica y la pala,
al trabajo sin más dilación,
y seremos así prez y gala
de este mundo feraz de Colón.
Coro
De Panamá preciada
En la vasta campiña perfumada,
Floresta portentosa,
A cierta juventud predestinada
Se extiende en una altura deliciosa
La granja Locería
En medio a la sabana
Que por ropaje, ufana,
Viste una viva alfombra esmeraldina
Cuyo rico follaje sorprendiera
Al mirarlo, a la misma Primavera
Y cubierta de innúmeras vacadas
Y agreste caballadas
Que ya tranquilas pacen, perezosas.
O ya saltan y murgen y relinchan
O corren impacientes y fogosas.
Reina perenne brisa,
Impregnada del puro y suave aroma
Que allí exhalan las hierbas tropicales
Y el verde césped frisa
Que salpican selváticas mil flores.
Como frisan la plácida laguna
Las auras con que anúnciase la luna
Al través de los rayos matinales.
Semejando cambiantes primorosos
Que repiten con luces los colores
De miríadas de pájaros cantores
Que visítanse en árboles y prados
Y bésanse en el aire enamorados.
Elévase la quinta
En medio de un espléndido anfiteatro
De verdes limoneros olorosos;
Mezclados con guayabos corpulentos
Y naranjos frondosos,
Que por la carga gimen agobiados
De sus canarios frutos suculentos.
Allí donde declina
El plano de suavísima colina
Bajo bóveda espesa de follaje
Corre un río de linfa cristalina,
Tan diáfana y tan pura
Que cual espejo nítido figura
En el fondo otra bóveda invertida
En tubo gigantesco de verdura
De extraña e imponderable galanura.
Discurre el río lento
Hasta donde altas piedras encontrando,
Se va precipitando
Por anchas hendiduras,
Que imprimen incremento
Del agua al movimiento.
Una semicascada
Fórmase allí, que lleva a la hondonada
Circular, que es el baño legendario
Baño tradicional y extraordinario
Por su rara belleza,
O su bella rareza:
Es una inmensa concha
Henchida de rocío,
O líquido diamante,
Circundada y cubierta por gigante
Denso bosque sombrío
En el centro vacío
Como una vegetal soberbia gruta,
Cuya altura termina
En cúpula de hojas peregrinas.
En aqueste lugar maravilloso
Al sol desconocido,
Respírase un ambiente delicioso;
Y el alma experimenta
Sentimiento inefable y misterioso
Que le infunde un respeto religioso.
Tiempo lleno de espíritus alados
Que en contornos revuelan invisibles
Y respiran encantos y misterios,
Sólo turba su mágico reposo
El murmurio del agua sonoroso,
De alguna ave la nota entristecida,
O el salto inesperado
De algún reptil acuático que surge
De una grieta, y corre más que nada,
Agitando vivaz por un instante
La superficie tersa y azulado.
Penumbra placentera
Aumenta el atractivo
De aquella habitación hecha por hadas;
Morada indescriptible y hechicera
De sirena y náyades y diadas
Que convida a dulcísimos amores,
Cuan sólo anhela el alma
De tierna juventud en los albores.
Cuántas veces en dulce compañía
De mis queridos y abnegados padres
Y mis nobles hermanos
O los caros amigos de la infancia,
Oh, goya Locería,
Gocé de tus encantos.
¿Qué camino, qué árbol o qué piedra
Habrá, qué viejo tronco carcomido
Que sea para mí, que admirándote he crecido?
Oh Patria amada,
¡cuán admirablemente
por la mano de Dios fuiste dotada!
¿cuándo llegará el día
que pueda contemplarte
en tus vasta llanuras salpicada
de risueños collados que sustentan
pintorescos y alegres caseríos;
En tus grandes, fantásticas montañas;
Tus caudalosos ríos:
Tus magníficos valles siempre verdes;
Tu floresta sin par en lozanía?
¿Cuándo me será dado
volver a mi galana Locería...?
Lima, Febrero de 1890.
Martínez Ortega, García de Paredes, Segura Jiménez: Diccionario de la literatura panameña.
Miro, Rodrigo: Itinerario de la poesía en Panamá.
En la poesía panameña observamos que los dedicados a escribir verso son menos cuando llega la hora de los primeros modernos, en comparación con la tercera generación de los románticos, pues sólo se registran tres autores en la primera generación moderna: Leopoldo Arosemena (1845-1895); Jerónimo de la Ossa (2847-1907) y Justo Facio (1859-1931).
Leopoldo José Arosemena publicó sus versos en un volumen titulado Pensamientos, que no ha sido posible consultar. Sólo conocemos el texto poético que publica Rodrigo Miró en sus dos antologías poéticas, pero que no pertenece al volumen citado. Se trata del poema “La Locería”, publicado en Lima en 1890, composición en la que declara su amor a la patria exalta la belleza de su paisaje agreste. Aunque son más notorias las influencias renacentistas hispánicas que las influencias francesas, coincide con el gusto moderno en su búsqueda de lo estético, a través de un lenguaje escogido y sonoro.
