Rosa ya tiene padrino
Publicado 1999/08/16 23:00:00
- Yessika Valdés
Rosa Zúñiga es afortunada. Allá, en El Zapallal, donde vive con su esposo Omar y los tres hijos de ambos las niñas Claribel (5años) y Claret (3) y el pequeño Eric de tan solo un añito, llegó la bondad de Dios, reflejada en la acción benéfica de la Fundación Pro Niños del Darién que ha beneficiado a 6,000 niños y niñas de esta agreste provincia, que clama por ayuda.
Rosa encontró un padrino. O, digámoslo correctamente. Un padrino la encontró a ella. Jaime Howell ya tenía cinco ahijados en la ciudad. Quería una ahijada. "Cuando me enviaron la foto me sentí muy contento y sentí que estaba haciendo algo que vale la pena", dijo entusiasmado, mientras contempla a la joven madre, una mujer menudita, de larga cabellera, hermosos ojos color canela y una sonrisa que no se aparta de su delicado rostro ya ajado por la maternidad prematura y el calcinante sol del Darién. Rosa tuvo su primer hija a los 16 años. Todavía si no fuera por las arrugas que marcan un poco sus ojos, diríase que es una adolescente. No adolesce de ayuda, gracias a Dios, porque levantar una familia con sólo B/.180.00 que es lo que gana Omar es difícil. Más todavía si se tiene en cuenta que la vida en el campo se encarece porque hay que traer muchas cosas de la ciudad y el transporte es caro, máxime si la carretera es mala.
El Zapallal es una comunidad de gente muy pobrecita. No les llega el agua: "hay que dila a buscar por el lado de la carretera en carro o a caballo", dijo el abuelo Venancio.
Omar tiene 25 años. Sólo llegó hasta sexto grado, pero es trabajador, dice la joven madre, orgullosa del esfuerzo que como pareja hacen.
El abuelo, Venancio Delgado Canto, acompañó a Rosa y la ayudó a "ecaharle un ojo" a Claribel en la Misa de Domingo de Ramos, que en Metetí, ofició Monseñor Rómulo Emiliani (allí fue donde la conocimos) y a la que acudió Rosa con su familia, porque tenía una cita con su padrino.
Hace 10 años que Rosa vive en El Zapallal. Su familia vive allí. Son nueve hermanos y hermanas. Ya Don Venancio ha sido bendecido con 9 nietos y 10 biznietos.
El encuentro de ahijada y padrino fue emotivo. Se tomaron fotos. Les invitó a almorzar. Le dio su dirección en la ciudad para que lo visiten. Es más, quedó de venir a buscar a la familia uno de estos días y llevarla allá. Preguntó a la joven madre si la niña ya tenía todos sus útiles escolares. Le faltaba un texto, que él quedó de enviarle a Radio "Voz sin fronteras" para que se lo hagan llegar.
Jaime Howell es capitalino. "Recibí también favores cuando estaba en problemas de familia. Fui a la iglesia en busca de soluciones", dice.
Halló respuestas. Entonces pensó que ahora le tocaba a él pagar con la misma moneda de solidaridad, de amor, y fue así como decidió buscar ahijados. Así mismo han hecho los 3,300 padrinos y madrinas de niños del Darién que se reunirán mañana miércoles en la noche para congratularse de las mejoras que la Fundación Pro Niños del Darién ha logrado en esa inhóspita región donde la mano de Dios y la grandeza de corazón de este grupo de amorosos/as panameños/as se hacen sentir.
EN DARIEN TE NECESITAN
A ti, que nos lees, no importa la edad que tengas, piensa que en Darién te necesita un niño o una niña y que en tus manos puede estar evitar que la desnutrición merme su potencial. Monseñor Emiliani el Domingo de Ramos agradeció con hermosas palabras a quienes son sensibles ante las penurias que nuestros/as hermanos/as darienitas padecen. Manifestó emocionado: "Gracias por creer y querer al Darién" y también optimista exclamó: "Esta provincia y esta comarca se están levantando, serán de aquí a unos 10-20 años una de las provincias más progresistas del país. Ahora seguimos en nuestro calvario de hambre, pobreza, exclusión, inseguridad..." y nos informó cuando inauguró el Hogar de Ancianos de la Asociación Luz y Vida en Darién que los/las niños/as y la gente de edad avanzada deben hallar respuesta en la comunidad para sus necesitades. Este año la Fundación Pro Niños del Darién inauguró 11 nuevos comedores y necesita más padrinos/as.
Con la granja agroecológica, dijo el Vicario del Darién, se enseña a la gente a trabajar mejor la tierra y a producir sin causar daños al ambiente.
"Nuestro ideal es que no exista ningún niño en el Darién con problemas de desnutrición", puntualizó.
Su permanente mensaje de amor a la familia panameña es también una invitación a emular a nuestro Creador y poner en práctica los principios de amar al prójimo como a ti mismo y de hacer el bien sin mirar a quien, porque, es el deber de todo Cristiano y Dios paga con creces las buenas acciones de sus hijos y ¿qué mejor regalo puedes darle a alguien que la esperanza de un futuro promisorio, como lo hacen los padrinos y madrinas de los 6,000 niños y niñas del Darién que han visto cambiar su panorama vital?
GANAR LA BATALLA AL HAMBRE
La historia de Rosa y Jaime Howell nos demuestra que sí, hay escollos en la vida que deben superarse cada día. Grandes, pequeños. Saber seguir adelante a pesar de todo es el gran triunfo cotidiano. Es la batalla ganada las más de las veces en el anonimato y donde no se reciben medallas. De cuando en cuando, quizás una palabra de estímulo, una palmada, tal vez una sonrisa o, cuando menos una admiración silenciosa. Pero, con o sin estímulos, como Rosa, hay que mantener la fe y continuar caminando que entre la arena del desierto se puede vislumbrar cuando menos se le espera un oasis.
