Crónica de un chiquillo polifacético
Publicado 2003/02/27 00:00:00
- Redacción /
Curiosamente hubo un tiempo en el que tuvo temor de montar poneys de paseo.
A sus 15 años de edad, Fernando Javier Jara ha cumplido algunas metas en disciplinas deportivas tan disímiles como el judo, el baloncesto y, en tiempos más recientes, la hípica; pero todavía tiene por delante otros objetivos como viajar a Estados Unidos para montar y eventualmente convertirse en médico veterinario.
Fernando Jara egresó de la Escuela de Jinetes "Laffit Pincay Jr." el 6 de diciembre del año pasado y se cuenta entre los dos látigos más prometedores de esa generación que apenas cumple tres meses y medio de estar batiéndose, semana a semana, entre el fango y la arena.
Pese a que sus tíos, su bisabuelo y su abuelo, todos de origen chileno, fueron jinetes y tuvieron una relación perenne con el mundo hípico, el actual aprendiz de moda en el Hipódromo Presidente Remón, antes de calzarse las botas tuvo experiencias como baloncetista y judoka.
En su provincia natal, Herrera, fue seleccionado miembro del equipo de judo y durante 3 años fue campeón nacional infantil de esa disciplina. A pesar de su diminuta estatura, sus inquietudes deportivas lo llevaron a jugar baloncesto y también logró hacer la selección provincial en la categoría sub-12 (menores de 12 años).
"Me gustaba jugar fútbol, baloncesto y practicar judo", relató Fernando Jara, al reseñar su niñez en Chitré. En cuanto a la idea de montar caballos de carreras, reveló que "al principio no me llamaba la atención mucho, pero con el tiempo me empezó a gustar".
A los 13 años llegó a la capital, después de haber terminado sus estudios en Chitré, aunque advierte que su papá, el entrenador chileno Jorge Jara, radicado en Panamá desde 1976 "siempre me ha traído al hipódromo". "Mi abuelo fue jinete en Chile, he tenido tíos que fueron jinetes y que hicieron campañas en Chile y Argentina y de allí creo que viene todo", manifestó Jara.
Hasta el pasado domingo - última fecha que se efectuaron carreras en nuestro medio -, Fernando Jara había montado 84 caballos y ganó con 16 de ellos, otros 22 terminaron segundo, 10 terceros, 9 cuartos y 10 quintos lugares.
Como la mayoría de los jinetes novicios en la profesión, Jara aspira a mostrarse en los Estados Unidos, pero también tiene presente un consejo de su padre: "Debo trabajar mucho y seguir estudiando, porque uno nunca sabe cuándo va a terminar esto".
Fernando Javier es consciente de que el peso lo puede traicionar en cualquier momento o, en el peor de los casos, un caída puede determinar su retiro prematuro de la carrera, por lo que piensa recibirse como médico veterinario para asegurar su porvenir.
Sobre un posible viaje a EU dijo que "están esperando a ver qué sale", aunque se están adelantado las gestiones para que pueda iniciar campaña en los hipódromos de Chicago, tan pronto se concrete su llegada.
Estando en Chitré Fernando Jara, nunca se montó sobre un caballo, según recuerda. No fue sino acá en el hipódromo donde aprendió a cuidar caballos, ayudar a la gente, a los mozos de corral que atienden los caballos entrenados por su padre, cuando viajaban a la capital durante los fines de semana o en temporada de vacaciones. Durante su primera experiencia montando un caballo, dijo que no sintió temor; "estaba normal", asegura.
Fernando sostiene que su paso por la escuela de jinetes "fue un tiempo de mucho trabajo, no es nada fácil estar allí; hay que esforzarse".
La profesión de jinete tiene sus riegos y sus responsabilidades. Fernando asegura que nunca ha sentido miedo propiamente dicho, aunque reconoce que "uno siempre tiene temor a caerse, pero si te gusta, vas pa"lante". En cuanto a las responsabilidades también tiene sus ideas claras: "Monto igual a un favorito, que un caballo que en el papel no tiene chance". Para mantener las condiciones hace "pangal" todos los días y ejercita entre siete y ocho caballos.
En 1997 el comentado aprendiz chileno - panameño viajó a la tierra de Neruda y Allende para visitar a su abuelo Hugo Jara, ganador de estadísticas en Chile y Argentina, y la oportunidad fue aprovechada para conocer algo de la hípica chilena y caminar montado sobre un caballo en los establos del Valparaíso Sporting Club, en Viña del Mar, Chile.