Jerónimo Ossa no dejó obra, pero tiene el mérito de ser autor de la letra del Himno Nacional, composición que está más cerca de la modalidad posmodernista o mundonovista. Sin embargo, el soneto que publica Rodrigo Miró en sus antologías. “La fuente del paraíso”, su único poema conocido, lo distingue como un autor que busca la expresión y la figura elegante. No dejó obra poética publicada lo que indica que su afición fue ocasional, no obstante revelar sensibilidad, habilidad creativa y conocimientos de las reglas de composición poética
I
De una colina en la gentil ladera,
Al fin de una quebrada primorosa,
Hay oculta una fuente misteriosa
Bajo un bosque de crespa enredadera.
Feliz vive el amor en su ribera,
El genio del placer allí reposa
Y en su linfa escondida y milagrosa
Calma su sed la humanidad entera.
Desde su fondo de pulida grama
En vívida corriente inagotable
La ardiente savia de los goces mana.
Produce una embriaguez inexplicable.
Y aunque suele dar muerte su bebida
En ella está el principio de la vida.
Coro
Alcanzamos por fin la victoria
en el campo feliz de la unión;
con ardientes fulgores de gloria
se ilumina la nueva nación.
El progreso acaricia tus lares,
al compás de sublime canción
ves rugir a tus pies ambos mares
que dan rumbo a tu noble misión.
Coro
En tu suelo cubierto de flores
A los besos del tibio terral,
Terminaron guerreros fragores,
Solo reina el amor fraternal.
Adelante la pica y la pala,
al trabajo sin más dilación,
y seremos así prez y gala
de este mundo feraz de Colón.
Coro
De Panamá preciada
En la vasta campiña perfumada,
Floresta portentosa,
A cierta juventud predestinada
Se extiende en una altura deliciosa
La granja Locería
En medio a la sabana
Que por ropaje, ufana,
Viste una viva alfombra esmeraldina
Cuyo rico follaje sorprendiera
Al mirarlo, a la misma Primavera
Y cubierta de innúmeras vacadas
Y agreste caballadas
Que ya tranquilas pacen, perezosas.
O ya saltan y murgen y relinchan
O corren impacientes y fogosas.
Reina perenne brisa,
Impregnada del puro y suave aroma
Que allí exhalan las hierbas tropicales
Y el verde césped frisa
Que salpican selváticas mil flores.
Como frisan la plácida laguna
Las auras con que anúnciase la luna
Al través de los rayos matinales.
Semejando cambiantes primorosos
Que repiten con luces los colores
De miríadas de pájaros cantores
Que visítanse en árboles y prados
Y bésanse en el aire enamorados.
Elévase la quinta
En medio de un espléndido anfiteatro
De verdes limoneros olorosos;
Mezclados con guayabos corpulentos
Y naranjos frondosos,
Que por la carga gimen agobiados
De sus canarios frutos suculentos.
Allí donde declina
El plano de suavísima colina
Bajo bóveda espesa de follaje
Corre un río de linfa cristalina,
Tan diáfana y tan pura
Que cual espejo nítido figura
En el fondo otra bóveda invertida
En tubo gigantesco de verdura
De extraña e imponderable galanura.
Discurre el río lento
Hasta donde altas piedras encontrando,
Se va precipitando
Por anchas hendiduras,
Que imprimen incremento
Del agua al movimiento.
Una semicascada
Fórmase allí, que lleva a la hondonada
Circular, que es el baño legendario
Baño tradicional y extraordinario
Por su rara belleza,
O su bella rareza:
Es una inmensa concha
Henchida de rocío,
O líquido diamante,
Circundada y cubierta por gigante
Denso bosque sombrío
En el centro vacío
Como una vegetal soberbia gruta,
Cuya altura termina
En cúpula de hojas peregrinas.
En aqueste lugar maravilloso
Al sol desconocido,
Respírase un ambiente delicioso;
Y el alma experimenta
Sentimiento inefable y misterioso
Que le infunde un respeto religioso.
Tiempo lleno de espíritus alados
Que en contornos revuelan invisibles
Y respiran encantos y misterios,
Sólo turba su mágico reposo
El murmurio del agua sonoroso,
De alguna ave la nota entristecida,
O el salto inesperado
De algún reptil acuático que surge
De una grieta, y corre más que nada,
Agitando vivaz por un instante
La superficie tersa y azulado.
Penumbra placentera
Aumenta el atractivo
De aquella habitación hecha por hadas;
Morada indescriptible y hechicera
De sirena y náyades y diadas
Que convida a dulcísimos amores,
Cuan sólo anhela el alma
De tierna juventud en los albores.
Cuántas veces en dulce compañía
De mis queridos y abnegados padres
Y mis nobles hermanos
O los caros amigos de la infancia,
Oh, goya Locería,
Gocé de tus encantos.
¿Qué camino, qué árbol o qué piedra
Habrá, qué viejo tronco carcomido
Que sea para mí, que admirándote he crecido?
Oh Patria amada,
¡cuán admirablemente
por la mano de Dios fuiste dotada!
¿cuándo llegará el día
que pueda contemplarte
en tus vasta llanuras salpicada
de risueños collados que sustentan
pintorescos y alegres caseríos;
En tus grandes, fantásticas montañas;
Tus caudalosos ríos:
Tus magníficos valles siempre verdes;
Tu floresta sin par en lozanía?
¿Cuándo me será dado
volver a mi galana Locería...?
Lima, Febrero de 1890.
Martínez Ortega, García de Paredes, Segura Jiménez: Diccionario de la literatura panameña.
Miro, Rodrigo: Itinerario de la poesía en Panamá.

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