Por fin cumple su sueño
- Yessika Valdés
Panamá puede admirar los cuadros de Ana Jované desde hoy, en el BANCONAL.
Toda la vida supo que quería pintar. El Maestro Juan Manuel Cedeño, con quien estudió aquí, cuando joven, le auguró que triunfaría en ese campo.
Fue un día que Ana Jované tiene todavía fresco en la memoria. “Me dijo que yo tenía madera de dónde cortar, que no la dejara”.
Cincuenta y tres años más tarde, la hija de Ana María Jaramillo y José Lorenzo Jované Mendoza, radicada en México desde 1956, retorna a su terruño para presentar en el Banco Nacional de Panamá, Casa Matriz, su exposición “Remembranzas del futuro”, que se inaugurará hoy a las 6:00 p.m.
¿Por qué hasta ahora? A mediados de la década de los 50 estudiaba Pedagogía en la Universidad de Panamá y quería estudiar Psicología, pero la carrera no existía en nuestro país, por cuanto planeó marcharse a Chile, pero no pudo arreglar los papeles y una amiga suya que estudiaba en México le sugirió irse a esa nación donde, además, tenía la ventaja de que la inscripción podía era semestral.
Partió, pues, hacia la tierra de Pancho Villa ilusionada. Se matriculó y finalizó la carrera de Psicología. Pero, como bien reza el refrán: “Uno propone y Dios dispone”, así que Cupido intervino y conoció a Juan Mancilla.
La pareja contrajo matrimonio y aunque ella quería volver a Panamá, él la persuadió para que aceptara que se establecieran en México.
Eso sí, no faltaron sus visitas anuales a su Patria, ya que quiso que sus hijos y esposo aprendieran a querer Panamá también.
¿Recuerdan que les dije que ella no lo había planeado así? Ciertamente entre sus planes no estaba contraer matrimonio al terminar la carrera. Quería matricularse en “La Esmeralda”, escuela de arte de México, pero la familia se escandalizó ante la idea, pues le parecía que del arte no se podía vivir.
A los 40 años, con los hijos de 6 y 10 años, retomó su sueño de aprender artes plásticas. Consiguió un cupo para el Taller libre de La Esmeralda. Estudió 4 años y aprendió los secretos de la pintura.
“Sólo me faltó el curso de pintura mural, pero, yo no me veía trepada en un anadamio”, dice.
Hizo un alto y se olvidó de la pintura. Pero, un buen día se dio cuenta de que iba a exposiciones con mirada crítica y sacó sus obras, las puso en el suelo y decantó.
Pensó: “Sí puedo hacer algo”, y retomó el pincel, la paleta de colores y el lienzo.
Empezó a trabajar con ahínco. Hablamos de casi mediados de la década de los ochenta.
Participó en bienales. En todas la aceptaron y ese fue el espaldarazo que necesitaba.
Cómo evolucionó.Al principio fue naturaleza muerta, figura humana y últimamente ha querido aprovechar el dibujo pre hispánico (que es arte y religión) tan rico en Pa namá y México.
Ahora “me he dado cuenta de que me gusta la mancha, pero necesito la estructura. Soy de una riqueza y de una espontaneidad y el paso siguiente es liberarme de la estructura y trabajar un poco más la mancha sola”, nos dice una Ana Jované a quien Juan Mancilla le dio plena libertad para crecer en el ámbito que deseara. Ella eligió ser primero madre, esposa y mujer profesional.
Se desenvuelve exitosamente en dos áreas que le apasionan: como pintora y como psicóloga, en el campo de los recursos humanos.

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