Por lo pronto la solidez del apellido Jara en los anales de hípica parece estar garantizada por una generación más, puesto que Fernando Javier luce las cualidades para mantener en vuelo los nombres de su bisabuelo, Manuel; su abuelo, Hugo y su padre Jorge.
Fernando Jara egresó de la Escuela de Jinetes "Laffit Pincay Jr." el 6 de diciembre del año pasado y se cuenta entre los dos látigos más prometedores de esa generación que apenas cumple tres meses y medio de estar batiéndose, semana a semana, entre el fango y la arena.
Pese a que sus tíos, su bisabuelo y su abuelo, todos de origen chileno, fueron jinetes y tuvieron una relación perenne con el mundo hípico, el actual aprendiz de moda en el Hipódromo Presidente Remón, antes de calzarse las botas tuvo experiencias como baloncetista y judoka.
En su provincia natal, Herrera, fue seleccionado miembro del equipo de judo y durante 3 años fue campeón nacional infantil de esa disciplina. A pesar de su diminuta estatura, sus inquietudes deportivas lo llevaron a jugar baloncesto y también logró hacer la selección provincial en la categoría sub-12 (menores de 12 años).
"Me gustaba jugar fútbol, baloncesto y practicar judo", relató Fernando Jara, al reseñar su niñez en Chitré. En cuanto a la idea de montar caballos de carreras, reveló que "al principio no me llamaba la atención mucho, pero con el tiempo me empezó a gustar".
A los 13 años llegó a la capital, después de haber terminado sus estudios en Chitré, aunque advierte que su papá, el entrenador chileno Jorge Jara, radicado en Panamá desde 1976 "siempre me ha traído al hipódromo". "Mi abuelo fue jinete en Chile, he tenido tíos que fueron jinetes y que hicieron campañas en Chile y Argentina y de allí creo que viene todo", manifestó Jara.
Hasta el pasado domingo - última fecha que se efectuaron carreras en nuestro medio -, Fernando Jara había montado 84 caballos y ganó con 16 de ellos, otros 22 terminaron segundo, 10 terceros, 9 cuartos y 10 quintos lugares.
Como la mayoría de los jinetes novicios en la profesión, Jara aspira a mostrarse en los Estados Unidos, pero también tiene presente un consejo de su padre: "Debo trabajar mucho y seguir estudiando, porque uno nunca sabe cuándo va a terminar esto".
Fernando Javier es consciente de que el peso lo puede traicionar en cualquier momento o, en el peor de los casos, un caída puede determinar su retiro prematuro de la carrera, por lo que piensa recibirse como médico veterinario para asegurar su porvenir.
Sobre un posible viaje a EU dijo que "están esperando a ver qué sale", aunque se están adelantado las gestiones para que pueda iniciar campaña en los hipódromos de Chicago, tan pronto se concrete su llegada.
Estando en Chitré Fernando Jara, nunca se montó sobre un caballo, según recuerda. No fue sino acá en el hipódromo donde aprendió a cuidar caballos, ayudar a la gente, a los mozos de corral que atienden los caballos entrenados por su padre, cuando viajaban a la capital durante los fines de semana o en temporada de vacaciones. Durante su primera experiencia montando un caballo, dijo que no sintió temor; "estaba normal", asegura.
Fernando sostiene que su paso por la escuela de jinetes "fue un tiempo de mucho trabajo, no es nada fácil estar allí; hay que esforzarse".
La profesión de jinete tiene sus riegos y sus responsabilidades. Fernando asegura que nunca ha sentido miedo propiamente dicho, aunque reconoce que "uno siempre tiene temor a caerse, pero si te gusta, vas pa"lante". En cuanto a las responsabilidades también tiene sus ideas claras: "Monto igual a un favorito, que un caballo que en el papel no tiene chance". Para mantener las condiciones hace "pangal" todos los días y ejercita entre siete y ocho caballos.
En 1997 el comentado aprendiz chileno - panameño viajó a la tierra de Neruda y Allende para visitar a su abuelo Hugo Jara, ganador de estadísticas en Chile y Argentina, y la oportunidad fue aprovechada para conocer algo de la hípica chilena y caminar montado sobre un caballo en los establos del Valparaíso Sporting Club, en Viña del Mar, Chile.
Por lo pronto la solidez del apellido Jara en los anales de hípica parece estar garantizada por una generación más, puesto que Fernando Javier luce las cualidades para mantener en vuelo los nombres de su bisabuelo, Manuel; su abuelo, Hugo y su padre Jorge.

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