Rosa encontró un padrino. O, digámoslo correctamente. Un padrino la encontró a ella. Jaime Howell ya tenía cinco ahijados en la ciudad. Quería una ahijada. "Cuando me enviaron la foto me sentí muy contento y sentí que estaba haciendo algo que vale la pena", dijo entusiasmado, mientras contempla a la joven madre, una mujer menudita, de larga cabellera, hermosos ojos color canela y una sonrisa que no se aparta de su delicado rostro ya ajado por la maternidad prematura y el calcinante sol del Darién. Rosa tuvo su primer hija a los 16 años. Todavía si no fuera por las arrugas que marcan un poco sus ojos, diríase que es una adolescente. No adolesce de ayuda, gracias a Dios, porque levantar una familia con sólo B/.180.00 que es lo que gana Omar es difícil. Más todavía si se tiene en cuenta que la vida en el campo se encarece porque hay que traer muchas cosas de la ciudad y el transporte es caro, máxime si la carretera es mala.
El Zapallal es una comunidad de gente muy pobrecita. No les llega el agua: "hay que dila a buscar por el lado de la carretera en carro o a caballo", dijo el abuelo Venancio.
Omar tiene 25 años. Sólo llegó hasta sexto grado, pero es trabajador, dice la joven madre, orgullosa del esfuerzo que como pareja hacen.
El abuelo, Venancio Delgado Canto, acompañó a Rosa y la ayudó a "ecaharle un ojo" a Claribel en la Misa de Domingo de Ramos, que en Metetí, ofició Monseñor Rómulo Emiliani (allí fue donde la conocimos) y a la que acudió Rosa con su familia, porque tenía una cita con su padrino.
Hace 10 años que Rosa vive en El Zapallal. Su familia vive allí. Son nueve hermanos y hermanas. Ya Don Venancio ha sido bendecido con 9 nietos y 10 biznietos.
El encuentro de ahijada y padrino fue emotivo. Se tomaron fotos. Les invitó a almorzar. Le dio su dirección en la ciudad para que lo visiten. Es más, quedó de venir a buscar a la familia uno de estos días y llevarla allá. Preguntó a la joven madre si la niña ya tenía todos sus útiles escolares. Le faltaba un texto, que él quedó de enviarle a Radio "Voz sin fronteras" para que se lo hagan llegar.
Jaime Howell es capitalino. "Recibí también favores cuando estaba en problemas de familia. Fui a la iglesia en busca de soluciones", dice.
Halló respuestas. Entonces pensó que ahora le tocaba a él pagar con la misma moneda de solidaridad, de amor, y fue así como decidió buscar ahijados. Así mismo han hecho los 3,300 padrinos y madrinas de niños del Darién que se reunirán mañana miércoles en la noche para congratularse de las mejoras que la Fundación Pro Niños del Darién ha logrado en esa inhóspita región donde la mano de Dios y la grandeza de corazón de este grupo de amorosos/as panameños/as se hacen sentir.
EN DARIEN TE NECESITAN
A ti, que nos lees, no importa la edad que tengas, piensa que en Darién te necesita un niño o una niña y que en tus manos puede estar evitar que la desnutrición merme su potencial. Monseñor Emiliani el Domingo de Ramos agradeció con hermosas palabras a quienes son sensibles ante las penurias que nuestros/as hermanos/as darienitas padecen. Manifestó emocionado: "Gracias por creer y querer al Darién" y también optimista exclamó: "Esta provincia y esta comarca se están levantando, serán de aquí a unos 10-20 años una de las provincias más progresistas del país. Ahora seguimos en nuestro calvario de hambre, pobreza, exclusión, inseguridad..." y nos informó cuando inauguró el Hogar de Ancianos de la Asociación Luz y Vida en Darién que los/las niños/as y la gente de edad avanzada deben hallar respuesta en la comunidad para sus necesitades. Este año la Fundación Pro Niños del Darién inauguró 11 nuevos comedores y necesita más padrinos/as.
Con la granja agroecológica, dijo el Vicario del Darién, se enseña a la gente a trabajar mejor la tierra y a producir sin causar daños al ambiente.
"Nuestro ideal es que no exista ningún niño en el Darién con problemas de desnutrición", puntualizó.
Su permanente mensaje de amor a la familia panameña es también una invitación a emular a nuestro Creador y poner en práctica los principios de amar al prójimo como a ti mismo y de hacer el bien sin mirar a quien, porque, es el deber de todo Cristiano y Dios paga con creces las buenas acciones de sus hijos y ¿qué mejor regalo puedes darle a alguien que la esperanza de un futuro promisorio, como lo hacen los padrinos y madrinas de los 6,000 niños y niñas del Darién que han visto cambiar su panorama vital?
GANAR LA BATALLA AL HAMBRE
La historia de Rosa y Jaime Howell nos demuestra que sí, hay escollos en la vida que deben superarse cada día. Grandes, pequeños. Saber seguir adelante a pesar de todo es el gran triunfo cotidiano. Es la batalla ganada las más de las veces en el anonimato y donde no se reciben medallas. De cuando en cuando, quizás una palabra de estímulo, una palmada, tal vez una sonrisa o, cuando menos una admiración silenciosa. Pero, con o sin estímulos, como Rosa, hay que mantener la fe y continuar caminando que entre la arena del desierto se puede vislumbrar cuando menos se le espera un oasis.

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