Mula de narcotráfico
- REDACCION
Soy Ancizar López. Hice nueve viajes de mula antes de convertirme en lo que soy: arriero de mulas humanas.
No soy narcotraficante, soy exportador de cocaína.
Lucía, una mulita española. Me fascinó desde que la vi. Violé la seguridad del negocio y me encarreté con ella. Pero yo tenía a Virginia, mi esposa. La mujercita por la que había luchado toda la vida, la que me llevaba las cuentas del negocio. No la pensaba perder.
Me volví a cruzar con Lucía, que andaba otra vez de mula, no me puede resistir a sus encantos y nos volvimos a querer. Decidí conservarlas a las dos.
Alentado por Virginia, puse mi propia línea y me fui a vivir con ella a Madrid.
Lucía estaba siempre a la sombra, en la jugada del traqueto.
Un día me cayó la ley. Me encontraron el consumo mínimo. Virginia no estaba en Madrid. Lucía se puso al frente de mi caso y pagó un abogado. Hasta que Virginia llegó, retomó el control de las cosas y me sacó de la cárcel al mes. Retomé los mandos y mi negocio volvió a florecer. Dejé el manejo de las mulitas en manos de Virginia. Yo me encargué de abastecer el mercado de toda España. Me hice un hombre muy rico.
Y cuando estaba pensando muy en serio en retirarme y legalizar mi billete me volvió a caer la Ley.
Un día recibí la noticia de la muerte de Virginia. Comencé a pagar el crimen en mi cabeza, yo la quería. Hasta que me enteré de que la habían matado por una venganza contra mi suegra.
Dejé de sufrir el crimen para comenzar a llorar su muerte y a pagar con el peso de mi mala conciencia el crimen que quise cometer y no cometí.

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