Prepara, protege y repara tu piel
Publicado 2006/01/12 00:00:00
- REDACCION
El sol es uno de los mayores factores de riesgo para contraer cáncer de piel y el primer factor de envejecimiento
La investigación cosmética en el campo de los protectores solares y bronceadores ha experimentado en los últimos años una auténtica revolución, incorporándose de lleno a la cosmética de tratamiento y a la cosmética del color.
Ha surgido toda una nueva generación de solares para antes, durante y después de la exposición al sol con fórmulas estudiadas que permiten además de broncear, nutrir e hidratar la piel.
A las cremas más o menos elaboradas de aceites suavizantes y ceras vegetales protectoras se han unido, ahora, todos los componentes más sofisticados y exclusivos de los cosméticos de tratamiento, que han convertido a los bronceadores en auténticos productos de belleza y en el tratamiento más importante del verano.
La cosmética del color ha creado toda una serie de productos especiales para los días de sol y agua: lápices de labios con filtros solares de alta protección; polvos, delineador de ojos, sombras de ojos, mascarillas de pestañas resistentes al agua, y coloretes especiales para rostros bronceados.
Se puede activar la melanina, que es nuestra pantalla protectora natural, para que experimente una fuerte subida al exponer la piel a sol y evite las primeras rojeces o quemaduras. Para eso están los prebronceadores, que es conveniente empezar a aplicar en lugar de la leche hidratante, quince días antes de comenzar las vacaciones.
Los alimentos ricos en caroteno como la zanahoria y el tomate fabrican vitamina A que facilita la producción de melanina. Los alimentos ricos en vitamina E y B como el pescado y las legumbres, evitan la deshidratación y la descamación de la piel y ayudan a fijar y prolongar el bronceado.
Los tres primeros días de exposición al sol son los verdaderamente importantes. En el primer día es en el que se producen la mayor parte de las quemaduras que muchas veces duran todo el verano. Hay que tomar el sol en sesiones de cinco minutos, que se extenderán a diez minutos el segundo día. El tercer día la piel entra en crisis. Es el momento en que la melanina estimulada durante los dos días anteriores, consigue alcanzar la epidermis pero aún no la protege.
Después de tomar el sol resulta indispensable reparar la piel agredida por los rayos nocivos del sol. Todos los bálsamos, cremas, leches y geles para después del sol contienen elementos calmantes, antiinflamatorios, hidratantes, suavizantes y regeneradores del epitelio, con lo que además de reparar e hidratar la piel, evitan o mitigan la sensación de dolor, tirantez y ardor.
En las zonas más sensibles, (labios, nariz, hombros) es conveniente usar siempre un bronceador de alto incide de protección, el mismo que se ha utilizado los dos primeros días para todo el cuerpo.
También es necesario cubrir las cicatrices y las manchas de la piel con una protección especial. Los puntos con más pigmentación de la cara o el cuerpo se oscurecen y agrandan aún más con el sol y las cicatrices adquieren un antiestético tono pardo. Para estas zonas concretas existen productos de alta protección.
Ha surgido toda una nueva generación de solares para antes, durante y después de la exposición al sol con fórmulas estudiadas que permiten además de broncear, nutrir e hidratar la piel.
A las cremas más o menos elaboradas de aceites suavizantes y ceras vegetales protectoras se han unido, ahora, todos los componentes más sofisticados y exclusivos de los cosméticos de tratamiento, que han convertido a los bronceadores en auténticos productos de belleza y en el tratamiento más importante del verano.
La cosmética del color ha creado toda una serie de productos especiales para los días de sol y agua: lápices de labios con filtros solares de alta protección; polvos, delineador de ojos, sombras de ojos, mascarillas de pestañas resistentes al agua, y coloretes especiales para rostros bronceados.
Se puede activar la melanina, que es nuestra pantalla protectora natural, para que experimente una fuerte subida al exponer la piel a sol y evite las primeras rojeces o quemaduras. Para eso están los prebronceadores, que es conveniente empezar a aplicar en lugar de la leche hidratante, quince días antes de comenzar las vacaciones.
Los alimentos ricos en caroteno como la zanahoria y el tomate fabrican vitamina A que facilita la producción de melanina. Los alimentos ricos en vitamina E y B como el pescado y las legumbres, evitan la deshidratación y la descamación de la piel y ayudan a fijar y prolongar el bronceado.
Los tres primeros días de exposición al sol son los verdaderamente importantes. En el primer día es en el que se producen la mayor parte de las quemaduras que muchas veces duran todo el verano. Hay que tomar el sol en sesiones de cinco minutos, que se extenderán a diez minutos el segundo día. El tercer día la piel entra en crisis. Es el momento en que la melanina estimulada durante los dos días anteriores, consigue alcanzar la epidermis pero aún no la protege.
Después de tomar el sol resulta indispensable reparar la piel agredida por los rayos nocivos del sol. Todos los bálsamos, cremas, leches y geles para después del sol contienen elementos calmantes, antiinflamatorios, hidratantes, suavizantes y regeneradores del epitelio, con lo que además de reparar e hidratar la piel, evitan o mitigan la sensación de dolor, tirantez y ardor.
En las zonas más sensibles, (labios, nariz, hombros) es conveniente usar siempre un bronceador de alto incide de protección, el mismo que se ha utilizado los dos primeros días para todo el cuerpo.
También es necesario cubrir las cicatrices y las manchas de la piel con una protección especial. Los puntos con más pigmentación de la cara o el cuerpo se oscurecen y agrandan aún más con el sol y las cicatrices adquieren un antiestético tono pardo. Para estas zonas concretas existen productos de alta protección.

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