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El racismo y la discriminación, un flagelo social
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Ricardo A.González Chan (opinion@epasa.com) / Escritor y Consultor independienteEl 21 de marzo de cada año celebramos a manera de reflexión el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial; que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) instauró en 1966 para recordarnos la necesidad de combatir y erradicar el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y todas las formas de intolerancia que se llevan a cabo en diferentes partes del mundo.Y es que aunque parece que en Panamá, por su condición de punto de encuentro de culturas y crisol de razas, no confrontamos ese mal; pues también en un porcentaje cada vez creciente la discriminación se viene dando, no solo la de razas; sino otras como las intolerancias sociales, culturales, religiosas y clases sociales.Pero más que una explicación quisiera mejor dar un mensaje de reflexión sobre este tema.He constatado que en las lecturas de noticias en los medios de comunicación social, diariamente, en estos tiempos, en pocas ocasiones encontramos estímulos para elevar la autoestima, el entusiasmo y la alegría.Y probablemente el más común de esos sentimientos amargos, junto a la indignación y la impotencia, sea la vergüenza para mantener viva la esperanza y acrecentar el espíritu de solidaridad.Hay que recurrir a la fuerza de convicción de que los mejores valores de la humanidad terminarán por imponerse al imperio del negocio, el dinero y la guerra.Bochorno es lo que se experimenta al leer noticias como la intolerancia internacional frente al genocidio que ante los ojos del mundo se está cometiendo contra el pueblo Palestino.Avergüenza constatar el fondo racista y discriminación tras los argumentos con los que se pretende justificar esos nuevos crímenes de lesa humanidad.Crímenes que a su vez son utilizados como pretexto por el fanatismo terrorista que asesina de manera sanguinaria a civiles israelitas.Cuando hablan de ocupación, expropiación o desalojo de los territorios que pertenecen al pueblo palestino, no puedo dejar de pensar en las prácticas de despojo, confiscación y usurpación que a lo largo de los últimos quinientos años han sufrido los pueblos de América Latina y Panamá.A pesar de que la lucha contra el racismo y la discriminación constituye uno de los temas más trabajados en el sistema internacional desde la creación de la ONU, este fenómeno sigue insultando la dignidad humana en el nuevo milenio.El racismo, ese problema histórico que tiene profundas raíces en el colonialismo y la esclavización de pueblos enteros continúa activo en el mundo de hoy.El racismo y la discriminación racial constituyen una estrategia que continúa ocasionando violencia contra muchos pueblos dondequiera que nos encontramos, sea en países del tercer mundo o en desarrollados.No obstante y a pesar de las tres Conferencias Mundiales contra el racismo, las décadas internacionales decretadas por la ONU y la aprobación y ratificación de convenciones internacionales dedicadas a ese tema, nos encontramos en este año 2013 ante una realidad histórica vigente y persistente.Realidad que lejos de desaparecer crece y se extiende en distintas regiones del mundo, y latente en Panamá.Pero la constatación de estos hechos no niega la importancia de esos eventos y acuerdos mundiales.El establecimiento del día internacional para la eliminación de la discriminación y el racismo, es motivo de satisfacción porque forma parte de un proceso en el que debemos participar todos los que queremos contribuir a la construcción de un mundo intercultural, en el que prevalezca la aceptación recíproca, el respeto mutuo y la diversidad sea reconocida como un don para la convivencia y la prosperidad de los pueblos.Sin embargo, hay que insistir en la denuncia y preservar en la lucha contra esas vergüenzas para la humanidad.Los pueblos esclavos, los indígenas que, junto a otros pueblos, han sido víctimas principales de la discriminación y el racismo, conocen las causas y sus efectos.El desprecio, el odio racial y la pretensión de una superioridad étnica y cultural son manifestaciones de los complejos coloniales que aún persisten en nuestro país y en el resto de América Latina.Ojalá que, con el esfuerzo y la contribución de muchos y la reflexión de quienes controlan y dirigen los gobiernos y los organismos internacionales, seamos capaces de colocar a nuestras sociedades frente a un espejo de mil colores que refleje, sin temores y sin bochornos, la rica diversidad de quienes poblamos este bello planeta.